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Machuca
Fotografía: Jesús Machuca

Tras más de cincuenta años de escritura ininterrumpida y seis años de retirada, Philip Roth muere el pasado 22 de mayo en Nueva York, no lejos de su ciudad natal Newark, en Nueva Jersey, que reflejaría en la mayoría de sus novelas.

Como ha venido ocurriendo desde que comencé a leerlo, hace doce o trece años, las informaciones sobre él y también las entrevistas, suelen repetir tópicos y temas manidos, unos exagerados, otros verdaderos, y la mayor parte, carentes del interés de su obra: el escarnio de la comunidad judía de los EEUU, el erotismo crudo, las tensiones de la vida en familia, el machismo del autor (como si fuera el único hombre de letras machista), su defensa de los valores más progresistas, etc. A menudo se olvida o creo que no se menciona lo suficiente que, dentro de la valiosísima narrativa americana de finales del siglo XX, Philip Roth supone un antes y un después. Pasa por muchos temas, sin dejar nunca de lado el “cómo se llega a ser lo que se es nitzscheano”. Roth bucea en la identidad, pero se rinde cuando los hechos no cuadran con las intenciones ni los proyectos vitales. Si pasa treinta páginas hablando de cómo fabricar un guante, quieres que añada otras tantas; si entra en los detalles del combate de boxeo, te gustaría que no cambiara nunca de tema. Si se ríe de su padre, tu también te ríes del suyo y te acercas al tuyo sin dejar la risa a un lado.

Philip Roth, con su obra ya terminada voluntariamente en 2012, tras una fiebre creadora de cuatro novelas publicadas en los últimos cinco años previos a su retirada, tiene una obra que dice cosas distintas a cada uno que se acerque a ella. Su retirada voluntaria de las obligaciones y la carga de la escritura, a punto de cumplir los ochenta, no fue comprendida por gran parte de la comunidad lectora, como si el escritor reconocido contrajera una obligación tácita de escribir hasta el último suspiro. Y, aunque no sea preciso, ni casi posible, leerlo todo, estoy seguro de que con sólo un libro no es suficiente. Lean “La mancha humana”, lean “Pastoral Americana”, lean “Patrimonio” lean “Indignación”. Lean cualquiera de estos libros de los que a continuación se ha procurado extraer unas frases que acerquen a su lectura. Son las palabras de Philip Roth.

  1. El mal de Portnoy

Alexander Portnoy repasa sus obsesiones familiares, religiosas, sexuales, y cualquiera que se cruce por su cabeza, frente a su psicoanalista. Puro humor. Habla su padre.

“¿Sabes eso, Alex? La religión de los cristianos, toda ella está basada en adorar a alguien que en su tiempo era judío declarado. ¿Qué te parece tamaña estupidez? … Van por ahí pregonando la divinidad de Jesucristo, ¡y resulta que Jesucristo era judío! …. Era un judío, como tú y como yo, y llegan ellos y lo convierten en una especie de Dios cuando ya está muerto, y luego –ahí está lo que más loco puede volverte- los muy hijos de puta dan media vuelta y, quienes son los primeros de la lista, cuando la emprenden con las persecuciones? ¡Los judíos! ¡Precisamente los judíos entre quienes nació su amado Jesucristo!”

­El mal de Portnoy. 1969-2007. Seix Barral.

  1. La conjura contra América

Una familia judía de los Estados Unidos, vive con inquietud la victoria en las elecciones presidenciales en 1940 del aviador Lindberg,  simpatizante de la Alemania nacional socialista. Se trata de una incursión de PR en la historia alternativa distópica.

“Como siempre sucedía con tía Evelyn, su entusiasmo tenía algo muy atractivo, aunque en el contexto de la confusión que reinaba en mi casa no podía obviar lo que también tenía de diabólico. Jamás en mi vida había juzgado tan duramente a un adulto, ni a mis padres, ni siquiera a Alvin o al tío Monty, como tampoco había comprendido hasta entonces la manera en que la vanidad desvergonzada de los necios sin remedio puede determinar totalmente el destino de los demás.”

Del cap. 6. Su país. La conjura contra América. 2004-2005, Mondadori.

  1. El teatro de Sabbath

Mickey Sabbath, cercano a la jubilación, tras la muerte de Drenka, su amante poliamorosa,   repasa su vida repleta de avatares amorosos. Habla Drenka:

“Aquel año, al terminar la escuela secundaria, cuando trabajaba en Zagreb, me encantaba follar. Tener el coño lleno de esperma, de leche, era una sensación deliciosa, magnífica, tal vez incluso poderosa. Fuera quien fuese el chico, al día siguiente ibas al trabajo sabiendo que te habían follado bien y estabas  toda mojada, tenías las bragas empapadas e ibas de un lado a otro mojada…cómo me gustaba eso.”

El teatro de Sabbath.  1995-2007, Mondadori.

  1. Patrimonio

Philip Roth cuenta los dos últimos años de la  vida con su padre diagnosticado de un tumor cerebral.

“Por la mañana me di cuenta de que se refería a este libro, que, como corresponde a la falta de decoro propia de mi profesión, estuve esccribiendo durante toda su enfermedad y su agonía. El sueño me decía que –ya que no en mis libros, ni en mi vida-, al menos en mis sueños yo seguiría siendo para siempre el hijo niño de mi padre, con la conciencia de un hijo niño, y que él seguiría vivo no sólo como padre mío, sino como padre, en permanente juicio de todas mis acciones.”

Patrimonio. Una historia verdadera. 1991-2007. Seix Barral-Mondadori.

  1. mi vida como hombre

Un novelista, Peter Tarnopool, elige afrontar su compromiso “como hombre” que le impedirá seguir escribiendo, consciente del desasosiego que le produce la diferencia entre las personas que le acompañan en su vida y los personajes conocidos en la literatura. Habla su padre.

“-Hijo, escúchame. Eres universitario. Tienes un diploma  de honor. Tuviste una beca durante los cuatro años. Has cumplido con el estado en el ejército. Has viajado por Europa. Tienes el mundo entero ante ti, y es todo tuyo. Puedes tener lo que quieras, cualquier cosa… ¿Por qué te conformas con esto? Peter, ¿me oyes?

-Peppy-preguntó mi madre-. ¿La… quieres?

-Por supuesto que la quiero.”

Mi vida como hombre. Mondadori. 1970-2007.

  1. Indignación

En los años de la Guerra de Corea, Marcus Messner, primer miembro de una familia judía en acceder a la universidad, será víctima de los temores de su padre ante los peligros que la vida pueda depararle. Habla el decano.

– … En toda mi experiencia en Winesburg, nunca me he encontrado con un alumno que estuviera en contra de esos requisitos, aduciendo que infringen sus derechos o son comparables a trabajar en las minas de sal. Lo que me preocupa es lo mal que encaja usted en la comunidad de Winesburg. A mi modo de ver, es algo de lo que debemos ocuparnos enseguida y cortarlo de raíz.

Me van a expulsar, pensé. Me van a enviar a casa para que me llamen a filas y me maten.

Indignación. Mondadori. 2009.

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Nota sobre los traductores al castellano: la mayor parte de su obra, sobre todo en los últimos veinticinco años, donde también se ha editado casi toda la obra anteriormente publicada en Inglés, ha sido traducida por Ramón Buenaventura y Jordi Fibla.

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