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Y vallejo portada
Fotografía: Jesús Massó

Tan reprobable como un médico fumando mientras pasa consulta, tan criticable como mezclar vidrios y papel en la basura, tan obsoleto como contar en pesetas, nos resulta ahora pensar en una calle como San Francisco abierta al tráfico, o una plaza como la de la Catedral convertida en aparcamiento, o una calle como Ancha con motos circulando a toda velocidad. Es lo que tiene la memoria, que de tan frágil se escandaliza con solo mirarla. Porque hubo un tiempo en el que el autobús urbano atravesaba la calle Pelota, aunque ahora eso nos parezca una auténtica barbaridad.

Las sociedades avanzan rompiendo límites, a veces sin obstáculos y a veces salvando enormes distancias. Pero el camino, -nunca mejor dicho- se demuestra andando. Y andando hemos demostrado, esta Navidad, que no es tan complicada la peatonalización del casco antiguo y que tampoco es tan difícil concienciar a la ciudadanía de que una ciudad que anda, es una ciudad que avanza.

Claro que nunca llueve a gusto de todos. La medida no ha sido bien recibida por algunos colectivos de la ciudad, esos que aún se creen que el progreso viaja sobre ruedas y que la calidad de vida se mide en litros de gasolina. Pero incluso estas protestas, la polémica que ha suscitado la parada de taxis de El Palillero o el ajuste de horarios para el reparto por las calles del centro, son pasos que se van dando en la misma dirección. Porque es bueno que se discutan y se debatan las medidas que se van a adoptar en la ciudad. Es bueno escuchar todas las voces, y si efectivamente, la opinión de los afectados puede servir para mejorar el proyecto, bienvenida sea.

La campaña de peatonalización nace con luces y con sombras. Pero ha iniciado un camino imparable, un camino que, en palabras del alcalde, se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios de esta ciudad, “confirmar que el casco antiguo va a ser peatonal y peatonalizados con todas las mejoras de movilidad, de sostenibilidad, y de vivir la ciudad para nuestras vecinas y vecinos”. Pues muy bien. Comencemos.

La población del casco antiguo es una población envejecida a unos niveles preocupantes. Vecinos y vecinas que necesitan, no ya conducir, sino que los “conduzcan” hasta sus domicilios; la mayoría no son propietarios de garajes, ni siquiera de vehículos, y la mayoría de las veces dependen de familiares que los recogen y los devuelven a sus domicilios, y que no tienen acceso a las calles peatonales por no ser residentes. No todos estos vecinos y vecinas tienen capacidad económica como para pedir un taxi cada vez que tienen que salir de casa, y ese es uno de los puntos más oscuros del plan de peatonalización. Mucho más que el desavío de la hostelería con las horas de carga y descarga y mucho más que el comercio con el horario de reparto.

Porque si nos interesan las personas, interesémonos por ellas. Soy defensora –no conversa, sino defensora vieja- de peatonalizar el centro de Cádiz, por muchos motivos. El principal, por recuperar la ciudad para las gentes, para el paseo, para la vida. Me parece perfecto que se limite el tráfico y que se hagan bolsas de aparcamiento en la periferia del casco para facilitar el acceso al negocio y al ocio. Pero vivo en el centro.

Y no tengo coche, ni tampoco aparcamiento. Y trabajo. Y solo me pueden traer la compra en un horario en el que no estoy, porque el reparto es por la mañana. Y tengo vecinos y vecinas con muchos años y pocos recursos, cuya reducida movilidad se ha visto aún más reducida con estas medidas.

Así que pensemos en todo. Las sociedades avanzan rompiendo límites, pero siempre pasito a pasito.

 

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