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Por amor al olvido. Por la incomprensión. Por el ruido y la furia. Por la injustificada forma de miseria y por el abandono. Sin verbos. Hay islas en las que sólo viven las gaviotas. En Cádiz ocurre igual. Sólo viven los gaditanos. Y a duras penas, que es una jodienda. Esta naturaleza a todas luces insana es realmente el carnaval que todos admiráis y al que viajáis como hiciera Darwin y al modo del mismo. Por lo insostenible. Por la hipoteca o el alquiler. Por todo esto. Y porque reír nos lleva a la infancia. Aquí todos somos infantes con muelas que necesitan endodoncia y la entrepierna un polvo a tiempo. Las instituciones nos engañaron en el mismo momento de nacer. Sin un besito siquiera, el amor decían que nos hacían. Y da igual si creemos en el cambio o no. Verán. Ayer, pregón de la Feria del Libro. Así con mayúsculas. No recuerdo cuántas van. Todos, igual que antes, estaban para la foto. Las instituciones nos engañan. Con foto o sin ella, pero fotos se hicieron, para el engaño. «Los libros… Patatín patatán». Al micro. Nos suda el bajo vientre los libros, sus ferias con todos sus feriantes. Queremos un puerto, ya puestos, que dé trabajo y no jartibles y autobuses para jartibles. Un puerto con tráfico y comercio, que deja pasta, que da trabajo, que arranca de donde la piedra ostionera la tela de araña de la industria que reclama quienes tuvieron siglos ha y no se ven en los días que. Así que un puerto, permítanme que insista. Que no sea pa mamones que se dan el lujo de viajar como lo hacen los pobres. Eso queremos. Grandes Esperanzas. Y queremos, ya digo, ahora que no me oye nadie, buscarnos la vía vendiendo boquerones en La Viña sin que venga ningún hijo del cuerpo a librarnos del mal de dar de comer a nuestros chiquillos después del dolor de costillas de estar doblaos como morenas en adobo. Que mira que hay quien se lo lleva crudo por la parte del Caribe que baña Panamá. Así que por amor al olvido. Por un ponme una servesita me cago en to que esto no hay quien lo aguante. Por un ponle a éste otra, que ya te la pago yo, cuando me llegue la ayuda, claro. Por cien años de soledad o más. Porque la realidad es que no le vemos la coló, na más que el hartazgo de chupar las uvas de la ira. Hay un carrí… ay de Sanluca y al Puerto. Porque la realidad es a lo peor que vemos aquello de un quítame a estos pa poner a los míos, el carrí que vemos. Sí. Lo vemos o lo intuimos, que somos gaviotas abandonadas en una isla; un dodó, menos tonto, más mosqueao a veces, es lo que somos. Bienaventurados sean quienes arriben a playa en la barbacoa. Una cuestión populá. ¿Qué es más popular que la desesperanza? Pues por eso también lo hacemos. Porque nos la suda fría quién le pone fuego al carbono cuando el trofeo si después queda bien limpita la playa, na más. De algo tendrán que viví los columnistas rancios del Diario, ¿verdad, Fernando? Queremos curro. A un dios desconocido rezamos, queremos, uno que dé currele y no le gusten los paseos por la carrera ofisiá. Por los que se marcharon, marchan, a comer Frankfurt y a malvivir donde el frío y le Merkel, trabajo más torsío, válgame el señó, compañera, y por los mismos menos de mil euritos de aquí abajo, en el sur del Sur, en la grotesca quimera en la que ser felices significa renunciar, como a las mismísimas puertas del paseo más chungo de Dante, un particulá. Eso sí. No hay párrafos. Curro queremos, más que una primitiva, o casi. Y por eso lo hacemos. También. Destinatario, San Juan de Dios Square. Por amor al olvido de los tiempos que no conocimos. A la recherche… mira, hay quien, siendo gaditanito de a pie, el Cádiz C.F. y el Nazareno nos importa un colín o un cojón. Fitetú. Y por eso, también lo hacemos. Lo hacemos por no llorá o por aprendernos de memoria y sin salesiano guarrón de por medio la canción del pirata, las mil y una noches de. Una Hortensia Romero queremos. Y por eso también lo hacemos. Lo hacemos porque no hacíamos barcos y porque cuando lo hacemos los hacemos low cost de puertitas de casa paentro, precariamente subcontrataos, mano de obra ciega y sorda y agradecida, faltaría más, a quienes se mueven lo justo cuando empieza la campaña que dicen electoral, que ni es campaña ni se elige más a quien ponemos pa mangar. Por un puñado de boquerones, ocurrió en La Viña, qué penita y que doló, que cantaba San José el Camarón. En fin. Por un montón de cosas lo hacemos. Y porque queremos, qué cojones. Porque esto es Cadi, y aquí hay que… padecé, y no otra cosa. Por eso lo hacemos.

Fotografía: Jesús Massó

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