Tiempo de lectura ⏰ 4 minutitos de ná

11

Fotografía: Jesús Massó

La nave espacial quedó suspendida justo cuando el pregonero, exhalando con profundidad, cerraba sus puños en un último gesto de empuje hacia las escaleras que ascendían con una verticalidad mayor de la deseable.

Un haz de luz se derramó sobre el escenario, sobre el mismo pregonero que, nada más hacer su aparición en el monumental tablado, al instante, desapareció.

En su lugar, un ser de otro mundo, y ajeno en parte a los motivos por los cuales la plaza de San Antonio se hallaba totalmente abarrotada, se disponía a anunciar la primera toma de contacto entre seres de galaxias diferentes.

Nadie sospechó de aquella intromisión, nadie averiguó entonces que aquel ser, con toda probabilidad, lo último que deseaba era suplantar al pregonero de una fiesta local, por más que estuviese declarada de interés turístico internacional.

Si había aterrizado en aquellas coordenadas espacio-temporales se debía a un fallo de interpretación de su sistema de orientación, confundido por aquellos exornos, luces y banderolas que semejaban, punto por punto, una pista de aterrizaje allende de nuestra galaxia.

El nuevo ser, además de usurpador, también se mostraba con cierto esplendor lumínico acentuado por la transparencia de su piel, que permitía entrever la energía que transitaba por su cuerpo, como aquellas arterias que resplandecían azules en su interior o aquellos diminutos puntos de luz diseminados y que de vez en cuando se agrandaban y se fundían, haciéndolo aún más resplandeciente.

-¡Me gusta el tipo que lleva!-decían algunas voces al contemplarlo. Y porfiaban sobre el nombre de la costurera, las horas nocturnas de taller acometidas para llevar a término tan feliz vestido.

El individuo, en realidad desnudo, y una vez que midió el número de microestados compatibles con el macroestado de equilibrio, comenzó a comunicarse por ondas neurotransmisoras que producían un gran bienestar.

El público, sintiéndose a gusto, sin sapiencia alguna de ondas, y dado que el sujeto no mostraba signos de alocución, pensó que unas palmitas de tango le darían el arrojo y disposición necesaria para que acometiese la tarea encomendada.

El ser, que había viajado millones de años luz para complacernos, interpretó correctamente, esta vez sí, el compás de bienvenida y aumentó con generosidad la dosis de serotoninas y endorfinas, que ahora, por gracia interestelar, comenzaban a fluir a raudales, vertidas hacia la plaza con una fuerza inusitada, como un proyector de felicidad.

La mayoría, sin duda afectada por aquel raudal, suponía que el placer que sentían procedía de la misma materia del pregón, del discurso bien hilado y del piropo a la ciudad que, aunque inaudible, con toda probabilidad estaba sujeto por la métrica del romance, acompasado por los verbos más cabales, pero, sobre todo, espoleado por el latido profundo del que se siente gaditano por encima de todo.

¿De dónde si no aquel arrobo, aquel sereno estar tan a gustito?

-¡Amoaescuchá!- se despuntaba de vez en cuando sobre el ronroneo.

En verdad nada se oía, pues aquel ser no emitía sonido alguno, al menos perceptible para el oído humano. Solamente vibraba y hacía vibrar. Era un manantial gozoso procedente de otra galaxia.

Una vez que el ser tuvo a bien despedirse y mientras el público derramaba lágrimas de júbilo, un haz de luz lo ascendió nuevamente a su nave. Ésta, que era orgánica  y debía mudar su exoesqueleto para poder retornar a su galaxia, comenzó a temblar con unos vaivenes acelerados y rítimicos que iban in crescendo, como si estuviese en éxtasis, lo que fue rápidamente correspondido por el público con un oé-oé-oé-oé abrazado, multitudinario y feliz.

En su lugar quedó una coraza que semejaba a la de un cangrejo gigantesco y cuyas agarraderas cubrían las ocho entradas de la plaza.

-¡Carpazo de Carnaval!

La nueva nave emergió como una burbuja silenciosa y comenzó a proyectar sobre su antiguo esqueleto escenas de la formación de nuestro planeta que incluían algunas imágenes reconocibles como el Cañón del Colorado, el Valle de Mesopotamia o las fuentes del Ganges.

-¡…iraaa…, están poniendo los forillos del Falla!

Y luego, simultáneamente, en distintos puntos de la coraza, se mostraban civilizaciones diversas a lo largo de la Humanidad. Nos habían estado estudiando desde el principio aunque muchos lo tomaran como un repaso a los mejores tipos del Concurso.

-¡Los Maharajas! ¡Y ése fue el año de los corsarios!

-Y aquel es Tino con «Volver a empezar»

Así, a medida que las civilizaciones humanas transcurrían el público procuraba adivinar su correspondencia carnavalera.

-¡Pedazo de Powerpoint!

Por último, la nave utilizando una grafía que semejaba la utilizada en diversas cuevas prehistóricas, mostró un mensaje que hablaba de la importancia de la evolución humana, de la cantidad de tiempo y esfuerzo necesario para crear unas simples pestañas que protejan los ojos, cuanto más unas extremidades, un aparato digestivo, un cerebro… Nos animaba a seguir intentando la evolución consciente y pacífica, y nos invitaba a un futuro encuentro, quizás en otra galaxia.

-¡Seguro que eso son libretos antiguos…!

En su despedida, absorbió una gran cantidad de oxígeno que hizo que la multitud se contrayese y que, por unos leves instantes, pudiera sentir como si una fuerza superior la alzara y empujara más alla.

La plaza quedó en un prolongado silencio hasta que, poco a poco, algunas voces fueron despertando.

-¡Pregonazo!

-¡Javier Ruibal lo ha bordao una vez más!

Y más allá:

-Pero entonces la carpa, este año ¿se queda en San Antonio?

-¿Qué hacemos? ¿Tiramos pa la Viña?

Rate this post
Banner horizontal

Banner pedropablo pre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *