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D iguna
Imagen: Pedripol

En el invierno de 1906, la revista británica Punch publicó una viñeta humorística sobre el futuro de la tecnología. Bajo el título, «Pronósticos para 1907», una caricatura en blanco y negro mostraba a una típica pareja burguesa de la época sentada en un parque londinense. El hombre y la mujer están separados el uno del otro con antenas que sobresalen de sus sombreros. En sus piernas hay pequeñas cajas negras, escupiendo cintas de teletipo. Una leyenda dice: «Estas dos personas no se están comunicando entre sí. La mujer recibe un mensaje de amor y el caballero, resultados de las carreras».

El dibujante se decantaba por el humor; hoy la imagen parece profética. Un siglo después de su publicación, Steve Jobs dio a conocer el primer iPhone. Hoy, gracias a él, podemos sentarnos en los parques y no solo recibir mensajes de amor y resultados de carreras, sino que podemos conocer todo el saber del mundo con un solo dedo, escuchamos buena parte de las canciones grabadas en todo el mundo y nos comunicamos instantáneamente con todas las personas que conocemos.

Más de dos mil millones de personas tienen ahora esa magia al alcance de la mano que está cambiando la forma en la que hacemos innumerables cosas, desde tomar fotos hasta pedir un taxi. Sin embargo, los móviles también nos han cambiado, han transformado nuestra naturaleza de manera elemental, han modificado la forma en que pensamos e interactuamos.

La evidencia de este cambio se concreta en un creciente cuerpo de investigación de psiquiatras, neurocientíficos, especialistas en marketing y expertos en salud pública. Lo que muestran estos estudios es que los móviles están causando un daño real a nuestras mentes y a nuestra forma de relacionarnos, se está reduciendo la capacidad media de atención, la capacidad intelectual y las horas dedicadas a las relaciones directas con familiares y amigos. En los niños están creciendo de forma alarmante los casos de TDAH (en los Estados Unidos, un 43% en los últimos diez años) y los suicidios de adolescentes (que se han multiplicado por dos en ese mismo periodo de tiempo). En España los últimos estudios corroboran estos datos: en la última década han aumentado de forma alarmante los casos de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)*

En ninguna parte es más evidente la creciente conciencia del problema con los teléfonos inteligentes que en los centros californianos donde fueron creados. El año pasado, antiguos empleados de Google, Apple y Facebook, incluidos antiguos altos ejecutivos, comenzaron a dar la voz de alarma sobre los teléfonos inteligentes y las redes sociales, advirtiendo especialmente sobre sus efectos en los niños. Chris Marcellino, que ayudó a desarrollar las notificaciones automáticas del iPhone en Apple, dijo a The Guardian el otoño pasado que los teléfonos inteligentes enganchan a las personas del mismo modo que los juegos de azar y las drogas. Sean Parker, ex presidente de Facebook, admitió recientemente que la red social fue diseñada para enganchar a los usuarios: «Se está explotando una vulnerabilidad en la psicología humana», dijo. «[Los creadores] sabíamos esto, conscientemente, pero lo hicimos de todos modos».

Ninguno de los denunciantes ha sido más ruidoso que Tristan Harris, un ex gerente de Google, que ha pasado los últimos años de su vida diciéndole a la gente que use menos las tecnologías que él ayudó a crear, a través de una organización sin fines de lucro llamada Time Well Spent, que busca concienciar a los consumidores sobre los peligros de esta nuevas tecnologías.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se reunió con Harris en la Cumbre Global Progress en Montreal. Este diciembre, el gobierno francés ha decidido que, a partir del próximo septiembre, todos los teléfonos móviles estarán prohibidos en las escuelas francesas, incluso entre clases y durante las pausas para el almuerzo. «Debemos encontrar una manera de proteger a los alumnos de la pérdida de concentración a través de pantallas y teléfonos», dijo el ministro de educación, Jean-Michel Blanquer.

Es importante que tengamos en cuenta que, a diferencia de los televisores y los ordenadores de escritorio, que por lo general están relegados a un cuarto en casa, los teléfonos inteligentes nos acompañan a todos lados. Y nos conocen. Lo que aparece en el suministro de noticias de nuestro iPhone y sus aplicaciones de redes sociales se seleccionan mediante algoritmos para llamar nuestra atención. Los teléfonos inteligentes están «usando literalmente el poder de computadoras de miles de millones de dólares para descubrir qué ofrecerte», dijo Harris. Por eso no puedes apartar la mirada.

Para garantizar que nuestros ojos permanezcan firmemente pegados a la pantalla, nuestros teléfonos inteligentes y los mundos digitales a los que nos conectan se han convertido en pequeños virtuosos de la persuasión, engatusándonos para que los revisemos una y otra vez, y durante más tiempo de lo que pensamos. Los usuarios promedio miran sus teléfonos unas 150 veces al día, según algunas estimaciones, y casi el doble de lo que creen que hacen, según un estudio de 2015 de psicólogos británicos. Los usuarios de América del Norte pasan entre tres y cinco horas al día mirando sus teléfonos. Como señala el profesor de marketing de la Universidad de Nueva York, Adam Alter, eso significa que a lo largo de una vida media, la mayoría de nosotros pasaremos unos siete años inmersos en nuestros móviles. En España, un estudio de 2016 afirmaba que el 42% de los usuarios españoles no pasa más de 60 minutos sin consultar mensajes de Whatsapp, y corrobora los resultados británicos, ya que cada usuario español consulta su móvil un promedio de 150 veces al día.**

Los teléfonos inteligentes explotan algunas debilidades mentales que pueden resultar obvias, aunque otras, no tanto. Por ejemplo, los principios de «recompensas variables» y del condicionamiento operante. Descubiertos por el psicólogo Burrhus Frederic Skinner en una serie de experimentos con ratas y palomas, predicen que es más probable que las criaturas busquen una recompensa si no están seguros de la frecuencia con que se repartirán: en sus experimentos, las palomas, por ejemplo, picoteaban un botón para obtener comida con más frecuencia si la comida se distribuía de manera irregular en vez de a intervalos fijos. Skinner consideró que este es el mecanismo básico del juego y su capacidad de «engancharnos». Es evidente que Facebook*** (sobre todo) y otras redes sociales hacen un uso sistemático de este modelo para hacerlas más adictivas.

Y esta dependencia también afecta a nuestra capacidad de concentración. En 2015, Microsoft Canadá publicó un informe que indicaba que el lapso promedio de atención humana se había reducido de 12 a 8 segundos entre 2000 y 2013. Estamos hablando de una reducción mayor del 33% ¡en 13 años! Si estos datos son reales es para preocuparse. Sin embargo, John Ratey, profesor asociado de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard y experto en trastorno por déficit de atención, dijo que el problema en realidad está empeorando. «No estamos desarrollando las habilidades de atención de nuestro cerebro tanto como solíamos hacerlo», dijo. De hecho, Ratey ha señalado una clara similitud entre sus pacientes TDAH y lo que está ocurriendo a los usuarios de los teléfonos móviles: los síntomas son «absolutamente iguales», dijo.

La distracción continua que generan los móviles también tiene consecuencias en nuestra capacidad intelectual. En un estudio de 2014, se descubrió que los trabajadores de una empresa británica que realizaba múltiples tareas en medios electrónicos perdieron la misma cantidad de cociente intelectual que las personas que habían fumado cannabis o habían perdido la noche de sueño.

Y, curiosamente, esto afecta incluso a las personas que son disciplinados con el uso de su teléfono inteligente. Eso es lo que descubrieron Adrian Ward y sus colegas en la escuela de negocios de la Universidad de Texas en un experimento el año pasado. Hicieron que tres grupos de personas realizaran una prueba que requería su plena concentración. Un grupo tenía sus teléfonos boca abajo sobre la mesa, otro los tenía en sus bolsos o bolsillos y el último grupo los dejó en otra habitación. A ninguno de los estudiantes se le permitió mirar sus dispositivos durante la prueba. Pero aún así, cuanto más cerca estaban los teléfonos, peor funcionaban los grupos. Esto es, la mera presencia de un teléfono inteligente reduce la capacidad cognitiva disponible y deteriora el funcionamiento cognitivo, a pesar de que las personas crean que están poniendo toda su atención en la tarea que realizan. “Su mente no está pensando en su teléfono, pero ese proceso, el proceso de exigir que no piense en algo, utiliza algunos de sus recursos cognitivos limitados, es una fuga cerebral.» Los experimentos se realizaron sobre un total de 800 personas y los resultados fueron siempre los mismos: no importaba si el teléfono estaba encendido o apagado, o si estaba boca arriba o boca abajo sobre un escritorio. Tener un teléfono inteligente a la vista o de fácil alcance reduce la capacidad de una persona para concentrarse y realizar tareas porque parte de su cerebro está trabajando activamente para no coger o utilizar el teléfono.

A los 10 años de su invención, en ninguna parte el poder alienante de los teléfonos inteligentes es más problemático que en la relación entre padres e hijos. En pocas palabras, los teléfonos inteligentes están haciendo que las madres y los padres presten menos atención a sus hijos y podrían estar causando daños emocionales. Diversos estudios en Canadá y en los Estados Unidos han detectado el cada vez mayor número de mujeres que envían mensajes de texto y navegan con sus teléfonos mientras amamantan, rompiendo el contacto visual con su bebé. Encontrarse con la mirada, dicen diversos analistas, es «un lenguaje silencioso entre el bebé y la madre».

La deriva digital también afecta a las relaciones familiares. El Centro para el Futuro Digital, un grupo de expertos estadounidense, descubrió que entre 2006 y 2011, la cantidad promedio de horas que las familias estadounidenses pasaron juntas al mes disminuyó en casi un tercio, de 26 a alrededor de 18. Según otro estudio, casi en el 75 por ciento de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus hijos. Se considera, con razón , que «esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus padres”, y se les da a entender a los pequeños que los momentos de compartir en familia no son importantes y que no es necesario respetar la presencia del otro.

La tecnología mueve miles de millones de euros por las compañías más poderosas del mundo. Miles de millones de personas usamos esa tecnología que nos hace la vida más cómoda, sí, pero que está resultando tremendamente impactante en nuestra sociedad actual. Estamos aprendiendo que estas nuevas tecnologías no son inofensivas. Es necesario regular su uso ¿o no? porque ¿podemos controlarlo?

A modo de PD: me encantan los sombreros de copa (mejor con antena).

* Véase https://www.comunicae.es/nota/aumentan-en-espana-los-casos-de-ninos-que_1-1188722/

**Véasehttp://www.abc.es/tecnologia/moviles/aplicaciones/abci-cuantas-veces-miramos-espanoles-nuestros-moviles-201607181756_noticia.html

*** Facebook cuenta, desde junio de 2017, con más de 2000 millones de usuarios. https://crearcomunidad.com/2017/06/29/cuantos-usuarios-tiene-facebook-2/

https://www.theglobeandmail.com/technology/your-smartphone-is-making-you-stupid/article37511900/

https://yourot.com/parenting-club/2017/5/24/what-are-we-doing-to-our-children

https://www.architecturendesign.net/satirical-illustrations-show-our-addiction-to-technology/

https://www.comunicae.es/nota/aumentan-en-espana-los-casos-de-ninos-que_1-1188722/

http://www.abc.es/tecnologia/moviles/aplicaciones/abci-cuantas-veces-miramos-espanoles-nuestros-moviles-201607181756_noticia.html

https://entusiasmado.com/telefono-inteligente-te-menos-inteligente/

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14708103

 

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