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Imagen: Disaikner

El pasado año, el Ayuntamiento de Cádiz suprimió las figuras de diosa y ninfas del Carnaval, una versión de reina y damas de las Fiestas Típicas franquistas durante la Transición. Y se lió parda: el Cádiz más rancio y mohoso se molestó muchísimo, alegando que se rompía una tradición. Hay que advertir que aquí cualquier cosa es una tradición, aunque apenas tenga unos pocos años…

Además, las tradiciones crían polvo y polillas, así que las ninfas últimamente ya sólo servían para el cachondeo. El asunto ninfático aquel ya era algo estrambótico, como de otro tiempo. La ninfa era apenas un bello jarrón decorativo, sin un papel vivo.

La mujer en el Carnaval gaditano o bien era ninfa, o bien desempeñaba un papel secundario de costurera o maquilladora. Pero de participar activamente en las agrupaciones, de eso ni hablar.

Las agrupaciones estrictamente masculinas, pese a todo, le cantaban a la mujer. Sí, se cantaba a la mujer, pero las letras las arrinconaban en estereotipos más machistas que una tuna chiíta: que si la suegra pérfida y manipuladora, que si la vecina criticona, que si la prima Carmeluchi, que si la parienta controladora… Cosas que pudieron hacer gracia algunos años atrás, pero que ya no tenían ni pizca.

Aunque tal vez lo peor era cuando esas letras cantaban, casi siempre en tono melodramático, a la mujer gaditana. Entre trinos cursilones y la lírica mantecosa del fino piropo pemaniano, se alababa su belleza, sin más, o se elogiaba el sacrificio de ella quedándose sola en casa, mientras el sufrido carnavalero se iba cada noche a los ensayos. Ya ves.

Así se fue chapoteando, durante años, de tópico en tópico cutremachista, de chascarrillo en chascarrillo rancio, hasta llegar al Carnaval actual.

Y la mujer se ha abierto paso en este complicado mundillo del Carnaval, ha roto moldes y participa activamente en la fiesta: escribe, canta con voz propia y sale en igualdad a la calle. Y además se ha arrimado a la modalidad más irreverente y cáustica del Carnaval gaditano: la chirigota. Claro, que hay quien todavía canta en clave machista, pues el machismo está en la calle y no es privativo del Carnaval, pero cada vez está peor visto.

Sin embargo, donde la mujer ya se ha ganado su sitio es en el carnaval “ilegal”, o sea el callejero, que es más libre y más gamberro que el oficial: más conservador, aferrado a jurados, puntuaciones y cronómetros. Hoy la mujer canta en agrupaciones ilegales, libre, alto y sin ataduras, en una fiesta que es, o debe ser, políticamente incorrecta y nunca benevolente, pues ese es su código genético, y con el humor como efecto conciliador…

Se ha avanzado muchísimo en los últimos años, y cabe pensar que el Carnaval gaditano es ya igualitario. Y si aún no lo es, sin duda lo será. ¡Que estamos en el Siglo XXI, quillo! ¡Que ya es hoy, quilla!

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