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Casi nunca un centro escolar resulta tan sólo un centro escolar. Hace unos días, la Coordinadora de la Escuela Pública de Cádiz puso el grito en el cielo ante la posible desaparición de la segunda aula de primero de la ESO en el IES Columela para el próximo curso. Desde la propia coordinadora exponen que el instituto cuenta con número de solicitudes suficientes para mantener las dos aulas de las que disponen actualmente, “por lo que es incomprensible que la Delegación de Educación las haya reducido a una antes de iniciarse el proceso de escolarización”. Eso sí, el Ayuntamiento de Cádiz y otros colectivos han instado a la Junta de Andalucía a que mantenga las dos líneas actuales de dicho centro educativo porque de lo contrario supondría un golpe más contra la enseñanza pública en la capital gaditana, en una provincia en donde los centros privados y concertados se multiplican por encima de las ratios habituales en otras circunscripciones andaluzas.

El Columela, en distintas ubicaciones desde el convento de San Agustín en la calle San Francisco a su actual ubicación, lleva impartiendo clases desde 1863. Ya en sus orígenes, la capital gaditana se vio postergada a la hora de abrir su instituto, de acuerdo con la llamada Ley Moyano por la que Isabel II exigía la existencia de un instituto en todas las capitales españolas. Sevilla ya contaba con él desde 1846 y Córdoba desde 1851, fecha en la que Jerez también logró el suyo. Se sabe que, en el primer año primer año de funcionamiento del Instituto, se matricularon 398 alumnos, todos varones por supuesto ya que habría que esperar nueve años para la incorporación femenina. Sus primeros estudiantes aprobaron en inmensa mayoría, despertando un cierto descrédito entre el profesorado, al considerársele demasiado benévolo. No fue así siempre: la calidad del claustro y la dureza de su currículo escolar conllevó que gozara de un extraordinario prestigio durante la transición democrática, en una sucesión de directores que incluirá a Julio Monzón, Juan Núñez, Ana Rodríguez Penín o José Pethengui.

Requiem por el columela
Ilustración: Pedripol

Por sus aulas, como estudiantes y a lo largo de la historia, transitaron genios de la talla de Manuel de Falla y Matéu, que afrontó el examen de ingreso el 14 de septiembre de 1888, superándolo con notable. Pero también una sociedad en tránsito que incluía escritores como Jesús Fernández Palacios o José Ramón Ripoll: este último, en 1977, presentó en su salón de actos a Rafael Alberti, en un recital poético que marcó el fin de su exilio. Quizá pocos sepan del calado literario de este viejo centro cuyo actual inmueble lo diseñó, en los años 60, Antonio Sánchez Esteve. Antes de que abriera sus puertas en Puerta Tierra y en 1963, la escritora Julia Uceda impartirá clases en el Columela, antes de que decida viajar a Estados Unidos, donde permaneció exiliada durante largos años. Luego, impartirían clase en sus aulas poetas de la talla de Luis J. Moreno o narradores como José María Conget. Rafael Marín que, en realidad, estudió en los Salesianos ha utilizado al viejo Instituto como exteriores, al menos, de dos de sus novelas: El anillo en el agua y El Niño de Samarcanda.

Yo también estudié en el Columela, como la periodista Carmen Morillo, como el malogrado y querido Carlos Perales, como el historiador Antonio Rodríguez Cabañas o tantos otros que defendieron que el porvenir democrático de este país debiera primar la instrucción pública antes que los intereses privados. Sigue sin ser así. Pero en el viejo Columela al menos aprendimos que no cabe dar por perdida batalla alguna.

Réquiem por el Columela
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