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Resena de el corazon del angel

Comenzar una biografía con la cita de Lou Cypher “Por más que intentes evitar tu imagen en el espejo, ésta te mira siempre directamente a los ojos” es una sugerente declaración de intenciones de lo que podemos encontrar en el interior de sus páginas. Y es que El corazón del ángel, la biografía de Ángel Subiela escrita por Miguel Ángel García Argüez (Libros de la herida 2020), no sólo comparte título con la película de culto de los 80´s a la que referencia. El film de Alan Parker comparte diferentes géneros que van del cine negro- a la más pura tradición de cualquier adaptación de Raymond Chandler-, al thriller, pasando por el terror o lo sobrenatural. Del mismo modo, Argüez es capaz de hilvanar diferentes géneros dentro de una estructura en la que aparecen marcados de manera perfectamente diferenciados. Una primera parte, en la que se recoge la infancia de Ángel y sus primeros pasos en el carnaval, con un estilo narrativo propio de la novela y en la que tono documental tiene un carácter personal e intimista en la que sólo interviene una sola voz, la de su protagonista. Una segunda, en el que se centra en los aspectos carnavalescos de la vida de Subiela y su paso por el concurso, en la que se mezclan el tono cuasi documental de las entrevistas y las visiones corales con las disecciones artísticas de las agrupaciones y del concurso que realiza Argüez. Y, por último, una tercera – a modo de corolario-, que se plasma en una conversación entre el protagonista del libro y su biógrafo. Todas ellas comparten algoen común y es la mano de Argüez de darles un carácter visual, incluso cinematográfico, a cada una de ellas. Así, la imagen del joven Ángel escuchando a los comparsistas en «El Gavilán» tiene tintes fellinianos; el grueso del libro – entrevistas y la manera en la que se trata cada capítulo, con una fórmula reiterativa de proceder- usa un estilo periodístico que recuerda a los documentales biográficos que ofrecen las plataformas digitales de películas y series en streaming , tan en boga hoy en día; o el final conversacional que encajaría perfectamente en algunos de los formatos televisivos actuales.

Esta mezcla de estilos configuran un libro que no ofrece una biografía al uso, sino que se trata de un texto del que se pueden extraer diferentes lecturas. Ésta es una de las grandes virtudes de Argüez. Es capaz de desarrollar un texto con diferentes capas, que oferta un abanico de posibilidades según sea el objetivo con el que el lector se acerque al mismo: ya sea el morbo o las controversias que sugieren la figura de Subiela, la mera afición carnavalesca o, simplemente, la seductora propuesta que supone conocer un trozo de la historia de Cádiz a través del carnaval y de los ojos de uno de sus grandes protagonistas. Además, lo hace sin rehuir los momentos que pudieran entender como polémicos, haciéndolo de una manera sencilla y honesta.

Precisamente, la honestidad es la principal idea que queda y que uno extrae de Subiela al finalizar el libro, una constante que impregna todo su desarrollo, desde la primera a la última página. Así, cuando uno lee “El corazón del ángel” concluye que Ángel es ante todo un hombre tremendamente honesto que defiende lo que dice a capa y espada porque lo cree, aunque esté equivocado. Ese es uno de los grandes atractivos de un personaje que aparece dibujado como un hombre honesto incluso cuando cae en sus propias contradicciones, que no son pocas y que pueden observarse en la páginas de esta obra. Esta dualidad sirve para comprender mejor al comparsista, pero sobre todo lo humaniza, despertándonos cierta empatía y alejando de él parte de esa leyenda de persona polémica y controvertida. El personaje destila esa humanidad de manera más evidente en la manera en la que se enfrenta a los momentos más tensos de su vida. Además, a pesar de lo que pudiera parecer, en los trazos que nos muestra Argüez, que- evidentemente- lo hace desde el respeto y la admiración que le tiene, no se elude ninguna de las características que lo definen. Antes al contrario, nos muestra a la persona en toda su amplitud, con todas su dimensiones, en las que su vehemencia convive con su lealtad, su altanería de barrio con su camaradería y respeto, su desconocimiento con su intuición y creatividad, su cabezonería con su talante, y su ambición con su generosidad. Entre todas ellas la que destaca por encima de todas las demás es su capacidad de liderazgo. Porque si algo tiene Ángel es madera de líder, sólo así se entiende su trascendencia en el mundo de la comparsa y en el carnaval gaditano. Su capacidad para liderar proyectos y su carisma para sobresalir entre sus compañeros son, sin duda, dos de sus principales rasgos definitorios (quizás también junto con su competitividad). Uno tiene la impresión de que ha destacado en el carnaval porque decidió dedicarse a él, pero que esto habría sido así en cualquier otro ámbito que se hubiera propuesto, por ejemplo: si hubiera querido ser de manera decidida futbolista- seguramente sin ser el mejor- habría sido igualmente el capitán y líder del equipo.

Merece subrayar, igualmente, el tono en el que Subiela cuenta los episodios de su vida. Porque no es arriesgado decir que, a estas alturas, Ángel se encuentra de vuelta de todo, ciertamente en calma, lo que le permite mirar hacia atrás de manera sosegada y ponderada. Se hace cargo de los enfrentamientos y rivalidades vividas, así como de las decisiones tomadas en esas ocasiones, pero lo hace de manera conciliadora. El tiempo tiende a suavizar y dulcificar el pasado. Quién quiera encontrar venganza y revancha en “El corazón del ángel” se encontrará en su lugar con un cierto espíritu de redención, de reencontrarse con su pasado asumiendo sus errores….a su manera, ¡claro! Si no fuera así no sería Ángel, y Argüez lo sabe y no lo esconde. De la misma manera que no oculta episodios dolorosos, como la ruptura con lo Carapapas o alguna amistad perdida por las dinámicas del carnaval, especialmente hace referencia a la de “el Mejicano”.

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Pero “El corazón del ángel” tiene un contexto que es lo que otorga notoriedad y celebridad a su personaje y que tiene un tratamiento de elemento protagonista en libro: el carnaval de Cádiz, en concreto su concurso. En este sentido, el libro es un documento histórico por los últimos 40 años del concurso del Falla, ahora llamado COAC, en su modalidad de comparsa. La biografía tiene un componente generacional importante, en la medida en la que las comparsas de Subiela fueron un fenómeno social que trascendió el mundo del carnaval e hizo que un grupo de jóvenes se acercara a la fiesta y viviera sus triunfos y fracasos casi como si fueran propios. De esta forma, volver a leer los aconteceres de esos episodios suponen un ejercicio de nostalgia, diversión y emoción para toda una generación que creció en el carnaval en la medida en la que crecía la propia comparsa. Como nos decía Galeano RECORDAR viene el latín re-cordis, volver a pasar por el corazón, y leer esas páginas son un autentico disfrute que nos reencuentra con nuestra propia vida.

En el ámbito del concurso, el libro analiza desde los aspectos creativos de las obras, al examen de los repertorios más relevantes que se suceden en este tiempo. Y Argüez lo hace de manera colectiva, dando voz a las personas que intervienen en las diferentes fases de creación de una comparsa, con sus entresijos, conflictos y pormenores. Teniendo en consideración que el autor es un letrista consagrado de la modalidad y ha vivido muchas situaciones similares, la manera en la que se cuenta no es inocua. Se deja entrever la posición del Arguez y cómo entiende la creación de esta obra artística, en la que el trabajo del grupo se impone por encima de individualidades, egos o autorías. Igualmente, el autor realiza deliciosos análisis del concurso, de los repertorios de las agrupaciones, que serán del agrado del aficionado. Y lo hace con la luminosidad pedagógica del escritor que es aficionado de la fiesta y que tiene un conocimiento enciclopédico de la historia del concurso del Falla. Su exámenes son sencillamente maravillosos. Eso sí, lo hace con valentía, se moja en sus críticas, ya sean positivas o negativas, no escondiendo sus filias (especialmente su admiración por la obra de Aragón) o señalando otras con juicios que no dejarán indiferentes.

A todo esto, desde el punto de vista de los aspectos más formales, deben subrayarse la cuidada edición de “Libros de la Herida”, una portada que no deja indiferente y que anticipa algún aspecto de las características personales del protagonista, un completo índice onomástico de componentes y autores que será un caramelito para fiebres y curiosos, y, por último, una meticulosa y nada inocente elección de títulos de capítulos.

Todo ello hace de “El corazón del ángel” un libro indispensable para el carnavalero de pro, entretenido para los curiosos y polemistas -que se quedarán con las partes que busquen- y una maravilla para los que sepan apreciar el valor del texto en su conjunto.

Cantaba Juan Carlos Aragón en su Credo que creía “en la vida eterna de los carnavales” y Lou Cypher le decía a Harry Angel que “sólo el alma es inmortal, y la tuya me pertenece”. Y con este libro Argüez, cual Robert de Niro con melena y uñas afiladas, se cobra y nos entrega una parte del alma de Ángel para el disfrute de todos sus lectores. Un trozo eterno de carnaval que desde ya nos pertenecerá para siempre.

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