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Rocio sepulveda

Fotografía: Jesús Massó

Mi vecina Sole tiene 83 años (75 según ella), dice que nació en la misma ciudad, la misma calle y el mismo cochino y marrano pisito (según ella) en el que todavía sigue viviendo. Un primer piso lleno de humedades, con una escalera estrecha e incómoda  y más antiguo que decirle fea a Teófila. Poca cosa tratándose de una céntrica finca de Cádiz.

Hasta aquí todo bien. La historia de Sole podría contarse como la típica tragedia amarillista de ancianita desatendida, desamparada y sin familiares que se hagan cargo. Digo que podría ser, si no fuera porque Sole hace años que decidió  vivir como a ella le diera o diese la reverendísima gana; sin perrito ni mosca cojonera que le ladre (según ella).

No sabía yo que las moscas ladraban, fitetú que cosas.

Sole asienta las bases de su cuerpo sobre un bastón reluciente que más de una vez le ha servido como arma arrojadiza.

–La vida me ha obligado a usar un bastón pero no por la maldita cadera, sino para defenderme de tantísimo gilipollas.

Sole no se corta un pelo; rezuma sabiduría y mala leche por los cuatro costados. Le gusta recoger su pelo plateado en un altísimo moño imposible, que enfosca en laca y horquillas. El moño le va y le viene, como el carácter y como el viento gaditano.

Sole dice que no hay quien me aguante cuando me quiero poner fina y letrada.

Tiene razón.

A lo que iba.

A sus 83 años (75 según ella) Sole dice que la vida la ha vivido coronada con el adjetivo que su propio nombre indica: Soledad. A ella no le tiembla el pulso a la hora de rebuznar bien fuerte que la dejemos todos en paz, que no quiere que nadie esté pendiente de ella porque es un ser independiente y que el que quiera cuidar de algo, que se compre un Nenuco.

No sabía yo que los Nenucos podían tener tan mala leche, fitetú que cosas.

Sole no se preocupa por nadie y nadie se preocupa por Sole. Es una toma-daca emocional. Una elección de vida como otra cualquiera, que ella pregona a los cuatro vientos orgullosa y decidida.

–Novios los tuve de todos los colores pero ninguno me gustaba, en cuanto empezaban a encariñarse demasiado y me veía yo aguantando pedos y lavando calzoncillos, los mandaba al mismísimo caraj…

A Sole le gusta regalarte retales de su vida mientras enlaza un cigarrillo tras otro asomada al balcón, a ella le importa un reverendo mojón (según ella) que tú tengas prisa o que te duela el cuello de mirar hacia arriba desde la calle, porque Sole siempre tiene algo nuevo que decirte y sobre todo que encargarte. Es una especie de Rapunzel con el carácter de un Chihuahua.

–Niña ve a la farmacia y tráeme todo lo que tengo en la tarjeta…y tabaco, tráeme tabaco…¿que lo deje?…¿acaso te digo yo a ti que dejes de ser imbécil?…pues ya está…Marlboro, dos paquetes..y si vas a la Plaza tráeme un cuarto de boquerones… y no, no tengo invitados, no te hagas la graciosa…solo quiero un cuarto porque es para mí y para mi coñ…

Sole tiene la lengua muy larga y la vergüenza muy corta, gusta de hacer sonoros y rotundos cortes de mangas porque dice nosequé historia de que simbolizan la señal de la Santa Cruz. Que digo yo que podría llegar a creérmelo si no fuera porque siempre lo acompaña de una peineta y una palabra mal sonante.

–Yo no me casé porque no quise, no tuve hijos porque no quise…todo el mundo me dice que hay que ver lo solita que me he quedado, como si la soledad fuese algo malo…

¿Que por qué cuento todo esto? Pues porque Sole es una brava que con sus 83 años (75 según ella) vive como ella siempre ha querido, sin dependencia emocional ni física, eligiendo por ella y para ella dónde y cómo quiere vivir.

Bravo por la brava.

No sabía yo que Sole venía de Soledad, fitetú que cosas.

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