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A pinto
Fotograf√≠a: √Āngel Pinto

C√ĀDIZ 2 ‚Äď 0 ZARAGOZA

No s√© si usted ha dedicado alg√ļn rato de su ocupad√≠sima vida a meditar. Y no, no hablo de reflexionar ni de sopesar pros y contras de alg√ļn asunto. Me estoy refiriendo a la meditaci√≥n entendida como b√ļsqueda del equilibrio interior y de la paz espiritual.

Sentarse, cerrar los ojos, respirar. Sin expectativas, aceptando el presente.

Pues así, sin expectativas y aceptando mansamente lo que el destino me deparase, ocupé mi asiento en el estadio Carranza en la noche del lunes, víspera de los idus de mayo (sí, ya sé que los de marzo son más famosos, pero los de mayo también tienen su corazoncito: compruébese en Wikipedia si se duda).

Estaba resignado a otro recital de rigor t√°ctico aburrido y est√©ril. A marrar una ocasi√≥n pintiparada, a mantener la porter√≠a a cero con un poco de suerte. Present√≠a, en fin, un nuevo empate ag√≥nico que a√Īadir al rosario interminable y lo peor de todo es que ni siquiera me importaba demasiado…

Pero qui√°, me equivocaba de medio a medio.

Desde el pitido inicial del err√°tico colegiado Vicandi Garrido, aquello desprend√≠a otro aroma. El primer s√≠ntoma fue que la l√≠nea defensiva gaditana se colocaba arriba, muy arriba, imagino que en parte para alejar del √°rea a Iglesias y Toquero y en parte para facilitar la presi√≥n y el robo en zonas sensibles. Y el plan no pudo salir mejor: en una jugada por banda izquierda iniciada por √Ālex, √Ālvaro deposit√≥ el bal√≥n en el √°rea como el que tira un plato al aire. Barral transform√≥ su pierna derecha en un fusil y coloc√≥ la pelota junto al palo izquierdo de Cristian √Ālvarez. Inapelable.

Con la confianza que otorgan los goles, el C√°diz adquiri√≥ la consistencia y la frescura de una tarrina de helado. Durante casi media hora, y apoyados en la inmensa calidad de Perea, los locales movieron admirablemente el cuero, rondando con peligro el √°rea zaragozana. √Ālex, por su parte, aportaba por igual trabajo y talento. El ex ‚Äď espa√Īolista ha madurado este a√Īo hasta convertirse en un jugador sereno y adulto. Un profesional en el mejor sentido de la palabra, nuestra estrella discreta.

Mientras tanto, los aragoneses no demostraban en absoluto las credenciales que le hab√≠an llevado a completar su magn√≠fica segunda vuelta. Marrulleros en exceso, su f√ļtbol era rampl√≥n y previsible: pelotazos para que sus dos delanteros intentaran doblegar a los centrales gaditanos y poco m√°s. Febas aportaba unas gotas de calidad en la media punta, pero el trabajo de Garrido desconectaba al catal√°n de sus compa√Īeros.

El primer tiempo termin√≥ con un lance sintom√°tico: Iglesias tumb√≥ a Correa de mala manera y el lateral, al iniciarse la segunda parte, tuvo que ser sustituido. En la misma zona del campo y al poco de la reanudaci√≥n, Delm√°s le har√≠a una fea entrada a Alvarito que le costar√≠a su expulsi√≥n. Y es que el juego sucio y la dureza excesiva han sido las se√Īas de identidad zaragozanas en los dos enfrentamientos de esta temporada contra el C√°diz. Tanto ensa√Īamiento solo les ha servido (aparte de para lesionar a Jos√© Mari) para encajar cuatro goles y perder los seis puntos en liza. Nacho Gonz√°lez tiene trabajo por delante si se cruza con los andaluces en el play off.

El caso es que los visitantes se quedaron con un hombre menos (su lateral derecho, para m√°s se√Īas) y en la jugada siguiente Perea y Alvarito castigaron severamente esa tara. El albacete√Īo demostr√≥ su clase con un pase magistral y la rapidez y precisi√≥n del utrerano hicieron el resto: la pelota transit√≥ bajo las piernas de Cristian hasta besar las mallas.

Y de ahí al final, lo consabido. El Zaragoza, demudado, revoloteaba alrededor del área del Cádiz sin demasiado sentido, como golondrinas atolondradas. Los locales, con algunos ajustes en el once (Servando en el lateral, Nico en la banda) aguantaron el resultado sin problemas y los espectadores pudimos vivir, por fin, una noche tranquila y feliz.

No sé si la clave de todo fue la ausencia de expectativas o la coincidencia en el equipo de varios jugadores de calidad. Por si las moscas, sigamos por la misma senda.

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Imagen: Pedripol

No son manada, son escoria. Cinco hombres perpetuadores de la cultura de la violaci√≥n, fagocitando la¬† pornograf√≠a consumida para cometer un acto cruel, aberrante¬† y execrable,¬† mof√°ndose de un mujer de dieciocho a√Īos, despreci√°ndola y oblig√°ndola a someterse a una tortura que grabaron para compartir como un trofeo de caza.

Ellos son cinco, pero hay otros tantos, y una polémica sentencia deja la puerta abierta para que campen a sus anchas por todo el territorio.

Fue agresión sexual, pero dos magistrados no vieron intimidación y aunque la respuesta natural y biológica ante el miedo sea el bloqueo para ellos no fue suficiente.

Nos bombardean constantemente -a nosotras las mujeres- con la importancia de las denuncias (una cada ocho horas en Espa√Īa), pero parecen ignorar que esas denuncias conllevan un proceso de humillaci√≥n, de se√Īalamiento, de incredulidad, de vejaciones verbales con preguntas sobre su comportamiento, de juicios de valor, de tener que demostrar qu√© sucedi√≥, de aprender a olvidar lo ocurrido, recomponerse‚Ķ de volver a vivir. Me pregunto si han sido conscientes del dolor desgarrador de la v√≠ctima y la respuesta es NO, porque para demostrar esa violencia te invitan a acreditarla con un parte de lesiones, a realizar un curso de defensa personal, a llevar un spray de pimienta en el bolso, a forcejear, a tratar de huir aunque acabes brutalmente herida o te arrebaten la¬† vida.

No les ha bastado con la superioridad num√©rica, f√≠sica y en edad; porque eso es prevalimiento. No entienden que para sentirte intimidada s√≥lo una mirada de una de esas bestias nos bastar√≠a a cualquiera de nosotras para someternos. Porque eso es la violencia, ejercer el poder, tener el control y buscar la absoluta sumisi√≥n. Dos de esos magistrados reconocen que la confinaron en un lugar estrecho y la ten√≠an bloqueada, pero condenan a cada uno de los acusados a una pena de nueve a√Īos por abuso sexual. Reconociendo el aprovechamiento de esas fieras desbocadas, existiendo informes de la polic√≠a, del servicio de salud, y del padecimiento de trastorno de estr√©s postraum√°tico, no los condenan por agresi√≥n sexual. ¬ŅQu√© m√°s necesitan?

Se me encoge el alma y se me revuelven las entra√Īas al pensar en su sufrimiento, en su dolor, su humillaci√≥n, su angustia, su impotencia, su desolaci√≥n‚Ķ

Esta sentencia nos est√° avisando de que no salgamos de noche, no nos emborrachemos, no acudamos a fiestas, no volvamos al amanecer, no nos vistamos como queramos, no viajemos solas, no regresemos a casa sin compa√Ī√≠a o sin un taxista vigilando nuestros pasos hasta el portal, que miremos siempre hacia atr√°s y que llevemos en una mano el m√≥vil y en otra las llaves, a no frecuentar seg√ļn que sitios, a soportar el acoso, a dejarnos sobar, a callar, a mirar para otro lado; en definitiva, a tener miedo, a doblegarnos y someternos, porque de eso se trata, el mensaje que lanza es que somos ciudadanas de segunda y estamos subordinadas.

Y si incumplimos todo ese protocolo dise√Īado para las mujeres en nuestra sociedad patriarcal, lo m√°ximo que podr√°s obtener es que la justicia, esa que presume de garantista, te lance un √≥rdago reconociendo lo ocurrido y te regale una sentencia en la que un magistrado considere que unos videos grabados por una de esas cinco bestias , con olor a sudor y alcohol, eyaculando sin usar preservativos, fotografiando el culo de otro de ellos pegado a la cara de una joven de dieciocho a√Īos, era una org√≠a. S√≠, porque mientras dos magistrados oyeron gritos de dolor, el se√Īor Ricardo Gonz√°lez dedujo excitaci√≥n sexual y, para √©l, no fueron gritos de dolor, fueron gemidos de satisfacci√≥n. Personas as√≠ no son aptas para interpretar la ley, de manera tan subjetiva, tan impropia como para que haya miles de personas que est√©n pidiendo su inhabilitaci√≥n. El sistema judicial debe contener una perspectiva de g√©nero que nos proteja cuando nos agreden, nos violan, nos maltratan y nos matan, que transforme la mirada de profesionales de la justicia con visi√≥n patriarcal. No lo digo yo, lo dice el Convenio de Estambul, y deber√≠a decirlo el famoso Pacto de Estado, que a√ļn no est√° desarrollado.

Cuántos miembros de la sociedad son consentidores de esta tremenda violencia, cuántos la aplauden, y cuántos la han naturalizado. Quiero pensar que pocas personas, pero las cifras van en aumento. Porque asistimos atónitos, llenos de rabia y de dolor a la impunidad de foros de machos que no dudan en publicar su identidad; páginas neonazis que vomitan su misoginia ofreciendo datos personales, fotografías, insultándola, tratando de vejarla, vengándose y defendiendo a esa escoria;  justicieros desde las redes pidiendo la absolución de los acusados, y, condenándola mediante comentarios aberrantes y amenazadores; medios audiovisuales que bajan a los infiernos del morbo, y, un abogado mediático, provocando con su bajeza moral,  y campando a sus anchas por las cloacas televisivas.

Seguirá el proceso, con los consabidos recursos, y mientras se vaya alargando en el tiempo, ella continuará sufriendo, siendo juzgada continuamente, porque el sistema parece conminarla a un aislamiento perpetuo, a la pena, a la discreción absoluta, porque sus mentes podridas y alienadas, no pueden comprender que siga con su joven y preciosa vida.

Hermana, te creemos, y reventaremos las calles, y,  haremos temblar los cimientos del sistema hasta que se haga verdaderamente justicia.

 

 

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Loregarron
Imagen: Pedripol

Llevo d√≠as con ganas de vomitar, con l√°grimas en los ojos, un pellizco en el est√≥mago y otro en la garganta. No paro de pensar que cualquiera de nosotras podr√≠amos haber sido ella, que cualquiera de nosotras podr√≠amos haber sentido su p√°nico, su asco y su dolor; que la mayor√≠a de nosotras hemos sido ella en alg√ļn momento de nuestra vida. Apenas he podido leer la sentencia completa porque el cuerpo se me descompone, me entran temblores y me duele el alma.

Mi hermana me escribi√≥ hace unos d√≠as dici√©ndome que ten√≠a miedo, que ahora m√°s que nunca ten√≠a miedo de que le pasara algo. Y a√ļn tiemblo m√°s, porque s√© que el miedo que ella siente, lo sentimos todas.

La sentencia que se ha dictado contra los cinco de la manada es injusta, indignante, repugnante. Ya no por los a√Īos de condena, sino por la falta de respeto con la que se trata a la chica violada. Y s√≠, digo violada porque, aunque eso no es lo que recoge la maldita sentencia, que cinco tipos te acorralen de esa forma y te agredan sexualmente de m√ļltiples formas, es intimidatorio y violento y, por tanto, se llama violaci√≥n. Y ahora m√°s que nunca, no se nos quita de la cabeza que este sistema judicial es machista y patriarcal. Se necesitan pruebas, adem√°s del testimonio. Ah√≠ las tienen. En las propias palabras de los jueces que dictan la sentencia se leen los hechos que ellos dan por probados. Y aunque el an√°lisis que hacen es muy claro, la resoluci√≥n no se ajusta a sus propias palabras y acaban diciendo que es abuso y no agresi√≥n sexual o violaci√≥n.

¬ŅNos toman el pelo? ¬ŅPiensan que somos est√ļpidas? ¬ŅCreen que somos objetos de consumo?. En cualquier caso, lo que han hecho es firmar una declaraci√≥n de guerra. En realidad, ya nos la declararon hace tiempo, hace mucho tiempo, aunque no ten√≠amos las herramientas, la fuerza o la uni√≥n para enfrentarnos a ellos de manera contundente. Pero hasta aqu√≠ llegamos. Si quieren guerra la van a tener y, aunque vamos perdiendo, hoy nos sentimos poderosas. Hoy sentimos que somos una manada de lobas a las que nos han arrebatado a miles de las nuestras.

Hay que mantener el coraz√≥n caliente y la cabeza fr√≠a, porque lo primero que se nos viene a la cabeza ante todo esto es la venganza. Destrozar a esa basura humana. Y personas que no creemos en la pena de muerte, ni en la cadena perpetua, ni siquiera en el sistema carcelario, nos encontramos pensando que lo que se merecen es una paliza o decenas de a√Īos en la c√°rcel, que paguen por lo que han hecho, que obtengan el mismo sufrimiento que han causado.

Más allá de las convicciones, estoy segura de que eso no sirve para nada. O, al menos, no para parar nuestras violaciones, asesinatos o agresiones. No nos sirve para eliminar nuestra opresión. Y cuando consigo apartar a un lado (porque en realidad no desaparecen) el asco, el miedo y el dolor, lo que realmente quiero no es venganza por lo ocurrido, sino soluciones para que no vuelva a pasar.

Algunas de las que se apuntan por parte de las instituciones son la destituci√≥n del juez que emiti√≥ el voto particular, Ricardo Gonz√°lez, puesto que pidi√≥ la absoluci√≥n de los cinco violadores y se han encontrado otras muchas irregularidades en su vida como juez e, incluso, la dimisi√≥n del Ministro de Justicia, Rafael Catal√°. Me parece bien. Ser√≠a muy satisfactorio para el movimiento feminista conseguir la segunda dimisi√≥n de un ministro de un gobierno del Partido Popular, adem√°s de la primera de un juez. Pero cuidado, eso no nos basta. De igual manera que el problema no est√° exclusivamente en los a√Īos de c√°rcel, tampoco lo est√° en las personas concretas, aunque tengan sus responsabilidades. Y no podemos dejar que eso nos nuble la mirada y creamos que ya est√° todo conseguido.

Necesitamos soluciones que vayan a la ra√≠z de los problemas que tenemos. Asumir que la cuesti√≥n central de la problem√°tica no es el porno en s√≠ mismo (aunque el porno que se comercializa es machista y ense√Īa modelos de sexualidad degradantes y violentos contra nosotras), ni la m√ļsica que escuchamos (aunque gran parte de ella reproduzca el mensaje de que somos objetos de deseo o propiedad de los hombres), ni la instituci√≥n judicial (aunque la mayor√≠a de ellos sean hombres que, adem√°s, no tienen formaci√≥n en g√©nero), sino que todo eso no es neutro, que est√° empapado en una cultura y sociedad patriarcal que engloba todos los aspectos de nuestras vidas. Y que, por tanto, necesitamos tambi√©n soluciones globales con mirada feminista:

  • Soluciones para que nuestro escote o nuestro largo de falda no se vea como una provocaci√≥n.
  • Soluciones para que nuestro cuerpo no sea utilizado como reclamo para ir a un bar o vender un producto.
  • Soluciones para que las denuncias que ponemos sean tomadas en serio.
  • Soluciones para que ninguna mujer tenga que volver a casa acelerando el paso, mirando hacia todos los lados y con las llaves en la mano.
  • Soluciones para que los hombres no crean que lo que ven en el porno corresponde a la realidad de los cuerpos y la vida sexual.
  • Soluciones para que, mientras logramos parar las agresiones, se dicten sentencias acorde con lo ocurrido.
  • Soluciones para que podamos viajar solas sin miedo.
  • Soluciones para que nuestras madres (y digo madres porque casi siempre son ellas) puedan acostarse tranquilas cuando salimos de fiesta.
  • Soluciones para que el foco se ponga en ellos y no en nosotras.
  • Soluciones para que los hombres que de verdad est√°n con nosotras pongan tambi√©n el grito en el cielo con lo que nos est√° pasando.

En fin, quizá estemos pidiendo mucho, pero en realidad lo que queremos es el fin del patriarcado, el final de esta guerra que sólo podrá terminar si salimos victoriosas. Una guerra que no hemos empezado nosotras, pero en la que contabilizamos ya demasiadas bajas.

Cadenas en las redes como la de ‚ÄúCu√©ntalo‚ÄĚ ponen de manifiesto que ‚Äúno son casos aislados‚ÄĚ. Debemos, adem√°s de visibilizarlos, salir a la calle por miles, por millones para conseguir que esto termine. Debemos crear colectivos, redes de mujeres de lucha y apoyo mutuo: si se cae una, el resto la levantamos. Debemos, como dec√≠amos en el manifiesto del 1 de mayo, ‚Äúconseguir que el miedo se convierta en rabia y la rabia en organizaci√≥n‚ÄĚ. Y tambi√©n debe ser una obligaci√≥n para nosotras no s√≥lo denunciar las consecuencias de la cultura de la violaci√≥n o de la violencia machista, sino analizar cu√°les son sus causas, sus ra√≠ces: porque si no tenemos eso claro, va a resultar mucho m√°s dif√≠cil combatirlas.

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Bearagon
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Ya no enga√Īo a nadie. Ya sab√©is que busco cualquier excusa para hacer poes√≠a. No es que no sepa hacer otra cosa, es que no quiero. Busco en ella lo que estas palabras no son capaces de decir, tantas cosas se quedan en el tintero de la l√≥gica que a veces m√°s vale no usarla.

Por eso digo pájaro en vez de mujer y puente en vez de hombre. Es verdad que puede resultar pedante y a veces cansino aquellos tirabuzones en los que me enredo para decir cualquier cosa, lo sé, aun así creo en la palabra y en todas sus posibilidades.

Ahora que estamos en tiempo de libros y de celebración del lenguaje, de verbenas en torno a la palabra escrita, de editoriales en fiesta y librerías en flor. Ahora que es tiempo de literatura, ofrezco humilde mi palabra desnuda de toda la poética de la que pueda deshacerme. No será fácil.

Escribo libros, a pesar de eso entiendo que los libros son una enorm√≠sima tienda de animales en la que hay demasiado ruido. Palabra dentro, miles de animalitos se hacen f√≥siles cada vez. Un escaparate perfecto y luminoso se alza alrededor del objeto-producto, de la caja que envuelve el producto. Escribo libros porque amo a la palabra y la celebro. No estoy en contra de los libros por tanto. Estoy en contra de la importancia que le damos a los libros y escribo libros pero eso no tiene demasiada importancia. Nos creemos due√Īos de una cosa que ya exist√≠a. Nos creemos superiores porque un d√≠a aprendimos a leer y a escribir. Nos creemos‚Ķ

Ahora bien: mi madre me cantaba nanas que yo no le cantar√© a nadie. Mi abuela me contaba cuentos con finales distintos cada vez que yo no le contar√© a nadie. Mi prima saltaba a la comba mientras cant√°bamos a la par cancioncillas que yo no voy a cantar a nadie. Somos el √ļltimo eslab√≥n de una cadena tan invisible que nadie la vislumbra por m√°s que brille. Se nos escapa la tradici√≥n oral por los ojos y miramos impasibles hacia otros horizontes. Celebramos lo perpetuo y dejamos morir lo ef√≠mero con la misma alegr√≠a y certidumbre.

El pueblo es más poema que pueblo, por eso escribo poesía. Me sentí poeta mucho antes de publicar mi primer libro. Me soy poeta porque la palabra poeta me es a mí sin credenciales ni referencias y escribo libros, pero no es el libro antes que la poeta como no es el cuadro antes que el pintor.

Es por eso que en estos tiempos de celebraciones de libros que yo también escribo, también celebro inevitablemente la voz de mi madre cantando una nana moribunda.

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Yolandavallejo
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Cantaba Paco Alba que hay quien dice que C√°diz no tiene fiestas, ni feria que aventaje a otras capitales. Se equivocaba, el hombre, se equivocaba. Porque precisamente de esa necesidad hizo nuestra ciudad, virtud. Y a falta de ferias de vino y rosas, tenemos la que se ha dado en llamar ‚Äúla feria del libro m√°s bonita del mundo‚ÄĚ. Raz√≥n no les falta a quienes as√≠ apellidaron al encuentro de libreros, escritores, editores y lectores que a√Īo tras a√Īo se dan cita para celebrar las letras en un lugar habitado solo por libros.

Y es que donde habitan los libros no existen los títulos falsificados, ni las sentencias injustas. Tampoco existen los políticos de medio pelo, ni los predicadores. Ni los desahucios, ni los despidos. Donde habitan los libros, el alimento procede de la palabra que se hace carne en cada verso, en cada página. Donde habitan los libros no hace falta tragarse sapos ni culebras, ni comerse a los bichos de la tierra, porque donde habitan los libros hay una fuente de energía inagotable, renovable, sostenible, limpia, hermosa purísima. Donde habitan los libros no hay plazo que no se cumpla ni deudas que no se paguen y por eso están derogadas casi todas las leyes, hasta la ley del más fuerte. Porque no es más fuerte quien más pega, sino quien resiste más. Y nadie, ni nada resiste como los libros al paso del tiempo, de la forma, del espacio, de la gente.

La primera Feria del Libro se celebr√≥ en abril de 1933 en Madrid. En aquella ocasi√≥n las editoriales madrile√Īas inmersas todas en un furor editorial sin precedentes en nuestro pa√≠s decidieron sacar los libros a la calle, acercar los libros a la inmensa mayor√≠a, en comuni√≥n con aquellos ingenuos planes de promoci√≥n de la lectura que llevaba a cabo el gobierno de la Rep√ļblica. ‚ÄúLa tierra habitable ha sido toda ella descubierta, pero nos queda el mundo sin contornos, el mundo infinito‚ÄĚ dec√≠a entonces Fernando de Los R√≠os, ministro de Instrucci√≥n P√ļblica. El mundo sin contornos, el mundo infinito, el mundo en el que habitan los libros.

Desde all√≠ y desde entonces este mundo se ha hecho mucho m√°s inhabitable, pero cada a√Īo los libros han seguido saliendo a la calle, al son de los versos de Blas de Otero ‚ÄúSi he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tir√©, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra‚ÄĚ. Porque, ya lo sabe usted, no solo de pan vive el hombre, sino de palabras, porque somos palabras.

Y uniendo palabras, y sumando voces, llevan los libreros de C√°diz celebrando su feria m√°s de treinta a√Īos. Contra vientos, mareas y tempestades primavera tras primavera, nos recuerdan que frente a la decadencia, a la destrucci√≥n, a la desesperanza, al miedo, nos queda la palabra. Aunque sea en aquel baluarte tan a trasmano, que honra a su propio nombre, porque ning√ļn baluarte fue concebido para ser asaltado, sino para la defensa. Y all√≠ se defiende la palabra.

Nuestro baluarte es el lugar donde habitan los libros. Donde una peque√Īa legi√≥n resiste, como si fueran los galos de Asterix, los ataques de la crisis, de la ignorancia, de la intransigencia, de la sociedad. Quiz√° no sea la feria de m√°s peso, ni la de los grandes nombres; puede que tampoco sea la feria m√°s ambiciosa, ni la que tenga un presupuesto m√°s alto, pero es la feria del libro m√°s bonita del mundo, y la que cuenta con los devotos m√°s entregados que cada a√Īo cumplen con el rito de entrar en el mundo sin contornos, sin fronteras, sin peajes, en el mundo donde habitan los libros.

Porque en este mundo, cuentan m√°s los enemigos ‚Äďla televisi√≥n, Internet, los e-reader, los m√≥viles, las redes sociales, las librer√≠as que cierran- que los amigos, es cierto. Pero de cuando en cuando est√° bien contar a los amigos, contar con los amigos, contar para los amigos y eso, s√≥lo puede hacerse desde nuestro baluarte. Desde este lugar donde no importan las cifras, sino las letras. Donde es posible a√ļn oler a imprenta, a papel, a sue√Īos, a vida. Donde habitan los libros, hasta el pr√≥ximo d√≠a trece. No se lo puede perder.

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Patriciaandres
Fotografía: autoría desconocida

Recuerdo la primera vez que escuché esa frase: el carnaval de las promesas.

Aquel hombre hac√≠a referencia al carnaval del que disfrutan los ni√Īos en Uruguay, donde dedican unos d√≠as a los m√°s peque√Īos, pint√°ndolos de manera maravillosa. Nos encant√≥ ese nombre para titular una de nuestras comparsas. Le dimos una forma especial dedic√°ndolo a las comparsas antiguas

infantiles de la Pe√Īa Nuestra Andaluc√≠a, enfoc√°ndola como un peque√Īo homenaje a aquellos estupendos a√Īos en los que la cantera brillaba y en los que tantas promesas del carnaval se nutrieron de los mejores maestros y acabaron recalando en muchas de las agrupaciones adultas que ocupan la √©lite del COAC actual.

De todo eso pr√°cticamente no queda nada m√°s que promesas rotas y sue√Īos que no van m√°s all√° de un concurso de poco m√°s de diez agrupaciones por categor√≠a. Un concurso que se resquebraja por sus cimientos, un carnaval del que durante los meses de ensayo nadie se acuerda, un carnaval donde muy poco de los grandes autores se dignan a colaborar m√°s que para colgar alg√ļn estado en las redes como «yo fui cantera«.

Esta cantera no carece de talento, pero sí del interés que merecen estos

peque√Īos que juegan a ser carnavaleros desde la cuna porque es uno de los acontecimientos m√°s destacados de la cultura de su ciudad. Lo viven en casa, lo sienten y en algunos casos lo traen, de alguna manera, en los genes.

Estos j√≥venes merecen que se les facilite un local de ensayos, una de las mayores dificultades que se encuentran, algunos instrumentos e incluso un simple taller para una formaci√≥n inicial. En definitiva, merecen que se apueste por ellos. M√°s all√° de sus padres y madres y de los pocos que, de buena f√©, forman la Asociaci√≥n de la cantera, quienes este a√Īo no han podido evitar que se vuelva a cancelar la gala de lo mej√≥ de lo mej√≥n, ni que se ponga en duda si a los infantiles se les debe premiar econ√≥micamente, sin pararse a pensar en que ellos, para su puesta a punto, pagan sus disfraces y puestas en escena del bolsillo de cada casa, al igual que todos.

Además se cuenta con la absoluta discriminación de la prensa; la misma que se beneficiaría en el caso de que algunas de estas agrupaciones vieran sorprendentemente la luz en su etapa adulta es la que ahora apaga los focos y esconde la tinta cuando la cantera aparece en escena.

Tal vez sea absurdo escribir que todo jard√≠n necesita ser regado para florecer y que es m√°s f√°cil dejar el agua para aquellas flores que adornan y acaparan la atenci√≥n de todos y no malgastarla en esas que a duras penas comienzan a germinar y, por lo tanto, necesitan m√°s tiempo y dedicaci√≥n. Pero por suerte, aun quedamos unos pocos jardineros dispuestos a hacer de ese jard√≠n de la ilusi√≥n y la inocencia un divertido lugar en el que seguir creciendo. Y lo hacemos a cambio de muchos momentos maravillosos, a cambio de sentir c√≥mo quince corazoncitos laten de emoci√≥n, a cambio tan solo de ver c√≥mo les brillan los ojos a los que alg√ļn d√≠a ser√°n sin duda alguna «El Gran Show» de nuestra fiesta.