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SopranisHan empezado a florecer los saguaros. Como cada a√Īo, y organizado por el Misalito Council Office, nos reunimos en las inmediaciones de lo m√°s agreste de Raiders Pass provistos de sillas plegables y termos de caf√©. Somos un pintoresco grupo de ociosos jubilados con chaquetas de lana y j√≥venes activistas medioambientales en pantal√≥n corto. A la ca√≠da de la noche, en lo que ya va camino de convertirse en una arraigada tradici√≥n local, nos disponemos a contemplar la ef√≠mera eclosi√≥n de estos guardianes del desierto en un ambiente cordial y distendido.

No somos los √ļnicos interesados en este acontecimiento. Los murci√©lagos magueyeros se apresuran a libar el n√©ctar de las monstruosas inflorescencias y sobrevuelan despreocupados nuestras cabezas intimidando a los m√°s timoratos. Les importa poco que la luz de las linternas los enfoque mientras se alimentan: saben que la flor del saguaro solo dura una noche y llevan mucho tiempo esperando este momento.

Por otra parte, pero despu√©s de un buen rato de intensa y entregada observaci√≥n, resulta casi inevitable que la sobrevenida vocaci√≥n de naturalista de algunos de nosotros vaya debilit√°ndose con el paso del tiempo. Terminamos formando peque√Īos grupos, y yo tengo la suerte de caer en uno donde se descorchan dos botellas de vino ecol√≥gico californiano. Vaciamos sobre el cuarteado suelo el caf√© de nuestros vasos con tapadera y la inminencia de las elecciones de mitad de mandato se cuela en la conversaci√≥n, que muy pronto pasan a ser ‚Äúlas m√°s importantes de nuestra democracia‚ÄĚ. La presencia del vino y la profusi√≥n de fulares al cuello ya me hab√≠an permitido adivinar la orientaci√≥n pol√≠tica de mis contertulios.

Los m√°s pesimistas hablan de la intensa movilizaci√≥n, del alto grado de motivaci√≥n que exhibe lo m√°s reaccionario del pa√≠s (ese 28 % de la poblaci√≥n que Steve Schmidt, el estratega de la campa√Īa de John McCain, tachaba de ‚Äúirrecuperable‚ÄĚ en unas recientes declaraciones). Se quejan del alarde de desfachatez y ausencia de escr√ļpulos de la derecha (¬°como si eso fuera exclusivo de USA!). Pero tambi√©n se quejan de la falta de agresividad y de iniciativa de la izquierda. Pon√≠an como ejemplo la situaci√≥n del Tribunal Supremo, donde parece que la √ļnica opci√≥n de los dem√≥cratas es seguir rezando para que la octogenaria Ruth Bader Ginsburg tenga una larga vida como √ļltimo reducto progresista en dicha instituci√≥n.

Por otra lado, los más esperanzados están convencidos de que el grado de iniquidad que ha alcanzado la política en la actualidad desencadenará una oleada de voto responsable y comprometido, que la población es consciente de la necesidad de acabar con esta situación que se vive como una profunda crisis nacional. Buena prueba de ello es el apoyo a una nueva clase de políticos, la eclosión de figuras como la joven Alexandria Ocasio-Cortez, en New York; Stacey Abrams, en Georgia; o nuestra Lupe, Guadalupe Valdez, aquí en Texas, la aspirante latina y abiertamente gay que se presenta al cargo de gobernadora del estado.

Le trasmito mi perplejidad a Edward Youngblood, el nativo tankawa que habita en el destartalado taller de mantas tradicionales donde suelo concluir mi paseo, allí donde el pueblo pierde su carácter residencial y empieza el desierto. Me dice que la flor del saguaro no es tan importante como su fruto, pues de él se alimentarán los turpiales y las tortugas, y toda la fauna menuda y humilde de las grandes extensiones áridas e ingratas del secarral.

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Angel pinto 1
Fotografía: Africa Mayi Reyes (CC BY-ND 2.0)

MALLORCA 1 ‚Äď 0 C√ĀDIZ

No sé si ustedes juegan al póker. Si es así, les felicito, entenderán la metáfora a la primera. Si no, también les felicito: seguro que están empleando el tiempo en cosas más productivas (aunque quizá menos apasionantes).

Cervera me recuerda a un jugador timorato con una pareja peque√Īa en las manos (digamos una pareja de sietes, en homenaje a Salvi). Solo hay dos formas aceptables de manejarse con esos naipes: deshacerse de ellos inmediatamente o ser muy agresivos desde el principio. Contemporizar, esperar a ver qu√© pasa‚Ķ suele resultar mortal de necesidad. La mesa se ir√° poblando de cartas mayores y al final es probable que un par de reyes (o de damas, o de ochos‚Ķ) se emparejen, dej√°ndonos con un palmo de narices.

Valga este introito para explicar que las derrotas (o los empates) en el √ļltimo suspiro no pueden achacarse solo a la mala suerte. Durante los minutos anteriores han ido saliendo cartas mayores y es cuesti√≥n de tiempo que tu rival supere tu mano, sobre todo si no la has jugado correctamente.

Esto fue lo que ocurri√≥ en el minuto noventa del partido que enfrentaba al Mallorca y al C√°diz. Los amarillos estaban arrancando un empate inmerecido a todas luces cuando √Ālex L√≥pez sac√≥ la carta triunfadora: un remate trompicado a la salida del en√©simo c√≥rner result√≥ inalcanzable para Cifuentes, sin duda el mejor de los gaditanos.

Fue el colofón lógico a una segunda parte pésima en la que el equipo bermellón superó a los andaluces en todos los aspectos del juego. Y, sin embargo, un rato antes no presagiábamos este final.

Empez√≥ el partido con sorpresas: las incorporaciones de Carmona y el debutante Edu Ramos por Correa y Salvi dotaban al equipo de un aspecto inusual. Vallejo escorado a la izquierda, Barco en punta y Aketxe con libertad para moverse por el frente de ataque, esperaban el juego que pudiera generar el trivote formado por Ramos, Jos√© Mari y √Ālex. Dada la baja forma de Salvi (que luego quedar√≠a constatada) la idea no parec√≠a mala y, de hecho, tras unos primeros minutos de dominio local, el partido se equilibr√≥ y sobre el encharcado c√©sped de Son Moix empezamos a ver una pel√≠cula de Eric Rohmer: no pasaba casi nada.

En ese ‚Äúcasi‚ÄĚ entraban algunos detalles: los laterales del Mallorca, G√°mez y Ruiz, demostraron potencia y profundidad (no pude evitar sentir un poquito de envidia). Vallejo y Carlos Castro aportaban a sus respectivos equipos las necesarias dosis de imaginaci√≥n y de sus botas surgieron las mejores ocasiones (am√©n de un magnifico disparo de Aketxe que repeli√≥ el palo izquierdo de Reina, magn√≠fico apellido para un portero).

El caso es que el partido cruzó el ecuador y las esperanzas de puntuar eran legítimas.

Tan legítimas como efímeras.

Al poco de la reanudaci√≥n, el equipo de Vicente Moreno se hizo due√Īo de la situaci√≥n, y el cambio tuvo nombre y apellidos: Salva Sevilla.

El ex b√©tico ofreci√≥ un espectacular despliegue de sabidur√≠a futbol√≠stica, surtiendo de balones a sus compa√Īeros, siempre din√°micos y agresivos. Carlos Castro y Lago Junior se conduc√≠an con rapidez y habilidad provocando que la zaga amarilla se descosiera una y otra vez. Los cambios de Cervera empeoraron la situaci√≥n y solo la suerte y varias actuaciones portentosas de Cifuentes impidieron que el marcador se moviera.

Hasta el córner de marras, que vino a poner un poco de orden en el cósmico caos.

En fin, soy consciente de que estamos en la cuarta jornada y s√© bien que los an√°lisis de septiembre ‚Äďcomo cualquier amor de verano- son eternos candidatos al olvido.

Sentada la premisa del prudente, habr√° que entrar en faena: el C√°diz ahora mismo est√° mal. Por un lado, en el aspecto individual, es evidente la baja forma de piezas importantes (Mauro, Salvi) y el escaso nivel mostrado hasta ahora por todos los laterales de la plantilla. Por otro, en el plano colectivo, el equipo parece presa de una crisis de identidad. Hu√©rfanos de Alvarito (y de Salvi‚Ķ) el equipo ya no tiene salida por las bandas pero tampoco parece encontrar una se√Īa de identidad que sustituya a la anterior y que la iguale en efectividad. La propuesta de acumular centrocampistas en un equipo acostumbrado a jugar sobre la l√≠nea de cal resulta, hasta el momento, artificiosa y vacua.

Queda tiempo, mucho tiempo, pero bien har√≠a Cervera en intentar transmitir a su plantilla ‚Äďantes de los partidos- las ideas que con tanta precisi√≥n desmenuza en las ruedas de prensa ‚Äďdespu√©s de los mismos-.

Porque de seguir en esta l√≠nea, queda patente que hablar de algo que no sea la permanencia (¬Ņajustada?) ser√° m√°s un farol que otra cosa.

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A pinto
Fotograf√≠a: √Āngel Pinto

C√ĀDIZ 1 ‚Äď 0 ALMER√ćA

Todo inicio de temporada futbolística (o de curso escolar, o de relación amorosa) encierra dentro de sí una promesa de futuro. El olor a cuaderno nuevo, las esperanzas vírgenes.

Hoy viernes a las ocho de la tarde (día y hora más propios de una clase de inglés que de un partido de liga) saltaban el Cádiz y el Almería al césped del Estadio Carranza para inaugurar la edición 2018-19 de la Liga 123. Mostraban los amarillos un aspecto semi remozado: mismos zapatos y chaqueta nueva. Iremos conociendo a los actores debutantes durante la crónica, no hay prisa.

Para lo que s√≠ hay prisa es para adelantar que, en un partido trabado y √°spero, el C√°diz dobleg√≥ a su rival por un tanto a cero, haci√©ndose con los tres puntos en liza. A pesar de la patente endeblez de los almerienses, hay que otorgar a la victoria su m√©rito. En una semana en la que la actualidad ha girado en torno a la p√ļblica subasta de Alvarito al mejor postor (se dice que hasta Sotheby‚Äôs ha mostrado inter√©s) Cervera ten√≠a que conseguir abstraer al equipo del ruido externo para centrarlos en la competici√≥n. Y a fe m√≠a que lo ha conseguido.

Comenzó el encuentro cual si fuera un calco de la temporada pasada: rigor táctico, intento de presión y robo, aperturas a los extremos. Junto a la cal de la banda izquierda, Manu Vallejo exudaba desparpajo y buenas sensaciones: nuestra cantera ha parido un futbolista. Por la derecha, el portugués Salvador Agra mostraba mejores intenciones que resultados. Para mitigar la nostalgia comencé a llamarle mentalmente Salvi, pero la unión del diminutivo con su apellido no terminaba de sonarme bien…

En fin, si hablamos de se√Īas de identidad cerverianas, pocas m√°s reconocibles que utilizar al ariete para bajar y distribuir balones a√©reos y en esta suerte Mario Barco sac√≥ matr√≠cula de honor. Cada salto era un drama en tres actos, una feroz batalla de cr√°neos. Y al final, como veremos, tanta insistencia encontrar√≠a su premio.

El primer tiempo fue consumi√©ndose por los derroteros que le gustan a Cervera. La seguridad defensiva (salvo alg√ļn apuro de Keco con el joven Sekuo) era incuestionable, no hab√≠a p√©rdidas tontas de bal√≥n, se peleaba por cada palmo de hierba. ¬ŅOcasiones, dice usted? Yo no grit√© ‚Äúhuy‚ÄĚ ni una sola vez antes del descanso.

En la reanudaci√≥n, pocas novedades. Si acaso, los laterales se hicieron m√°s profundos. Matos y Carmona (sobre todo este √ļltimo) se sumaron con profusi√≥n al ataque, otorg√°ndole versatilidad y sorpresa. Creo que en estas posiciones hemos salido ganando (y pido perd√≥n al dios de los juicios apresurados: agosto es mal mes para predicciones).

El dominio del C√°diz era tan incontestable como inocuo y aquello ol√≠a desde lejos a empate a nada, algo hab√≠a que hacer. Y en efecto, se hizo: Salvi (S√°nchez) sustituy√≥ a Agra y fue como echar gasolina de mayor octanaje. El sanluque√Īo, superior al portugu√©s, protagoniz√≥ arrancadas con mucho m√°s filo e intenci√≥n. Algunas jugadas por su banda terminaron en disparos lejanos o en remates de Barco, por fin apareci√≥ la verdadera sensaci√≥n de peligro. En una de estas, el propio Mario Barco caz√≥ un bal√≥n a√©reo y efectu√≥ su dejada n√ļmero mil. El beneficiario fue √Ālex Fern√°ndez, quien ya dentro del √°rea peque√Īa descerraj√≥ un disparo furioso que alcanz√≥ el fondo de la red almeriense.

Quedaban apenas quince minutos para el final del partido y pasaron algunas cosas. Tal vez la más relevante fue que Cifuentes dotó de argumentos a quienes claman por el fichaje de un guardameta. Un disparo lejano de De la Hoz se le escurrió de las manos y a punto estuvo de provocar una catástrofe. Tragamos saliva y a otra cosa, mariposa.

El partido termin√≥, la temporada empez√≥. Todo comienzo es una inc√≥gnita pre√Īada de posibilidades. Quiz√° estemos ante un a√Īo fecundo y azul, como la imaginaci√≥n de un ni√Īo. O ante un curso seco y est√©ril, como las entra√Īas de un racista.

Como digo, todo es posible, el camino est√° por andarse. De momento, la √ļnica verdad es la que un cadista feliz dijo a voz en grito bajando la escalera: ‚Äú¬°Estamos los primeros!‚ÄĚ

Quien no persigue sue√Īos, nunca los alcanza. A seguir as√≠.

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Jpastor
Imagen: Pedripol

Al poco tiempo de tomar posesi√≥n el nuevo Gobierno del PSOE, la actual Ministra de Educaci√≥n anunci√≥ que su Ministerio tiene la intenci√≥n de poner en marcha una asignatura obligatoria a la que seguramente ‚ÄĒpuntualiz√≥ la Ministra‚ÄĒ NO se iba a denominar ‚ÄúEducaci√≥n para la Ciudadan√≠a‚ÄĚ, sino tal vez ‚ÄúEducaci√≥n C√≠vica‚ÄĚ, ‚ÄúValores C√≠vicos‚ÄĚ, o algo parecido.

Ni que decir tiene que recibo con una gran satisfacción las palabras de la nueva titular de Educación. Solemos olvidar, o desconocer, que muchas de las grandes insuficiencias democráticas que padecemos se derivan de una deficiente educación cívica de una parte amplia de la sociedad. Deficiencia, por supuesto, inducida y deseada desde los ámbitos del Poder.

Pero m√°s que el contenido de lo que se anunciaba, me llam√≥ la atenci√≥n el tono empleado por la Ministra: falt√≥ poco para que pidiera disculpas expl√≠citas por sus pretensiones.¬† Y la comprendo, pues ah√≠ es nada volver a insistir en implantar una asignatura ‚ÄĒla Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a‚ÄĒ que fue combatida fieramente desde el principio, desactivadas sus potencialidades despu√©s, y, finalmente desterrada del curr√≠culo educativo, para el indecente regocijo de la derecha m√°s recalcitrante. Y as√≠, tras la activa oposici√≥n de las fuerzas ultra-conservadoras (incluida la iglesia cat√≥lica) y la indiferencia de la sociedad en general, la asignatura de Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a qued√≥ definitivamente enterrada en el olvido, ese lugar de nuestra mente colectiva donde se generan las grandes y graves deficiencias democr√°ticas de nuestro tiempo‚Ķ

Ahora, el flamante Gobierno del PSOE quiere apostar de nuevo por recuperar una asignatura espec√≠fica centrada en la educaci√≥n para la ciudadan√≠a, o educaci√≥n c√≠vica. As√≠ lo asegur√≥ expresamente la actual Ministra de Educaci√≥n. Pero t√°citamente estaba a√Īadiendo¬† ‚Äú‚Ķy perdonen las molestias‚ÄĚ. Y es que la nueva titular de Educaci√≥n es sin duda consciente de que, junto al aumento de la presi√≥n fiscal sobre los grandes bolsillos, tal vez sea la educaci√≥n para la ciudadan√≠a ‚ÄĒes decir, el empoderamiento intelectual y moral de la gente respecto a la realidad social, pol√≠tica y econ√≥mica en la que vive‚ÄĒ, las cuestiones que m√°s ponen de los nervios a ese poder que teme y combate por todos los medios la emergencia de una ciudadan√≠a formada y realmente informada, blindada contra la manipulaci√≥n, refractaria a las mentiras, e incr√©dula ante los t√≠picos cuentos ‚ÄĒrelatos‚ÄĒ emanados de los poderes no democr√°ticos, que son los que realmente dirigen nuestras vidas, y a los que con m√°s frecuencia de la deseable sucumbimos.

Por todo ello, es preciso partir de un hecho evidente: volver√°n a renacer con fuerza las susceptibilidades de la caverna contra la educaci√≥n para la ciudadan√≠a, o educaci√≥n c√≠vica (la denominaci√≥n es lo menos importante). Ante una actitud tan claramente antidemocr√°tica, es esencial no transigir ante esa ¬†especial y regresiva sensibilidad conservadora que, primero, intentar√° que sea una asignatura ligh, desactivada, ‚Äúinofensiva‚ÄĚ, para finalmente eliminarla de nuevo a la primera oportunidad que tengan de hacerlo. Porque la intenci√≥n √ļltima, ya demostrada, es impedir cualquier posibilidad de pertrechar a la ciudadan√≠a con la m√°s valiosa de las mochilas: la posibilidad de construir en libertad su propia autonom√≠a y el impulso para incrementar su soberan√≠a, muy menoscabada como consecuencia de las pr√°cticas abusivas de una democracia ama√Īada, como es la democracia liberal realmente existente.

Escribi√≥ en su d√≠a Max Horkheimer ‚ÄĒen relaci√≥n a otro contexto contempor√°neo suyo, pero no del todo distinto al actual‚ÄĒ que ‚Äúpronto los caminos del pensamiento ser√°n transitados s√≥lo por sus perseguidores‚ÄĚ. Del mismo modo, quienes creemos en la necesidad de una educaci√≥n potente ‚ÄĒy la educaci√≥n para el ejercicio de la ciudadan√≠a lo es‚ÄĒ no podemos dejar que los caminos de la educaci√≥n c√≠vica sean transitados s√≥lo por quienes la persiguen. Por ello tenemos la obligaci√≥n moral de estar ah√≠, de entender y apreciar el sentido esencial e imprescindible de la educaci√≥n c√≠vica, con el firme compromiso de practicarla desde nuestras posiciones y circunstancias personales en la sociedad. A favor de una educaci√≥n c√≠vica deber√≠amos estar todos y todas, para defenderla, fomentarla, divulgarla y hacerla atractiva a quienes le dan escasa o nula importancia, bien por desconocimiento o bien por susceptibilidades y prejuicios ideol√≥gicos. Y por supuesto, deber√≠amos exigir su permanencia sea cual sea el partido que en cada momento gobierne.

Y, como ya digo, en el caso de que la asignatura de Educaci√≥n C√≠vica llegue a ser una realidad de nuevo en los curricula escolar y acad√©mico, surgir√°n igualmente de nuevo los perseguidores. Volver√°n a renacer con fuerza las susceptibilidades de la caverna porque una verdadera educaci√≥n c√≠vica gira necesariamente en torno a una serie de aspectos esenciales y transformadores, claramente opuestos a ideolog√≠as de corte autoritario, conservador e insolidarios. Conviene por tanto tener muy presente cu√°les son esos aspectos irrenunciables que deben informar la filosof√≠a, la letra y la pr√°ctica de dicha asignatura, en evitaci√≥n de eventuales transacciones que deval√ļen y desactiven significativamente su mordiente transformador.

Por todo ello, me permito comentar, sin ánimo de exhaustividad ni prevalencia, y de manera breve, algunos de esos aspectos que a mi entender deben estar incluidos necesariamente en una asignatura de Educación Cívica que pretenda ser realmente transformadora.

Ante todo, lógicamente, parece imprescindible partir de un reconocimiento claro y de un convencimiento profundo del valor cívico indiscutible de la educación en general y de la educación para la ciudadanía en particular, con la mirada puesta en conseguir el objetivo de que cada persona, cada ciudadano, cada ciudadana, llegue a interiorizar como una oportunidad de enriquecimiento moral propio la contribución a la igualdad, la justicia y el bienestar general. Cuando las fuerzas reaccionarias tanto la combaten, es seguro que la educación cívica constituye un camino acertado para que las sociedades, la gente, la ciudadanía, puedan alcanzar las cotas de  libertad, de democracia y de soberanía que, con diversos subterfugios, están limitadas (y limitándose progresivamente) en contextos democráticos de baja intensidad.

As√≠ mismo, la educaci√≥n c√≠vica debe incidir de manera clara en promocionar los valores de lo p√ļblico, en su sentido amplio y profundo, entendido como logro cultural, social y pol√≠tico irrenunciable. Ello incluye la capacitaci√≥n ciudadana para la construcci√≥n y desenvolvimiento de unas instituciones p√ļblicas creadas con criterios realmente democr√°ticos, refractarias a los distintos tipos de corrupci√≥n, al objeto de que la ciudadan√≠a pueda impedir que, como a menudo ocurre ahora, desde dichas instituciones se legisle y/o gobierne en contra de las capas m√°s desfavorecidas y vulnerables de la sociedad. Valorar lo p√ļblico significa estimar la necesidad de una sociedad decente, igualitaria, responsable, justa, pac√≠fica, fraterna‚Ķ, verdaderamente democr√°tica, en definitiva.

De igual modo, una cultura c√≠vica deseable tiene que estar predispuesta a considerar como positivos para la convivencia democr√°tica los valores de la diversidad, en todas sus formas, contra la opini√≥n de quienes identifican diversidad con conflictos irresolubles, caos y problemas de ‚Äúorden p√ļblico‚ÄĚ. Pero s√≥lo desde una perspectiva constructiva de la diversidad podemos trabajar en favor de una potente pedagog√≠a-acci√≥n para la resoluci√≥n de conflictos‚Ķ La Educaci√≥n C√≠vica puede y debe ser la herramienta adecuada para potenciar la convivencia en lugar del enfrentamiento, para facilitar encuentros donde la intolerancia s√≥lo concibe encontronazos.

Y directamente relacionado con lo anterior, la Educación Cívica tiene que servir a la necesidad de potenciar una visión compleja de la sociedad, del mundo, de la política… Muchas de las insuficiencias democráticas actuales provienen de esa visión simplista y estrecha que suele estar en el origen de actitudes intolerantes, de corte autoritario, xenófobas. En aquellos asuntos en los que tiene lugar la interacción humana (y la política lo es en grado sumo), la simplificación es el camino seguro hacia el error, la conflictividad y las injusticias.

Otro aspecto inseparable de la educaci√≥n c√≠vica es el fomento de la capacidad cr√≠tica, es indispensable poner a disposici√≥n de la ciudadan√≠a las herramientas, la informaci√≥n m√°s veraz y las pr√°cticas intelectuales m√°s adecuadas, al objeto de que cualquier persona obtenga la capacidad y la motivaci√≥n para desenmascarar los verdaderos poderes, intereses y procesos que mueven el mundo. Desenmascarar, y digo bien, porque las causas y consecuencias de las grandes cuestiones y conflictos que nos afectan suelen estar enmascaradas tras m√ļltiples y enga√Īosas apariencias y falsos discursos.

Por otro lado, la educaci√≥n c√≠vica tiene que ser un elemento firmemente empe√Īado en el fomento y la potenciaci√≥n de la empat√≠a y la fraternidad, tanto entre las personas individuales que conforman la sociedad, como entre pueblos, sociedades distintas, colectivos‚Ķ, etc. Estamos inmersos en una cultura que justifica e incluso ensalza la competencia, que de ordinario no suele ser competencia sana, sino simple y llanamente pasar por encima de los otros cabalgando privilegios o situaciones de superioridad econ√≥mica o de estatus. Revertir los h√°bitos de la competici√≥n por los de la cooperaci√≥n debe ser un objetivo esencial de la Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a.

Y por √ļltimo, pero no por ello menos prioritario, la Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a, o Educaci√≥n C√≠vica, deber√≠a hacernos a todos y a todas mejores y m√°s dem√≥cratas. La indiferencia ante las cuestiones sociales, la desvinculaci√≥n de la pol√≠tica activa, el desinter√©s por la suerte de los m√°s desfavorecidos y vulnerables, la desmotivaci√≥n participativa ante tanta corruptela y tanto truco, son actitudes que abogan a favor del desistimiento ciudadano, para beneficio de las √©lites due√Īas de la situaci√≥n. Me gusta esa afirmaci√≥n que se√Īala la perfectibilidad ‚ÄĒes decir, la capacidad/posibilidad de perfeccionamiento‚ÄĒ, como la virtud central de la democracia. Una verdadera Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a nos habilita para participar de forma consciente, informada, constructiva, altruista‚Ķ, en ese proceso de perfeccionamiento continuo de la democracia.

Cuando termino de redactar estas líneas germinan susurros, que pueden terminar en gritos, barajando la posibilidad de que el actual Gobierno se vea obligado a convocar anticipadamente elecciones generales. Muchas intenciones, entre ellas la de implantar la asignatura de Educación Cívica, puede que vuelvan a quedar en el olvido colectivo, que, como he dicho más arriba, es ese fatídico lugar donde se generan las grandes y graves deficiencias democráticas de nuestro tiempo… y de todos los tiempos.

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Jjarillo
Imagen: Pedripol

Nac√≠ en el 87. Pertenezco a la generaci√≥n ‚ÄėY‚Äô. Seg√ļn muchos dem√≥grafos, pod√©is denominarme millennial, aunque no s√© exactamente qu√© narices significa eso. Un denominador com√ļn entre mis coet√°neos es la huida y aunque nadie sepa muy bien hacia d√≥nde, lo que s√≠ sabemos es de qu√©.

Es l√≥gico pensar que, viviendo en C√°diz, todo aquel que decida escapar de semejante para√≠so terrenal debe haber sufrido un buen golpe de levante. Pero ya son demasiados los que se han marchado sin necesidad de ser empujados por los vientos. Muchos huyeron de la precariedad, otros tantos de la monoton√≠a. El resto posiblemente se fue al sentirse inc√≥modo en el sof√° de la desidia donde la mayor√≠a pasa su tiempo libre. Algunos lo hicieron corriendo, de forma alocada, mientras agitaban sus brazos en un incomprendido af√°n por despedirse de todo y de todos. Otros se fueron a hurtadillas, creyendo que nadie lo notar√≠a, sin pensar en el vac√≠o que dejaban atr√°s. Ni que decir tiene sobre el que se llevaban consigo. Yo mismo escribo esto a 1200 kil√≥metros de mi casa. Como buen millennial, tambi√©n hu√≠. Ten√≠a que haberlo hecho hace a√Īos pero C√°diz, con sus cosas, te atrapa.

La precariedad no es el √ļnico motivo. Solamente es la base donde el resto de problemas se apoyan, unos sobre otros, en un equilibrio cruel. Es la ra√≠z de un √°rbol que se ancla hondo en tu cuerpo y cuyas ramas acaban por destrozarlo, al comp√°s del crecimiento. Y para una planta as√≠ de destructiva no hay mejor abono que la gentrificaci√≥n. Las ra√≠ces de la escasez beben de ella y se fortalecen, d√°ndole altura al tronco para que sus primeras ramas se claven en tus √≥rganos y presionen tus costillas, haciendo cada vez m√°s dif√≠cil tu respiraci√≥n. Esa palabreja que tiene apenas 50 a√Īos nos expulsa a nosotros, los j√≥venes, fuera de nuestros barrios. Nos echa poco a poco a aquellos que conocemos cada una de sus esquinas. Esas con las que re√≠mos y lloramos al mirarlas, por las mil historias que nos cuentan. Nos invitan a salir de lugares en los que hemos crecido. Bebi√©ndonos sus calles, comi√©ndonos sus plazas. Barrios cada vez m√°s irreconocibles y no por el paso del tiempo en sus fachadas.

Ahora, en otro de los puntos calientes de la gentrificaci√≥n en Espa√Īa -como es Barcelona- todo me resulta cercano. Tampoco es que haya elegido la mejor √©poca para buscar trabajo de calidad en el litoral -hasta el momento- espa√Īol. Aqu√≠ ya he sufrido la peor entrevista de trabajo de mi vida, me han ofrecido trabajos casi tercermundistas y me han rechazado de empleos por motivos dudosamente legales. No solo esto. Muchas otras cosas que aqu√≠ veo me traen aromas de mi ciudad, mi gente. Callejones estrechos con inesperados arcos en su medular que te ocultan entre claroscuros. Ropa tend√≠a en ventanas y balcones, sec√°ndose al aire y coloreando las grises callejuelas del Raval. La econom√≠a sumergida como pilar indiscutible de la ‚Äėriqueza‚Äô del barrio. Construcciones hoteleras a medio terminar donde encuentran descanso los vagabundos que durante el d√≠a saltan de sombra en sombra por el barrio.

Pero aqu√≠ la respuesta social es potente, es una ciudad que grita cuando la pisan. Aqu√≠ hay muchos comercios locales que todav√≠a levantan sus escudos contra los alquileres abusivos y esgrimen sus armas frente a las grandes cadenas de hosteler√≠a y alimentaci√≥n. Los inmigrantes, que conforman la mayor√≠a social del barrio, luchan por esto como si fuera suyo. Luchan por estos adoquines como si se hubiera echado los dientes en ellos. De hecho, luchan mucho m√°s que algunos aut√≥ctonos que se engrandecen a s√≠ mismos colgando esteladas en su balc√≥n para luego alquilar su piso a precios de oro. Catalanes e inmigrantes. Ellos mismos se organizan de manera ejemplar. Hay reuniones peri√≥dicas en cada barrio -y asociaciones de vecinos- en las que se estudia la situaci√≥n actual del mismo y las posibles mejoras a implementar, ya sea desde un enfoque p√ļblico o privado. Se empapelan fachadas ‚Äďliteralmente- con carteles de llamada para que acudan las personas residentes. Durante estos d√≠as he visto ejemplos brillantes de autogesti√≥n de suelo p√ļblico, con diferentes finalidades productivas, culturales y sociales. Una resistencia a lo inevitable, con u√Īas y dientes en forma de identidad y arraigo. Y me da rabia, porque es lo √ļnico que no me trae recuerdos de casa. All√≠ ha ahondado con tanta profundidad entre nosotros el ‚Äėsudapollismo/co√Īismo‚Äô que cada vez se oyen menos voces que reivindiquen nuestra identidad. Mientras que aqu√≠ todav√≠a hay gente que lucha y que lleva haci√©ndolo muchos a√Īos, en el sur, como siempre, nos ha cogido el toro. O nos pudo la cobard√≠a.

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DeloyEditorial: Luces de G√°libo
A√Īo de edici√≥n: 2017
Colección: Poesía
N¬į p√°ginas : 104
ISBN: 978-84-15117-50-6
PVP: 12.00 ‚ā¨

David Eloy, cacere√Īo y andaluz nacido en 1976, vuelve a sorprendernos. Autor de libros como, por citar algunos recientes, ¬ęPara nombrar una ciudad¬Ľ (Renacimiento, 2010), ¬ęMiedo de ser escarcha¬Ľ (Qu√°syeditorial, 2000 y Editora Regional de Extremadura, 2012), el libro-disco ¬ęSu mal espanta¬Ľ (Libros de la Herida, 2013), ¬ęDes√≥rdenes¬Ľ (Amargord, 2014), ¬ęLa poes√≠a vista desde el espacio¬Ľ (De la Luna libros, 2014) o el reci√©n aparecido ¬ęCr√≥nicas de la galaxia¬Ľ (Ediciones El Transbordador, 2018)‚Ķ nos propone ahora un viaje: ‚ÄúAdentramos en la mansi√≥n del ser, una mansi√≥n encantada‚ÄĚ. All√≠ ‚Äútodo es sorpresa, y todo ha de contarse tal y como se ha visto y sentido. Hay que encontrar un lenguaje para ello. El poeta, pues, como detective en misi√≥n especial‚ÄĚ.

El mismo t√≠tulo del √ļltimo libro del poeta David Eloy Rodr√≠guez, und√©cima obra po√©tica de una intensa trayectoria, ya incluye la primera paradoja, de las muchas que utilizar√° para mostrarnos c√≥mo convivimos con continuas contradicciones, algunas aparentes y otras asumidas. Descender hacia arriba es un ejercicio contrario a la gravedad, a las leyes de la f√≠sica pero conforme, quiz√°s, con la l√≥gica distinta de las emociones, de los compromisos o de las dudas. Porque el asunto de este libro es tan visitado como el sentido de la vida, si lo tiene. A lo largo de toda la literatura se ha reincidido en unas pocas met√°foras de la vida como un tr√°nsito. As√≠ la vida se ha comparado con un camino, con un √°rbol, con un r√≠o (nuestras vidas son los r√≠os que van a dar en la mar), con una escalera. Pero esas met√°foras del r√≠o que nos lleva, o del √°rbol que crece seg√ļn su naturaleza, o la del camino trazado incurren en un determinismo, pesimista por tanto, donde todo est√° predeterminado, donde nuestros actos no son libres. La escalera, en cambio, exige esfuerzo, entereza, decisi√≥n; y nos reconoce cierta capacidad para elegir el ritmo de subida o de bajada, o para decidir las paradas, los descansos. Si bien no puede hablarse de dejar de vivir (‚ÄúEscalera en la que no hay descansillo‚ÄĚ, escribe David Eloy) la existencia s√≠ permite momentos para sosegarse: ‚ÄúMirar vivir. A veces es bastante‚ÄĚ).

El libro va edificando, nunca mejor dicho, esta escalera en siete tramos, desde esos ni√Īos que, predispuestos bajo su hueco, oyen los pasos vivos de los adultos que suben o bajan, hasta ese momento, despu√©s de morir, donde podr√≠a comenzar el olvido. Es significativo que la vida, para el poeta, acaba cuando llega ese olvido, no al fallecer. La met√°fora de la escalera es tambi√©n la arquitectura que sostiene, y que argumenta el libro.¬† Asume, en esa elecci√≥n, el sentido simb√≥lico y espiritual que la escalera tiene en nuestro acervo cultural. El mismo recorrido dibujado por el poeta Ram√≥n Lluch en su Scalae intelecto, una Escalera de la Creaci√≥n donde el intelecto llega al Palacio construido por la Sabidur√≠a. Seg√ļn el Diccionario de los S√≠mbolos, de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant: ‚ÄúLa escalera es el s√≠mbolo de la progresi√≥n hacia el saber‚ÄĚ. Y a√Īaden: ‚ÄúSi se eleva hacia el cielo, se trata del conocimiento del mundo aparente o divino, solar; si entra en la tierra, se trata del saber oculto y de las profundidades del inconsciente‚ÄĚ. La escalera de este libro desciende y asciende a la vez, acumulando conocimientos, tanto de lo consciente como de lo on√≠rico. Desde el mismo t√≠tulo, realiza un ejercicio de ilusionismo √≥ptico, de perspectivas novedosas que buscan cuestionar la certeza de la realidad. No en vano este es el libro de David Eloy Rodr√≠guez con m√°s interrogantes expresos, m√°s dudas, m√°s acertijos por descifrar. Porque el espacio donde se crece, y a la vez se envejece y flaquea, no est√° limitado a las dos alturas de arriba/abajo, ni a las tres dimensiones observables a simple vista, ni a los cuatro puntos cardinales, ni a las coordenadas geogr√°ficas que nos sit√ļan -exactamente- en el mundo. Es la Escalera de los matem√°ticos Lionel y Roger Penrose,¬† que transmite la sensaci√≥n de escalones que suben o bajan a la vez, en cualquiera de las direcciones, y que llevara a sus dibujos el pintor holand√©s Escher. Ese bosquejo se expresa aqu√≠ a trav√©s de unos poemas de enorme impacto visual, a veces con alegor√≠as tomadas de la imaginer√≠a surrealista, fogonazos que ilustran este espl√©ndido poemario gr√°fico.

La figura de la escalera se ha utilizado tambi√©n con una interpretaci√≥n religiosa. Ha servido como representaci√≥n de un puente hacia alguna forma de vida despu√©s de la muerte en el discurso de la mayor√≠a de las religiones. Es una imagen recurrente: la b√≠blica Escalera de Jacob, la Escala por la que asciende Mahoma a los cielos, la escalera de siete metales diferentes del mitra√≠smo, el sendero budista que asciende al cielo convertido en escalera y luego en √°rbol, la pir√°mide escalonada de los sacrificios mayas, la diminuta escalera dog√≥n que conecta con los antepasados. Por supuesto, la escalera de este libro es profana, m√°s espiritual que dogm√°tica, porque la relaci√≥n con nuestra trascendencia es, aqu√≠, personal y privada. Aunque est√© impregnada del patrimonio cultural compartido que utiliza como lenguaje para entendernos: √°ngeles de la guarda, tablas de la ley, esqueletos que actualizan -con iron√≠a- el motivo del cr√°neo sobre el libro (aqu√≠ unas ‚Äúhojas amarillas de papel reciclado‚ÄĚ) que, en las pinturas barrocas de vanitas, simbolizaba la insignificancia de la creaci√≥n humana. No hay m√°s all√°, s√≥lo lo que ocurre: ‚ÄúEste bien / se extinguir√° con el uso. / Yo solo puedo hablaros de esta eternidad‚ÄĚ. Frente a una ideolog√≠a conformista, que propone sobrevivir aplaz√°ndolo todo a una recompensa ‚Äúen otra vida‚ÄĚ, esta escalera plantea como motor vital algo tan poderoso, tan activo, como el instinto: ‚Äúuso mi miedo a la desaparici√≥n / para seguir aqu√≠‚ÄĚ. Frente a la pasividad, la acci√≥n, el movimiento. Escribi√≥ H√∂lderlin, el poeta esquizofr√©nico y tremendamente religioso que, con otra cita, inicia este libro: ‚ÄúAll√≠ donde crece el peligro crece tambi√©n la salvaci√≥n‚ÄĚ. En esta escalera sin descansillos hay, sin embargo, barandillas y pasamanos. Tambi√©n las escaleras implican vecindad. No son espacios de uso solitario. En estos escalones que descienden hacia arriba hemos encontrado el alivio de los otros, estremecimientos, fogosidad, viveza, ese vivir en diminutivo, cre√≠ble. Dir√° David Eloy Rodr√≠guez: ‚ÄúLo vulnerable, lo precario, lo fr√°gil, / en ocasiones sabe ser invencible‚ÄĚ.

 

En este enlace,¬† de la revista literaria italiana¬†Carteggi Letterari, encontramos algunos poemas de “Escalones que descienden hacia arriba” en castellano y tambi√©n en italiano, con la traducci√≥n de Lorenzo Mari.