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Angel pinto 1
Fotografía: Africa Mayi Reyes (CC BY-ND 2.0)

OVIEDO 2 ‚Äď 1 C√ĀDIZ

La afici√≥n al deporte es una trivialidad rellena de pasiones y de rivalidades no menos triviales o impostadas (pero ojo, lo de la manzana de Eva tambi√©n era una trivialidad y ya ven c√≥mo termin√≥ la cosa: con Ad√°n fichando en la f√°brica a las siete de la ma√Īana).

Una de esas rivalidades de nuevo cu√Īo, inexplicables y enmara√Īadas, es la que enfrenta al Oviedo y al C√°diz en los √ļltimos tiempos. Un play off por aqu√≠, unas declaraciones por ac√°, unos aficionados sin entrada un poco m√°s all√° y‚Ķ ¬°voil√†!, enemigos eternos.¬†

En esta pareja mal avenida los gaditanos est√°n desempe√Īando el papel menos airoso y as√≠, en los enfrentamientos con los carbayones, salen (salimos) a sofoco por partido. Para no romper la tradici√≥n, el equipo de Cervera ha cosechado una nueva derrota en el encuentro disputado esta tarde en el Carlos Tartiere.

Saltaban al campo dos onces confeccionados con retales. Los locales intentaban tapar la ausencia de importantes titulares lesionados, como Berj√≥n o Mossa. Los visitantes se lam√≠an las heridas de la cruenta batalla con el Mallorca la semana anterior. Carmona y el reci√©n fichado Mach√≠s cubr√≠an las bajas de los sancionados Correa y Jairo y ambos desempe√Īar√≠an papeles cruciales en el choque, aunque de signo bien distinto.¬†

En los primeros compases Darwin Mach√≠s confirm√≥ la fama que le preced√≠a: una internada por la izquierda (tras robo y carrera de cincuenta metros) termin√≥ en un testarazo de Vallejo que pudo ser gol o no, seg√ļn el lugar de nacimiento del observador (m√°s que gol fantasma, yo dir√≠a que fue un gol de Schr√∂dinger). No parec√≠a mal plantado el C√°diz que, sin embargo, fue v√≠ctima de su particular maldici√≥n asturiana en el minuto 13 (para m√°s inri): a la salida de un c√≥rner, Cifuentes solo pudo despejar el remate de Alan√≠s. Carlos Hern√°ndez se adelant√≥ a Sergio S√°nchez para anotar el primer gol.

Pese al palo en el lomo, no se descompusieron los amarillos. Con intensidad y confianza, apoyados en un espectacular Machís, consiguieron acercarse varias veces con peligro al área de Champagne. Por fin, en el minuto 41, una triangulación meritoria entre Vallejo y Lekic fue culminada con calidad y templanza por el venezolano. 

Parecía un gol psicológico. 

Parecía el gol que nos proporcionaría la tranquilidad. 

Parecía, pero no fue. 

En el minuto siguiente, Carmona se hizo un verdadero l√≠o ante B√°rcenas que, haciendo honor a su apellido, le rob√≥ el bal√≥n. El disparo del paname√Īo fue, de nuevo, repelido blandamente por Cifuentes. En la ruleta que todo rechace as√≠ constituye, el premio fue a parar a los pies de Diego, que no tuvo m√°s que empujar el bal√≥n a puerta vac√≠a.¬†

Y es que la actuaci√≥n de la zaga del C√°diz, al completo, ha sido impropia de un aspirante al ascenso: inseguro Cifuentes, nefasto Carmona, dubitativo S√°nchez, blando Keco, despistado Brian. Que una l√≠nea tan solvente haya cuajado un partido tan p√©simo solo puede achacarse a lo sobrenatural…¬†

De modo que al final, el verdadero gol psicológico lo materializó el Oviedo y no el Cádiz, que se retiró al descanso con una herida anímica de consideración. 

En la reanudación, Machís volvió a demostrar que su nivel está muy por encima de la media: su disparo lejano fue rechazado por Champagne con dificultades. 

Sin embargo, esta ocasi√≥n temprana fue el canto del cisne amarillo. Pese a que Cervera introdujo varios cambios ofensivos (√Ālex, Querol, Aketxe) el equipo pareci√≥ emocionalmente desconectado y apenas si dio se√Īales de vida en la segunda mitad.¬†

El Oviedo, en cambio, apoyado en la buena actuaci√≥n de Tejera y, sobre todo, Carlos Mart√≠nez, conserv√≥ el esf√©rico sin demasiadas complicaciones y el encuentro se fue diluyendo entre la satisfacci√≥n del p√ļblico local y la decepci√≥n del pu√Īado de animosos aficionados amarillos que se encontraban en las gradas del Tartiere.¬†

El choque deja sensaciones agridulces: por un lado, parece indiscutible que Machís está llamado a convertirse en la vedette del equipo, aumentando en varios grados nuestro poder atacante. Por otro, la fragilidad de la zaga exige un análisis calmado: si queremos crecer desde la defensa, no podemos repetir esperpentos como el de hoy. 

Y es que, a menudo, las maldiciones no son más que una suma de fallos propios y aciertos ajenos. Crucemos los dedos para que la cosa mejore. 

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Airon post
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Llevo unos días en los que me asedia una marea de incógnitas que no soy capaz de despejar y voy a aprovechar esta ocasión para compartir mi frustración con vosotros y vosotras. Y además, gratis. Aunque antes me gustaría plantear unas cuestiones sencillas:

¬ŅOs gusta el hummus o sois m√°s de cochinillo al horno? ¬ŅUna buena pizza margarita o mejor unos ¬†rollitos de primavera y una docena de piezas de sushi? ¬ŅSois amantes del r&b, el jazz y/o el blues? ¬ŅOs cubr√≠s la garganta del fr√≠o poniente con una kufiyya -un pa√Īuelo palestino- o quiz√° us√°is un turbante como manera ‘cool’ y moderna de recogeros la melena? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, as√≠ es- pas√°is a la siguiente ronda.

¬ŅSois de Oriente Medio, Segovia o N√°poles? ¬ŅHab√©is nacido en alguna parte de China o Jap√≥n? ¬ŅTen√©is un pasado como recolectores de algod√≥n esclavizados en alguna campi√Īa del noreste de los Estados Unidos? ¬ŅOs han bombardeado vuestra casa los israel√≠es o quiz√° sois seguidores del sijismo? Si respond√©is afirmativamente a alguna(s) de estas preguntas -en mi caso, no es as√≠-, enhorabuena (excepto a esclavos, bombardeados y refugiados). Llev√°is vuestras ra√≠ces, cultura y creencias all√° donde vais, con el fin de expandirlas y enriquecer al resto de vuestros coet√°neos. ¬ŅO no era tambi√©n esa una de las ventajas -por desgracia, menospreciada- de la globalizaci√≥n y el consiguiente intercambio cultural entre naciones?

Hay dos palabras que, unidas, plantean justamente lo contrario: apropiaci√≥n cultural. Su simple uso conjunto ya es una aberraci√≥n. La cultura, en general, no tiene due√Īo. Al menos, no deber√≠a tenerlo. Las composiciones, ya sean musicales, literarias, gr√°ficas y/o cualquier recurso art√≠stico creado en el desarrollo de su actividad s√≠, porque son una creaci√≥n personal. Pero la identidad cultural es -y debe ser- tan libre como la identidad sexual o la identidad de g√©nero. La posibilidad de identificarnos con cualquier cultura de otra parte del planeta no es sino una virtud de nuestra globalizaci√≥n y no debemos minimizarla, porque es la √ļnica riqueza que a√ļn podemos repartirnos libremente.

Sin embargo, no son pocas las voces que se desgarran en grito contra Rosal√≠a y dem√°s artistas contempor√°neos bajo la acusaci√≥n de mancillar la cultura y tradiciones andaluzas, por citar un ejemplo de actualidad. Este posicionamiento -siempre m√°s arraigado en entornos conservadores- se asemejar√≠a demasiado a una especie de ‘nacionalismo cultural’, en el que excluir de nuestra cultura a aquellos que no consideramos dignos. Y recuerden bien que los nacionalismos ‘de derechas’ no son constructivos porque son ‘de derechas’ y los nacionalismos ‘de izquierdas’ tampoco lo son porque son ‘de derechas’.

Dicho esto, no consigo entender cómo, en estos tiempos tan convulsos -política y económicamente-, la izquierda sigue cayendo en el error de llevar como armadura esa piel tan fina y, cómo esgrime la corrección política. Cierta izquierda plantea su lucha abanderando el bienquedismo y no parece percatarse de que está construyendo un camino moralizante hasta unos límites en los que su propia satisfacción ética se ha vuelto suicida.

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Editorial postFoto: Jes√ļs Mass√≥

Este √ļltimo n√ļmero del a√Īo representa un fin de ciclo para ETP. En el pr√≥ximo n√ļmero, el 40, presentaremos nueva imagen, nueva direcci√≥n editorial y una mayor presencia de lo visual. Por otra parte, El Tercer Puente, ya constituido como cooperativa,¬†emprender√° nuevos proyectos editoriales, organizaci√≥n de eventos e iniciativas culturales de¬†los que informaremos en su momento. En todo caso, no se modificar√°n las esencias que nos¬†hicieron nacer: el fortalecimiento de un pensamiento cr√≠tico y aut√≥nomo, la creencia en el¬†com√ļn, la construcci√≥n colectiva de ciudad, la creaci√≥n de espacios para aquellas personas¬†fueras del centro de poder, para quienes est√°n en la periferia, en los m√°rgenes, en las afueras.

Despu√©s de tres a√Īos en el gobierno municipal, el equipo actual ya ha comprobado que el¬†sistema est√° blindado para no autotransformarse. Desde la propia instituci√≥n es imposible¬†cambiar estructuras si no se cuenta con esa imaginaci√≥n constructiva, evolutiva y progresista de¬†la que algunos t√©cnicos, la oposici√≥n, algunos concejales del propio equipo de gobierno,¬†algunos medios y, sobre todo, las propias normas de configuraci√≥n sist√©mica carecen o quieren¬†carecer para mermar las posibilidades de acci√≥n de gobierno municipal en nombre de una falsa¬†√©tica y hacerle, a la vez, el trabajo a una oposici√≥n destructiva.

Por ello, es más urgente que nunca crear canales con las afueras. Sacar al Ayuntamiento de San Juan de Dios mientras se deja entrar a la ciudad en el consistorio, pregunte la oposición lo que pregunte o levanten las  sospechas que quieran los medios que se dedican a esos menesteres. Sin miedo a los terroristas morales. Sin miedo al diálogo y al debate. Sin miedo a la colaboración abierta y nominal. Hay muchas asociaciones, colectivos, particulares que trabajan de manera altruista por la ciudad y hay que darles espacio. Modificando los acuerdos y las normas que haya que modificar y con la cabeza bien alta.

El Tercer Puente asume sus responsabilidades ante la llegada de las próximas elecciones y se rearma en su propia base genética: la calle y lo excéntrico como elementos esenciales de creación de sentido para el gobierno colectivo de una ciudad. Este ETP#39 es un ejemplo más.

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Manuel ruiz

Hallar la casa, de Beatriz Viol (Endymion, 2018), II Premio Himilce de poesía escrita por mujeres, 68 páginas, ISBN: 978-84-7731-620-6, 15 euros

En el juego infantil del escondite, la casa es la pared, el poste o el √°rbol donde la ni√Īa o el ni√Īo que ha de encontrar a los que se han escondido, cuenta de espaldas ‚Äďhasta diez, hasta cien-, con los ojos cerrados, antes de empezar a buscarlos. El que no se ha escondido tiempo ha tenido. Cuando alguien es descubierto en su escondrijo a√ļn puede salvarse, si corre m√°s que quien lo persigue y llega antes a tocar ese poste o ese √°rbol, convertidos en casa y refugio por las reglas del juego. En su lejan√≠simo origen el escondite, que los griegos llamaron jugar a la huida, serv√≠a como iniciaci√≥n a la caza, es decir a la autonom√≠a y a la supervivencia, en un tiempo en que a√ļn √©ramos n√≥madas y la casa viajaba con nosotros, para perseguir lo que pod√≠a alimentarnos.

El hermos√≠simo √ļltimo libro de poemas de Beatriz Viol, Hallar la casa, comienza extranjera en otro pa√≠s, rebuscando los frutos ca√≠dos de un casta√Īo que, en lo que tambi√©n tiene de familiar, es el √°rbol-casa que nos acoge y salva de un juego con normas que no siempre pudimos escoger. El poemario no ahondar√° tanto en el motivo de esa migraci√≥n ‚Äďen cualquier caso, una necesidad- como en sus consecuencias m√°s personales. Con una naturalidad que consigue compartir, sin aspavientos, esa mezcla de sentimientos de nostalgia, asombro, dolor o humildes felicidades que tantas veces produce ser extra√Īa en el lugar donde se vive. Para empezar hay que volver a renombrarlo todo. Esa inmersi√≥n en un lenguaje virgen, sin connotaciones a√ļn, sin desgastes, permite mirar con sorpresa lo cotidiano, como si acabara de inventarse para su uso. ¬†Poner en duda la exactitud con la que los nombres se√Īalan las cosas o las emociones, para empezar a acerc√°rnoslas en su flamante descubrimiento. Tambi√©n para recontar las carencias, el denso espacio que ocupan. En su lugar, habitar un universo nuevo que se expande en el vac√≠o. Escribe Beatriz Viol: ‚Äúel vac√≠o es libre. Se dispone a las posibilidades‚ÄĚ.

Lejos de casa debemos procurarnos otra casa, ponerse a cubierto de la intemperie, que es el fr√≠o y los sentimientos que hielan -la soledad, la apat√≠a, lo distante-, pero tambi√©n los barrotes de ‚Äúignorar lo que una quiere‚ÄĚ. Una jaula no es casa. Cuando asumimos que la ocupaci√≥n de esas casas es temporal, otro tr√°nsito m√°s, no emprendemos grandes reformas, no las adaptamos ¬†a nuestro gusto o a nuestras exigencias, sino que aprovechamos lo que esa provisionalidad nos proporciona. Hay una simplificaci√≥n exigente con lo que acumulamos, por lo que nos podr√≠a entorpecer en la siguiente mudanza. Nunca lleven consigo nada cuya p√©rdida les resulte irreparable, aconsejaba ‚Äďmuy aproximadamente- ese escritor de gu√≠as de viaje que, en su particular huida del abatimiento, protagonizaba El turista accidental. En uno de los m√°s brillantes poemas de este Hallar la casa, se enumeran unos objetos que recuerdan situaciones y personas que permanecen en su importancia. Es un ba√ļl de tesoros verdaderos sobre una mesita de noche. A veces, de alguien, lo que recordamos para siempre es una emocionante nimiedad, porque la vida se endulza de momentos min√ļsculos: una conversaci√≥n nocturna sobre el origen de la cerveza, un desayuno antes de viajar de nuevo, unos zapatos descoloridos por la lluvia. La amistad o el amor son lo contrario a la intemperie. As√≠, compartiendo su cercan√≠a, nos presenta a sus propias ‚Äúpersonas que se vuelven casa‚ÄĚ. Esas personas preciosas que encontramos en nuestras diversas mudanzas ‚Äďf√≠sicas o emocionales- y nos acogen, refuerzan, sostienen y alientan con su compa√Ī√≠a. Que nos cuidan. Tambi√©n son tiempos para que los afectos ocupen una geograf√≠a cada vez m√°s grande: ‚Äúhemos de llevar muy adentro las casas que fueron los que ahora viven lejos‚ÄĚ. Hallar la casa plantea una reflexi√≥n sutil sobre el sentido actual de pertenencia a una comunidad basada s√≥lo en el territorio, que no incluya las relaciones que entretejemos. Ya no somos s√≥lo de un lugar, como no est√°n en un √ļnico sitio nuestros apegos. Tambi√©n el viaje nos cambia, como el tiempo fuera altera el lugar del que salimos. Ya es otro por sus p√©rdidas, ya nos sabemos diferentes en lo que hemos encontrado nuevo. Al cabo, propone reconocer en el propio cuerpo nuestra casa m√°s estable. Una casa por habitar, c√°lida, colorida, confortable que, ocupada, ‚Äúinvite a la celebraci√≥n‚ÄĚ.

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Fotografía: José Montero

Tras el shock de las elecciones andaluzas, lo primero que me sorprendi√≥ fue que, nada m√°s conocerse los resultados, un minuto despu√©s, las redes ya estuvieran repletas de explicaciones que parec√≠an tenerlo todo muy claro. Es fant√°stico vivir en un pa√≠s de expertas y expertos‚Ķ ‚Äúa toro pasao‚ÄĚ. La segunda sorpresa fue la ausencia casi total de autocr√≠tica: las culpas de las derrotas siempre son ajenas, de las dem√°s, de los otros.

En todo caso, contuve mi impulso de sumarme al ruido general y decidí tomarme un tiempo para escuchar, leer, pensar… antes de decir nada.

Ya han pasado unos d√≠as, y todos los an√°lisis que he le√≠do y escuchado sobre las causas de la emergencia del neofascismo en nuestra tierra me parecen muy interesantes, y todos tienen -en mi opini√≥n- su parte de raz√≥n: el desconcierto y la confusi√≥n global; el miedo a un futuro incierto; el desencanto por las expectativas no cumplidas; la baja formaci√≥n pol√≠tica de la mayor√≠a social; la manipulaci√≥n de las redes sociales y los medios masivos de comunicaci√≥n; la p√©rdida de cualquier vestigio de √©tica en una derecha instalada en la mentira; la exacerbaci√≥n de los bajos instintos nacionalistas; ¬†el agotamiento del r√©gimen clientelar del PSOE en Andaluc√≠a; la divisi√≥n y el cainismo hist√≥rico de las izquierdas; la fragmentaci√≥n de las diversidades, carentes de un eje com√ļn transversal; la polarizaci√≥n de las energ√≠as en la conquista y gesti√≥n de las instituciones y el consiguiente alejamiento de la calle; la ausencia de un proyecto alternativo e ilusionante ante la descomposici√≥n del estado de bienestar que alienta el neoliberalismo…

Todas esas -y otras muchas- causas merecen reflexión. Todas están conectadas y se refuerzan entre sí. No caben interpretaciones simplistas. La mirada ha de ser necesariamente compleja, como los tiempos que vivimos.

Pero, más allá de la necesidad de entender las causas (condición necesaria para no repetir errores), me parece que el objetivo de la reflexión no debe ser buscar responsables en quienes cargar la culpa, sino aprender la lección y vislumbrar qué hemos de hacer quienes decimos querer cambiar este mundo desigual e injusto.

Descarto, pese a que todavía anden sueltos muchos revolucionarios de gatillo verbal fácil, cualquier cambio violento, no solo por razones éticas, sino porque quienes poseen las armas son los poderosos y el uso de la violencia me parece desesperado y suicida. En fin, modo talibán.  

Pero, si la meta fuera ganar elecciones y ocupar las instituciones, para, desde all√≠, cambiar el mundo, tambi√©n lo veo crudo, porque ese juego lo dominan de largo las derechas y tienen mucho dinero y todos los medios de masas a su favor, adem√°s de que el electoralismo envenena f√°cilmente con sus trampas a quien lo practica, y porque, por √ļltimo, las instituciones est√°n pensadas para sostener el sistema y que nada (fundamental) cambie.

El objetivo cortoplacista de conseguir votos a cualquier precio, nos obligar√≠a asimismo a ocultar un dato esencial: en los pr√≥ximos 15 o 20 a√Īos vamos a ver crecer, a√ļn m√°s, la explosi√≥n del desorden, la crisis socioambiental, el agotamiento de los recursos limitados, el colapso de un sistema insostenible, el final de una era… Nada va a ir a mejor. Y con ese mensaje que nadie quiere o√≠r y que los m√°s poderosos -con todos sus medios- se empe√Īan en negar sistem√°ticamente, es dif√≠cil conseguir muchos votos.

Pero, si como apunta Yayo Herrero, la pregunta fundamental fuera: “¬ŅQu√© podemos hacer para garantizar condiciones de vida digna para las mayor√≠as sociales ‚ÄĒalimento, vivienda, tiempo para los proyectos propios, educaci√≥n, salud, poder colectivo, corresponsabilidad en los cuidados‚Ķ‚ÄĒ en un planeta parcialmente agotado y con un calentamiento global irreversible? “. Si esa fuera la cuesti√≥n principal, entonces parecen m√°s claros ciertos “quehaceres”.

Uno de los primeros, también lo apunta Yayo, es construir -con cierta urgencia, porque el tiempo se acaba- el entendimiento y el acuerdo entre quienes queremos otro mundo posible.

Y eso significa encuentro y escucha, acabar con el ruido y emprender el diálogo, conocernos, reconocernos y ejercitar la empatía, renunciar a la unanimidad y la uniformidad -que son incompatibles con la diversidad y con la vida- para apostar por los amplios consensos, por los acuerdos de mínimos.

Este quehacer se me antoja uno de las m√°s dif√≠ciles porque persisten enquistados en nuestras mentalidades -si no en el ADN- muchos de los viejos vicios: los egos desmedidos, los prejuicios, los sectarismos y dogmatismos, el af√°n de poder, la ambici√≥n hegem√≥nica, los protagonismos… Pero hay que intentarlo sin descanso y lograrlo a toda costa.

Otro quehacer urgente ser√° poner en pie las alternativas al sistema que se agota, empezar a construir el futuro sin esperar a conquistar las instituciones. Levantar y hacer posibles miles de proyectos y espacios “liberados” del capitalismo, donde YA se produzca y se consuma de otra forma, y se viva YA en armon√≠a entre las personas y con el planeta, poniendo la vida en el centro.

Esa tarea, sin ser tampoco fácil, tiene la ventaja de que está iniciada. Son miles, cientos de miles, los colectivos que, en todo el mundo, están en ello. Desde hace más de dos décadas crecen las iniciativas y proyectos alternativos. Y podemos aprender de sus aciertos y errores. De nuevo, el encuentro, el aprendizaje mutuo y el trabajo en red se evidencian como quehaceres prioritarios.

También, esa tarea de multiplicación y visibilización de las alternativas altermundistas en marcha, puede ayudarnos a superar la imagen derrotista y catastrofista, de aguafiestas, que quieren endilgarnos los poderes fácticos de este mundo. Frente a la fiesta del derroche y el consumismo sin límites, que niega la felicidad a millones y millones de personas, un futuro de valores alternativos en los que predomine la calidad (de las relaciones, de lo que comemos, lo que respiramos, lo que convivimos, lo que compartimos…) puede llegar a ser una expectativa positiva e ilusionante para muchísima gente.

Así pues, prioridad para construir lo nuevo y no tanto para conseguir votos. Eso no significa que deban abandonarse las instituciones, ni la lucha por ganar los espacios de poder que podamos dentro de este sistema en descomposición. Las instituciones pueden facilitar o dificultar esa puesta en pie de las alternativas (de ahí la importancia de no abandonarlas), pero no se pueden hacer depender de ellas, de sus tiempos, sus inercias y sus burocracias. La iniciativa debe ser de la gente, de los colectivos y asociaciones ciudadanas, de los movimientos sociales. No hay otro modo.

Y, para que todo ello sea posible, vuelve a surgir, como un quehacer fundamental, el encuentro y el acuerdo. Nunca hubo otro camino -la historia de las mejores conquistas y logros de la humanidad es la historia de la organización de los débiles- pero ahora solo cabe recorrerlo desde premisas nuevas.

Es preciso construir nuevas formas de relaci√≥n y organizaci√≥n, nuevos v√≠nculos dentro de cada comunidad -grande o peque√Īa- y entre comunidades, nuevas conexiones y redes. Ya no m√°s, como dec√≠a antes, la uniformidad y la unanimidad. Las organizaciones p√©treas, monol√≠ticas, son cosa del pasado. En su rigidez anida su muerte, su anquilosamiento inevitable, en un tiempo de cambios permanentes. Solo cabe construir formas de organizaci√≥n flexibles, abiertas, l√≠quidas, como predijo Bauman.

Hemos de aprender a gestionar la diversidad desde la diversidad. La inteligencia colectiva, imprescindible para construir el futuro, solo puede ser diversa, plural. Y eso significa -y ahí aparece un nuevo quehacer- que hemos de aprender a participar, a trabajar en equipo, a cooperar… desde el respeto al otro, desde la democracia participativa y radical. Que nadie lo de por supuesto o por sabido, todos y todas hemos de desaprender a competir, primero, para aprender a cooperar, después.

Del mismo modo que hemos de anticipar ya, cuanto antes, las nuevas formas de vida, de producción y consumo, hemos de hacerlo anticipando ya las nuevas formas de cooperación y organización necesarias para lograrlo. No cabe construir el futuro con las viejas herramientas organizativas. Aprender de ellas, si, pero para cambiarlas en todo lo que sea preciso, abandonando sin nostalgias todas las formas y lenguajes del pasado que ya no sirvan para sembrar un futuro mejor.

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Porlanpost (luis quintero)
Fotografía: Luis Quintero

La idea s√≥lo existe en virtud de su forma, dec√≠a don Gustavo Flaubert. Su frase, luminosa, m√°s propia de un fil√≥sofo que de un novelista, expresa como ninguna la naturaleza del impulso art√≠stico, esa pat√©tica y hermosa incontinencia de los humanos para dar forma a sus ideas. Voy a hablar de un artista ausente, de un gaditano inclasificable que nos dej√≥ solos en el mundo hace algo m√°s de un a√Īo: el malogrado Luis Quintero Brea, de cuya amistad goc√© bastantes a√Īos, aunque no todos los que hubiese querido.

El consuelo del artista ante la muerte es que su obra le sobrevive, pero cuando ¬†parte de esa obra es p√ļblica e incluye varios monumentos en una ciudad peque√Īa ‚Äďcaso de Quintero y de C√°diz‚Äď el consuelo real es para quienes lo apreciaron en vida, porque su recuerdo se impone como algo f√≠sico cuando uno pasea sin rumbo fijo por C√°diz y se topa con alguno de sus trabajos. S√© que le ocurre lo mismo a la legi√≥n de amigos a los que ha dejado hu√©rfanos.

Paseo por Puerta Tierra y me veo ante su monumento a la Constituci√≥n de 1978, el bautizado por la gente como Jaul√°jaro. Se hizo por el aniversario trig√©simo de aquella ley que cumple ahora el titubeante cuadrag√©simo. Recuerdo que el carnaval del a√Īo siguiente a su inauguraci√≥n calleje√°bamos juntos y nos detuvimos ante una chirigota que parec√≠a prometedora. Como no se sab√≠an bien las letras le pidieron a Luis que sujetara el libreto y √©l acept√≥ servirles de atril. Entonces la chirigota empez√≥ a cantar estos versos:

Mala pu√Īal√° le den

al escultor del pájaro-jaula…  

Luis no se inmutó. Cuando terminaron la actuación, cerró el libreto y se lo devolvió a la agrupación con una sonrisa, diciendo: Que sepáis que el escultor del pájaro-jaula soy yo. Carcajadas, abrazos y un brindis colectivo. Tengo la foto para demostrar que una cosa así sólo pasa en Cádiz.

Hubo demasiadas opiniones tras la inauguraci√≥n del Gran P√°jaro, y falt√≥, en cambio, una estimaci√≥n cr√≠tica de fundamento. Todo se limit√≥ a un intercambio de me gusta, no me gusta, me gusta, no me gusta. Y eso entristeci√≥ a Luis, que se hab√≠a roto la cabeza durante meses buscando el mejor modo de representar pl√°sticamente algo tan poco susceptible de ser poetizado como un conjunto de leyes. Cambi√≥ de idea m√°s de una vez y m√°s de dos. El motor que usaba Luis para sus trabajos el pensamiento po√©tico. Se trataba de un artista conceptual que manejaba la met√°fora como un veh√≠culo intermedio entre la idea y la forma. Ahora que tengo delante el resultado voy a tratar de describirlo. No pretendo acertar en mi interpretaci√≥n ‚Äďaunque tambi√©n‚Äď sino tan s√≥lo transmitir la madeja de conceptos y s√≠mbolos que pueden llegar a verse en esta rica estructura po√©tica.

Lo primero que percibo es una imagen inquietante: veo a un pájaro apoyado en un detonador de dinamita. Es paradójico; no sé si se trata de una alegoría de la paz (la paloma se ha posado sobre la herramienta de destrucción) o de una amenaza inminente si tomo en cuenta la fuerza y la pesadez que transmiten las patas del pájaro y que parecen capaces de hacer bajar el detonador.

Pero lo que veo por encima me tranquiliza. El resto del p√°jaro no se corresponde en absoluto con el rigor, con el poder ni con el peso de esas patas. Es una estructura enrejada con el aspecto de un ave, de un p√°jaro peque√Īo, un pinz√≥n o un gorri√≥n, emblema eterno de la libertad. La libertad con patas de √°guila o de grifo, la libertad apoyada en la fuerza, de eso estamos hablando al parecer. Queremos garantizar nuestro anhelo de ser libres bas√°ndonos en la fuerza. La estatua que corona el cimborrio del Capitolio americano es una alegor√≠a que lleva por t√≠tulo de La Libertad Armada. Esa parte pesada del Gran P√°jaro no es libertad, sino arma, miedo o necesidad de seguridad, lo que es muy parecido. La libertad est√° por encima: es la jaula. Y la jaula es la Constituci√≥n, que delimita con sus barrotes legales un peque√Īo volumen de libertad convenido. Construimos una jaula defensiva, una jaula para protegernos de los tiburones. Es un extra√Īo modo de proteger nuestra libertad √©ste de encarcelarla, y un extra√Īo proyecto el de aprender a ser libres en el interior de una c√°rcel, donde s√≥lo se puede desear ser libre. Ah, pero cuando el deseo te acerca a los barrotes, y ves reflejado en su pulida brillantez quir√ļrgica el gesto amenazador de los que dejas atr√°s, dudas. Y si al final decides trasponerlos, prep√°rate.

Pero la historia tiene un final feliz. La jaula tiene una puerta pensada y construida para ser abierta a partir de la llamada de un m√≥vil. Su autor la concibi√≥ como un efecto interactivo de quien saluda a la libertad: el coste de la llamada ir√≠a a parar a una organizaci√≥n pro derechos humanos y contribuir√≠a a sacar presos de conciencia en todo el mundo. Abrir esa peque√Īa puerta de libertad resultar√≠a un gesto simb√≥lico muy apropiado en las mismas puertas de la que llaman Ciudad de la Libertad, y un dinero mucho mejor empleado que las in√ļtiles monedas que se tiran a la fontana di Trevi.