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Angel pinto 1
Fotografía: Africa Mayi Reyes (CC BY-ND 2.0)

OVIEDO 2 ‚Äď 1 C√ĀDIZ

La afici√≥n al deporte es una trivialidad rellena de pasiones y de rivalidades no menos triviales o impostadas (pero ojo, lo de la manzana de Eva tambi√©n era una trivialidad y ya ven c√≥mo termin√≥ la cosa: con Ad√°n fichando en la f√°brica a las siete de la ma√Īana).

Una de esas rivalidades de nuevo cu√Īo, inexplicables y enmara√Īadas, es la que enfrenta al Oviedo y al C√°diz en los √ļltimos tiempos. Un play off por aqu√≠, unas declaraciones por ac√°, unos aficionados sin entrada un poco m√°s all√° y‚Ķ ¬°voil√†!, enemigos eternos.¬†

En esta pareja mal avenida los gaditanos est√°n desempe√Īando el papel menos airoso y as√≠, en los enfrentamientos con los carbayones, salen (salimos) a sofoco por partido. Para no romper la tradici√≥n, el equipo de Cervera ha cosechado una nueva derrota en el encuentro disputado esta tarde en el Carlos Tartiere.

Saltaban al campo dos onces confeccionados con retales. Los locales intentaban tapar la ausencia de importantes titulares lesionados, como Berj√≥n o Mossa. Los visitantes se lam√≠an las heridas de la cruenta batalla con el Mallorca la semana anterior. Carmona y el reci√©n fichado Mach√≠s cubr√≠an las bajas de los sancionados Correa y Jairo y ambos desempe√Īar√≠an papeles cruciales en el choque, aunque de signo bien distinto.¬†

En los primeros compases Darwin Mach√≠s confirm√≥ la fama que le preced√≠a: una internada por la izquierda (tras robo y carrera de cincuenta metros) termin√≥ en un testarazo de Vallejo que pudo ser gol o no, seg√ļn el lugar de nacimiento del observador (m√°s que gol fantasma, yo dir√≠a que fue un gol de Schr√∂dinger). No parec√≠a mal plantado el C√°diz que, sin embargo, fue v√≠ctima de su particular maldici√≥n asturiana en el minuto 13 (para m√°s inri): a la salida de un c√≥rner, Cifuentes solo pudo despejar el remate de Alan√≠s. Carlos Hern√°ndez se adelant√≥ a Sergio S√°nchez para anotar el primer gol.

Pese al palo en el lomo, no se descompusieron los amarillos. Con intensidad y confianza, apoyados en un espectacular Machís, consiguieron acercarse varias veces con peligro al área de Champagne. Por fin, en el minuto 41, una triangulación meritoria entre Vallejo y Lekic fue culminada con calidad y templanza por el venezolano. 

Parecía un gol psicológico. 

Parecía el gol que nos proporcionaría la tranquilidad. 

Parecía, pero no fue. 

En el minuto siguiente, Carmona se hizo un verdadero l√≠o ante B√°rcenas que, haciendo honor a su apellido, le rob√≥ el bal√≥n. El disparo del paname√Īo fue, de nuevo, repelido blandamente por Cifuentes. En la ruleta que todo rechace as√≠ constituye, el premio fue a parar a los pies de Diego, que no tuvo m√°s que empujar el bal√≥n a puerta vac√≠a.¬†

Y es que la actuaci√≥n de la zaga del C√°diz, al completo, ha sido impropia de un aspirante al ascenso: inseguro Cifuentes, nefasto Carmona, dubitativo S√°nchez, blando Keco, despistado Brian. Que una l√≠nea tan solvente haya cuajado un partido tan p√©simo solo puede achacarse a lo sobrenatural…¬†

De modo que al final, el verdadero gol psicológico lo materializó el Oviedo y no el Cádiz, que se retiró al descanso con una herida anímica de consideración. 

En la reanudación, Machís volvió a demostrar que su nivel está muy por encima de la media: su disparo lejano fue rechazado por Champagne con dificultades. 

Sin embargo, esta ocasi√≥n temprana fue el canto del cisne amarillo. Pese a que Cervera introdujo varios cambios ofensivos (√Ālex, Querol, Aketxe) el equipo pareci√≥ emocionalmente desconectado y apenas si dio se√Īales de vida en la segunda mitad.¬†

El Oviedo, en cambio, apoyado en la buena actuaci√≥n de Tejera y, sobre todo, Carlos Mart√≠nez, conserv√≥ el esf√©rico sin demasiadas complicaciones y el encuentro se fue diluyendo entre la satisfacci√≥n del p√ļblico local y la decepci√≥n del pu√Īado de animosos aficionados amarillos que se encontraban en las gradas del Tartiere.¬†

El choque deja sensaciones agridulces: por un lado, parece indiscutible que Machís está llamado a convertirse en la vedette del equipo, aumentando en varios grados nuestro poder atacante. Por otro, la fragilidad de la zaga exige un análisis calmado: si queremos crecer desde la defensa, no podemos repetir esperpentos como el de hoy. 

Y es que, a menudo, las maldiciones no son más que una suma de fallos propios y aciertos ajenos. Crucemos los dedos para que la cosa mejore. 

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Como es bien sabido, el movimiento mereci√≥ una atenci√≥n intelectual preferente entre los primeros fil√≥sofos griegos, que vincularon el cambio ‚ÄĒel devenir de la realidad misma‚ÄĒ precisamente al movimiento. ‚ÄúNada cambia sin movimiento de por medio‚ÄĚ, podr√≠a ser el axioma exitoso de aquellos remotos pensadores. Paralelamente, por aquel entonces, aparece tambi√©n el rechazo a la idea de movimiento, y, en consecuencia, la aversi√≥n al cambio. Extrapolando, y tal vez forzando un poco las cosas, podr√≠amos decir que en aquellos momentos surge tambi√©n esa actitud conservadora (ahora dir√≠amos reaccionaria) de toda la vida, que niega los valores y la fecundidad del movimiento y su relaci√≥n con el cambio.

jaime rosales
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

Dicen las cr√≥nicas librescas que la soluci√≥n a esta pol√©mica la aport√≥ Arist√≥teles‚Ķ Pero a pesar de tan ilustre autor√≠a, aquella pretendida soluci√≥n no sirvi√≥, a lo que se ve, para dirimir definitivamente en la controversia. Andando el tiempo, la aversi√≥n al movimiento y al cambio se mantuvo viva como se√Īa de identidad de la intolerancia y la cerraz√≥n. Ya en √©poca tard√≠a (bien entrado el s. XVII) asistimos a la c√©lebre, aunque posiblemente ap√≥crifa, autoexculpaci√≥n (¬°Eppur si muove!) de Galileo ante el inquisitorial tribunal que lo juzgaba por, precisamente, defender el movimiento  de la Tierra, contra la concepci√≥n inmovilista de los ultraconservadores de entonces, que pretend√≠an un planeta Tierra y un universo inertes, congelados, en permanente letargo y quietud.

Y el caso preocupante es que hoy andamos enredados a√ļn en aquella vieja controversia que, hist√≥ricamente, desde el intelecto fue bajando, bajando, hasta anidar en las tripas de determinado tipo de gentes, y de all√≠ acab√≥ enquist√°ndose en las g√≥nadas de reaccionarios y ultraconservadores exaltados, propensos a imponer a los dem√°s el inmovilismo y a impedir todo atisbo de cambio. Es evidente que el movimiento, el cambio, resultan at√°vicamente molestos aun hoy para muchos conciudadanos nuestros, para quienes la √ļnica realidad din√°mica que consideran permisible y deseable es la din√°mica de los mercados, el flujo de capitales, la pujanza de las bolsas‚Ķ

En cambio, est√°n contra cualquier otro movimiento: aborrecen el movimiento migratorio, porque son excluyentes; quieren impedir el desplazamiento de refugiados y parias de la Tierra, porque son crueles; abominan del movimiento feminista, porque son casposamente machistas; pretenden hacer la vida imposible a quienes se mueven por el reconocimiento de las diferencias, porque son intolerantes; cierran los ojos a la realidad del cambio clim√°tico, porque son fan√°ticos de la estabilidad y de las realidades inmutables‚Ķ En definitiva, son anacr√≥nicos, porque no ayudan en nada, sino que entorpecen, la mejora del mundo y de todo cuanto en √©l se mueve…

El problema es que se agrupan bajo aquella tosca divisa que resonó hace poco en el Congreso, y que entonces, como ahora, es capaz de helar el fluido sanguíneo de cualquiera que pretenda moverse: ¡¡Quieto todo el mundo!!

Y as√≠, los hay que pretenden suprimir todo cambio habido desde los tiempos de la Reconquista, nada menos, punto de referencia desde el que aspiran a pastorear el mundo. Otros, cuya exigua memoria hist√≥rica comienza y acaba en los tiempos del paleol√≠tico liberal, quieren someter al letargo y a la par√°lisis todos los derechos  conseguidos superando el toque de queda del inmovilismo, refractario a la justicia, la igualdad y la fraternidad, t√©rminos civilizatorios que vienen grandes a ciertas cabecitas abiertas s√≥lo a la mezquindad de lo individual, de lo diminuto y de lo inm√≥vil. Constituyen la grey de quienes a√Īoran y persiguen aqu√©l imposible e inexistente motor inm√≥vil: dios, el mercado‚Ķ

Saben que ‚Äúnada cambia si nada cambia‚ÄĚ, seg√ļn la acertada frase que he o√≠do, o le√≠do, recientemente no recuerdo d√≥nde. Y ah√≠ est√°n, maquinando contra todo cambio, contra todo lo que se mueve. Pero ignoran que las leyes f√≠sicas (cuando est√°n bien formuladas) nos describen un universo en continuo movimiento y permanente cambio‚Ķ, igual que unas leyes sociales (cuando son justas) nos ofrecen la posibilidad de cambio hacia  un mundo de libertad, igualdad y fraternidad, cuya realizaci√≥n s√≠ ser√≠a la soluci√≥n a tan larga y penosa controversia, y que tanto desasosiego ha tra√≠do y sigue trayendo a la gente de buena voluntad de todos los tiempos y de todos los pueblos del planeta Tierra. Planeta que, no lo olvidemos, est√° en permanente movimiento y en continuo cambio, para fortuna de la Vida, que sabemos no prospera en compartimentos estancos, cerrados, ni en ambientes refractarios a la diversidad‚Ķ

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Esther post
Fotografía: Andrés Ramírez

Esther Garboni (Libros de la Herida, 2018)

‚ÄúA mano Alzada‚ÄĚ es una celebraci√≥n del lenguaje. Versos que cantan y cuentan plenitudes y quebrantos, presencias y ausencias, sue√Īos, tentativas, convicciones, fatalidades, fidelidades, asombros, hallazgos, decepciones, desobediencias, fugas, aprendizajes…

Un libro sobre la belleza. Un libro sobre el dolor. Un libro sobre las posibilidades de la escritura y el arte para salvarnos.

Poesía que incumbe, que interpela, que cuestiona y conmueve.

Poesía precisa, sugerente y musical, que pinta, a mano alzada, paisajes imperecederos y firmes en el alma.

Lean. Canten, miren, vivan, celebren.

 

MUJER DE AGUA

¬ŅVienes a lamerme las heridas?
Sabes que soy de papel.
Puedo ense√Īar los dientes
y levantar las alas como aspas de molino,
pero mi sombra es menuda
y vengo rota.
He cruzado la muerte sin quemarme.
Estoy cansada.
Yo era una mujer de agua y te encontré
entre alacranes. No te salvé.
¬°Una mujer de agua y un hombre que la habita!
En oquedades secretas surgían tiernos brotes de poesía,
pero amar pedía sacrificios.
Dejé que sellaras mis labios.
Y te di mi vientre
para el hijo que hoy me robas.
Ahora él me canta lejano:
¬ęMi madre era una flor¬Ľ
y mi alma corre a su encuentro,
mientras atada a la pena
mato mi carne por tenerlo.
No vengas a lamerme las heridas.
Ya no sangran.

 

VIRILIDAD

Si yo fuera hombre,
si mi alma se sacudiese como animal
ante el arco tenso de un cuerpo femenino;
si fueran mías la lejana bravura
de sus huestes, el arte de la guerra,
el furor, el calor, la rabia…
Si mi lengua fuera de fango o de acero
y con permiso pudiera blandirla
sin miedo inmaculado
a gritar mis se√Īas
y agitar con orgullo una bandera,
cualquiera…
Si tuviera una patria…
Si tuviera una voz…
Si pudiera sostener mi llanto y mi sangre,
escapar de genealogías y lutos,
ausentarme por d√≠as o por a√Īos del hogar,
de la vida, de mí mismo…

¬ŅY si, en verdad, soy hombre?
Confieso haber arado con mis brazos desnudos
campos de cieno y campos de trigo
y he firmado con pulso de minotauro
todas mis sentencias.

Hoy creo ser el hombre
que me ha tomado de la mano
y aquel que ha llorado en mi hombro.

Soy quien me besó,
el que mudó mi infancia a casa ajena,
el que encendió mi luz
y el que me lee a oscuras.
También soy, he sido,
el hombre que me hirió.
Y mírame de cerca…
Soy mi padre, soy t√ļ y soy mi hijo.

 

CANCI√ďN DE CUNA

Lloro a los hijos que no parí,
hijos de otros
que parten mi costado y mi vientre en dos.
Su dolor se agarra a mis tobillos
pidiendo la paz,
pero yo solo canto.
Tengo dos manos izquierdas
que quieren transformar el hambre en m√ļsica.
Os amamantaría, susurro,
y es esta condición simple mi tormento,
pero yo solo canto.
Sus peque√Īos pies de barro buscan ra√≠ces
y encuentran cemento en tierra arrasada.
Buscan mi oído
y encuentran pl√°stico.
Alargo mis manos, pero son mis brazos
ramas de negra encina
que no tallar√°n cunas, sino ata√ļdes.
Porque yo solo canto… Canto en voz baja…
Canto una nana a los hijos de una guerra sin nombre
que ninguno de ellos habr√° de escuchar.
Heredaré la tierra de mis padres,
¬Ņqu√© heredar√°n ellos?
Los hijos que no parí, hijos de otros,
aquellos que parten mi costado en dos
y en dos mi vientre,
los hijos de la guerra,
heredar√°n el odio.
Pero yo solo canto.

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Piniellapost
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

En el primer milenio, las universidades europeas se moldearon en su esencia como Alma Mater de la ciencia y la investigación. Bolonia y Paris dieron el paso hacia la Universitas, donde los conocimientos adquiridos poseían validez universal, licentia ubique terrarum. Diez siglos después, en 1999, también en la ciudad de Bolonia, tuvo lugar el inicio de lo que ha supuesto un cambio fundamental en las Universidades actuales, consistente básicamente en la supeditación al mercado laboral y a la comercialización de las llamadas competencias, en un modelo de gestión tendente a la privatización y en una financiación mercantilista con el horizonte futuro de la implantación del préstamo bancario.

La transici√≥n democr√°tica en Espa√Īa trajo consigo un incremento de estudiantes universitarios -que proced√≠an de sectores sociales hist√≥ricamente excluidos de la ense√Īanza superior- y la incorporaci√≥n masiva de la mujer, hasta ese momento minoritaria. A pesar de ello, la universidad p√ļblica de los ochenta y noventa se empez√≥ a dise√Īar m√°s como un engranaje de la recuperaci√≥n econ√≥mica, que como una empresa social.

La puesta en marcha de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), a la que se han sumado organismos dependientes de los gobiernos regionales (como la DEVA en Andalucía), a pesar de aciertos como el control sobre los títulos, ha supuesto un modelo, en muchos casos de opacidad, que los docentes e investigadores han sufrido; y lo peor de todo, han acatado con estoicismo. Es el caso de la valoración de su productividad a partir de un sistema, el de los sexenios de investigación, que surgió como voluntario pero que se ha convertido en algunas áreas de conocimiento como un freno a la carrera docente.

El proceso ha convertido a los profesores universitarios en m√°quinas de generar m√©ritos evaluables de acuerdo con unos criterios que, en muchos casos, poco tienen que ver con la transferencia de esos conocimientos a sus estudiantes: o entras en el sistema o te quedas obsoleto, fuera del circuito (‚Äúpublicas o pereces‚ÄĚ).

Recientemente se publicaba un estudio sobre la investigación en el siglo XXI que describía perfectamente el clima de incentivos nocivos y la hipercompetencia de las universidades, y de cómo había sido de perverso el énfasis en cuantificar indicadores de citas y relevancia en publicaciones. De hecho, hoy día, más de setecientas sociedades científicas e instituciones de investigación son firmantes del DORA, la Declaración de San Francisco sobre evaluación de la investigación que pide un cambio radical en la obsesiva métrica de los rendimientos científicos.

La desolaci√≥n de muchos profesores con el nuevo enfoque de los estudios universitarios, les lleva a pensar incluso en una posible desaparici√≥n del sistema universitario. Peter Drucker, uno de los gur√ļs de lo que se llam√≥ la sociedad del conocimiento, preve√≠a que en el siglo XXI no habr√≠a universidades, cuando hoy es mayor que nunca el n√ļmero de personas que acuden a ella y tienen mejor perspectiva laboral; as√≠ lo demuestran los datos de poblaci√≥n activa.

Por eso, lejos de esta mirada pesimista, debemos armarnos de optimismo y recurrir a un nuevo concepto de universidad, donde ya no tenemos la exclusividad del conocimiento, el cual está a golpe de teléfono, pero que está abierta a nuevas oportunidades; volviendo a las raíces del Alma Mater, a una universidad que quiere engendrar y transformar a la persona por obra de la ciencia y del saber

Veinte a√Īos desde Bolonia. En plena globalizaci√≥n, la universidad p√ļblica espa√Īola ha vivido recientemente desgraciados casos de corrupci√≥n que la han puesto en la picota de los medios de comunicaci√≥n. El estallido medi√°tico de estos esc√°ndalos ha jaleado a los cr√≠ticos de la instituci√≥n. Podemos afirmar que, sin duda, se hace necesaria una transformaci√≥n de la universidad, pero con la dotaci√≥n de un presupuesto p√ļblico suficiente, estable y previsible. Solo as√≠ con un modelo de financiaci√≥n valiente se podr√°n hacer las reformas que se requieren, con un mejor acceso a la condici√≥n de profesor universitario, con una coordinaci√≥n de institutos, departamentos y facultades en el avance de la investigaci√≥n y la simplificaci√≥n de las estructuras y de los procesos acad√©micos que han burocratizado hasta el inmovilismo el trabajo docente e investigador.

Las universidades peque√Īas, como la nuestra, tienen que replantearse de forma racional sus titulaciones de grado y hacer especial √©nfasis en m√°steres muy especializados y donde tengamos la fortaleza en recursos y en investigaci√≥n. De la misma manera, deben abrirse a la sociedad, al entorno inmediato, revitalizando el papel del Consejo Social m√°s all√° de un verificador de cuestiones presupuestarias, en el respeto a lo que ya establec√≠a nuestra madura Constituci√≥n en su art√≠culo 27.

La Universidad de Cádiz es joven, pero fue en su momento fraccionada en campus dispersos a lo largo de toda la provincia, una debilidad que hay que tornar en fortaleza, aprovechando la singularidad de la provincia de Cádiz a través de sus características geográficas, históricas y socioeconómicas. Tenemos que compensar los desequilibrios entre los distintos campus; de manera que cada estudiante de la UCA pueda tener los mismos derechos esté en Algeciras, Cádiz, Jerez o Puerto Real y que se reconozca la importancia de estas ciudades como aglutinadoras de la provincia. El nuevo gobierno de Andalucía debe hacer frente a las exigencias históricas de un nuevo modelo de financiación y de un ansiado plan plurianual de inversiones en nuestras infraestructuras, además de acometer mejoras en la movilidad de nuestros estudiantes hacia los centros universitarios.

Tenemos que recuperar, sobre todo, la Ilusi√≥n de la comunidad universitaria en un escenario de exigencias y de falta de recursos, con un envejecimiento de la plantilla de dif√≠cil relevo generacional -especialmente en carreras profesionales donde no existe un modelo de atracci√≥n de talento- adem√°s de una baja tasa de personal investigador en formaci√≥n. Se ha abusado del profesorado precario -notablemente en la contrataci√≥n de los llamados profesores sustitutos interinos- que suponen hoy d√≠a la principal forma de acceder a la carrera acad√©mica dentro de las universidades andaluzas, pero en una proporci√≥n m√°s sangrante a√ļn en nuestra Universidad de C√°diz en los √ļltimos a√Īos.

Hay que pensar en el futuro y este pasa a su vez por la internacionalizaci√≥n y especializaci√≥n de la UCA, por el impulso de las redes y agregaciones con otras Universidades, tanto espa√Īolas como extranjeras, as√≠ como con la sociedad, con los empresarios, con los colegios profesionales y con las alianzas con el entorno.

De igual modo, tenemos que proyectar una nueva relación entre los estudiantes egresados y la universidad mediante una oferta de programas de actualización. Debemos ser una universidad abierta a la ciudadanía: la UCA saliendo de la UCA.

 

Dec√≠a recientemente Tan Eng Chye (Rector de la Universidad Nacional de Singapur) que ‚Äúel gran proyecto en el futuro de la universidad p√ļblica pasa por el aprendizaje a lo largo de toda la vida, ni siquiera la mejor universidad es capaz de darte competencias y habilidades para siempre‚ÄĚ.

Hay que prepararse para tiempos difíciles, donde la trinchera académica resistirá como siempre lo ha hecho, con su principal arma, el trabajo y la dedicación de la comunidad universitaria. No podremos avanzar en un mundo mejor sin el conocimiento, pero sobre todo si no incentivamos la conciencia crítica de las personas. Y ahí vamos a estar.

 

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Pettenghi post
Fotograf√≠a: Jes√ļs Mass√≥

El uno de enero de 2011 entr√≥ en vigor la ley que prohib√≠a fumar en bares y restaurantes. Y la patronal hostelera llam√≥ a la guerra santa: ‚Äú¬°Cerrar√°n 70.000 bares! ¬°Se perder√°n m√°s de 200.000 empleos!‚ÄĚ.

Nada pas√≥. Hoy los bares y restaurantes siguen llenos de p√ļblico y vac√≠os de humo, mientras la patronal sigue preocupad√≠sima -al menos eso dice- por la calidad del empleo.

Y es que los humanos somos as√≠, tenemos la fea costumbre de oponernos a nuestro propio progreso: la TV matar√° a la radio, los coches extinguir√°n al caballo, la imprenta acabar√° con la cultura‚Ķ De ajustarnos a este canon, todav√≠a estar√≠amos defendiendo al imperio austroh√ļngaro (no obstante, a√ļn hay algunos que lo a√Īoran).

Una forma de oponerse consiste en retrasar numantinamente la adopci√≥n de las medidas progresivas. La otra, m√°s frontal, estando en contra porque s√≠ o usando cualquier argumento. En lo de ‚Äėcualquier argumento‚Äô cabe todo, hasta lo m√°s disparatado.

Viene esto a cuento del empe√Īo peatonalizador del Ayuntamiento de C√°diz.

Algo nada revolucionario, pues ya ciudades medianas como la nuestra -Pontevedra o Vitoria- han ensayado f√≥rmulas con resultados satisfactorios. No obstante, las cr√≠ticas previas, a veces de una ferocidad lun√°tica, retrasaron su aplicaci√≥n. M√°s cerca, en Sevilla, se peatonaliz√≥ la calle San Fernando‚Ķ y se cay√≥ el cielo. Hoy es una pl√°cida v√≠a con terrazas por donde circula pac√≠fico el tranv√≠a. M√°s reciente a√ļn est√° el proyecto ‚ÄėMadrid Central‚Äô de Carmena que, tras las iniciales y consabidas cr√≠ticas, est√° siendo satisfactorio en su aplicaci√≥n.

Las ciudades y sus mun√≠cipes m√°s adelantados han entendido que, superado el furor inicial de los inmovilistas de la movilidad (curioso oximoron), la peatonalizaci√≥n, la construcci√≥n de carriles bici y el fomento del transporte p√ļblico, son reconocidos y aclamados finalmente.

Al final del proceso queda en evidencia la relación directa entre atraso y tiranía del coche.

Porque la ciudad no son los coches ni siquiera los edificios, sino las personas.

Claro, que a√ļn quedan quienes siempre estar√°n en contra y que opinan que lo de la contaminaci√≥n s√≥lo es un bulo, y viven convencidos de que eso del cambio clim√°tico no es m√°s que un complot marxista. Y les da igual que el coche est√© aparcado el 90% del tiempo, que se consuma un tercio del tiempo de la conducci√≥n buscando aparcamiento o que, de sus cinco asientos, rara vez vayan todos ocupados. Da igual, defienden el derecho de ir en coche de la cocina al sal√≥n de su casa.

Y enmara√Īan el debate p√ļblico y usan recursos pol√≠ticos y administrativos para retrasar la adopci√≥n de esas medidas progresivas. Pongamos por caso al alto comisario de Acci√≥n para el Clima y la Energ√≠a en Europa, que no es otro que el exministro Miguel Arias Ca√Īete, propietario de la empresa ‚ÄúPetrol√≠fera Ducar‚ÄĚ, dedicada a almacenar combustible f√≥sil. Lo que se conoce como bunkering. Una forma de especular, para entendernos. Que es una actividad legal, pero que resulta dif√≠cilmente compatible con un juicio recto, imparcial y dirigido al bien com√ļn y a lo que representa su cargo p√ļblico. Pienso que una motosierra tendr√≠a m√°s sentido √©tico.

Pero a√ļn peor me lo pone mi vecino, que no tiene pozos petrol√≠feros ni empresas de bunkering, pero est√° convencido de que ‚Äėel coche es necesario‚Äô y cada vez que sale el tema del carril bici me dice:

– ‚ÄúHombre, si eres pobre y tienes que ir en bici, vale, pero para ir a pasearte ¬°no, hijo, no!‚ÄĚ

Ya ves.

 

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Luna post
Fotografía: José Montero

El errado inicio, por parte del Ayuntamiento de C√°diz, de un procedimiento para transmitir a los empresarios de chiringuitos las concesiones de estos establecimientos ha desembocado en una mara√Īa administrativa con las tres administraciones competentes en la materia, Ayuntamiento, Junta de Andaluc√≠a y Ministerio, sosteniendo opiniones dispares sobre lo ocurrido, que se traducen incluso en actos administrativos contrarios, y con la admisi√≥n de demandas en los juzgados contra el alcalde y contra el concejal de urbanismo. No parece claro a d√≠a de hoy si la titularidad de las concesiones sigue recayendo en el Ayuntamiento, como sostiene este, o si ha pasado a manos de los empresarios, como sostiene la Junta y los propios empresarios.

Lo que si parece claro es que quienes han marcado la pauta en los √ļltimos a√Īos de la gesti√≥n de las playas ‚Äēy no solo las de la ciudad de C√°diz‚Äē han sido los empresarios de chiringuitos y no las administraciones competentes. Su mayor √©xito ha sido conseguir romper la relaci√≥n entre administraciones con competencia en el litoral, que la propia ley obliga a ajustar a los deberes de informaci√≥n mutua, colaboraci√≥n, coordinaci√≥n y respeto (art.116 Ley de Costas), para llevarse al gato al agua. Todas ellas parecen creer que est√°n defendiendo la legalidad y el inter√©s general, cuando en realidad lo que han conseguido es allanar el terreno ‚Äēo m√°s bien arrasarlo‚Äē para que ciertos empresarios, cuyo √ļnico inter√©s es aumentar su rentabilidad econ√≥mica, consigan lo que al principio y con la ley en la mano parec√≠a imposible: el todo, o casi todo. Es decir, la titularidad, la permanencia, el aumento de superficie y la ampliaci√≥n de plazo concesional. Intereses que, al menos en la ciudad de C√°diz, chocan cada vez m√°s con el inter√©s general y con los objetivos de conservaci√≥n de las playas. La batalla administrativa ha hecho perder de vista a la Administraci√≥n el objetivo que deber√≠a guiar todas sus acciones en este asunto: proteger la costa y garantizar su car√°cter de bien p√ļblico.

Si algo est√° absolutamente claro en este asunto es que mejorar la rentabilidad de los chiringuitos no est√° entre las funciones u objetivos de ninguna de las administraciones con competencia en la costa. Y, sin embargo, esa cuesti√≥n parece haberse convertido en la √ļnica a debate en este asunto. Y con ello, los intereses generales y los derechos de la ciudadan√≠a en su conjunto, han quedado desprotegidos.

El origen del conflicto, la reforma del PP de la Ley de Costas

Es necesario recordar que todo este caos administrativo y jurídico es consecuencia de la modificación de la Ley de Costas perpetrada por el PP en 2013, para beneficiar intereses muy particulares, de forma torpe y aturullada y que está llevando, como en el caso de los chiringuitos de Cádiz, a la inseguridad jurídica. En concreto, tres de la modificaciones realizadas en la ley son las que están en el centro de este conflicto.

Por un lado, la modificaci√≥n de la ley permiti√≥ la transmisi√≥n inter vivos de las concesiones, posibilidad no contemplada en la Ley de Costas de 1988. Esta posibilidad de transmisi√≥n se recogi√≥ sin hacer distinci√≥n alguna entre tipos de concesi√≥n o de ocupaci√≥n del dominio p√ļblico. En el caso de los establecimientos expendedores de comidas y bebidas en las playas, y otros servicios, en cuyo otorgamiento deben regir los principios de publicidad, objetividad, imparcialidad, transparencia y concurrencia competitiva (art. 74.3 LC), la transmisi√≥n inter vivos carece de l√≥gica jur√≠dica. No es lo mismo transmitir una salina o una instalaci√≥n de acuicultura que un chiringuito, y la ley no establece ninguna diferencia.

En segundo lugar, el nuevo Reglamento de Costas de 2014 duplic√≥ la duraci√≥n m√°xima de las concesiones para usos que presten un servicio p√ļblico o al p√ļblico, pasando de 15 a 30 a√Īos (art.135.4). Y, en tercer lugar, el Reglamento ampli√≥ las superficies m√°ximas de ocupaci√≥n permitida por establecimientos expendedores de comidas y bebidas en playas urbanas, hasta un total de 300 m¬≤, entre edificaci√≥n cerrada, terraza cerrada desmontable, terraza abierta desmontable y aseos. El doble de la actual. Para nuevas concesiones, claro est√°. Pero si unimos estas tres modificaciones, posibilidad de transmisi√≥n inter vivos, duplicaci√≥n de la duraci√≥n m√°xima de concesi√≥n y ampliaci√≥n de las superficies de ocupaci√≥n, tenemos una aut√©ntica bomba, que ha despertado las expectativas de los hosteleros de playa de multiplicar su cuota de negocio. Esto les ha llevado a ejercer toda la presi√≥n que han podido sobre el Ayuntamiento y la Junta de Andaluc√≠a para alcanzar sus expectativas. Y esa presi√≥n sin duda les est√° dando r√©dito.

Sin embargo, frente a las expectativas de los empresarios, es necesario poner el interés general y la conservación del litoral en el centro del debate. Y esto supone centrarse en el fondo y no tanto en las formas, por muy torpes que estas hayan podido ser.

La titularidad debe seguir siendo municipal

El Ayuntamiento debe conservar la titularidad de la concesión de los chiringuitos, pues es la mejor manera de integrar la gestión de estos en el conjunto de servicios de las playas, cuya competencia es municipal (art.115 LC), además de permitirle compensar, al menos parcialmente, a través del canon de explotación municipal, los costes de aquella gestión.

Pero, a√ļn si se produjera la trasmisi√≥n de los t√≠tulos a los empresarios de playas, esto no puede suponer en ning√ļn caso la ampliaci√≥n o mejora de las condiciones de la concesi√≥n, ni en superficie de ocupaci√≥n ni en plazo ni en la posibilidad de permanencia durante el invierno, como pretenden los empresarios de chiringuitos, pues supone una modificaci√≥n sustancial de la concesi√≥n. Para poder llevar a cabo esas modificaciones, es imprescindible que los empresarios renuncien a los actuales t√≠tulos, as√≠ como el Ayuntamiento, y se proceda a la tramitaci√≥n de nuevas concesiones y a nuevos concursos p√ļblicos, convocados por la Junta de Andaluc√≠a. Hacer esas modificaciones por la puerta de atr√°s es inadmisible pues no respeta los principios de publicidad, objetividad, imparcialidad, transparencia y concurrencia competitiva que deben regir en el otorgamiento de concesiones y autorizaciones de actividades de servicios (art.74 LC).

La superficie debe mantenerse en 150 m²

Que el Reglamento de Costas vigente establezca una ocupaci√≥n m√°xima total de 300 m¬≤ para los chiringuitos no significa que los concesionarios de este servicio tengan derecho alguno a alcanzar dicha ocupaci√≥n m√°xima. Al contrario, el Reglamento de Costas establece que la ocupaci√≥n de los chiringuitos, como del resto de servicios de la playa, ser√° la m√≠nima posible (art.69.8). La actual ocupaci√≥n de 150 m¬≤, que lleva ya a√Īos funcionando, demuestra por s√≠ misma que el servicio como establecimiento expendedor de comidas y bebidas puede realizarse en esa superficie y con margen de rentabilidad suficiente. Por tanto, no existe raz√≥n alguna por necesidad de prestaci√≥n del servicio que justifique una ampliaci√≥n de la superficie de ocupaci√≥n. Y m√°s a√ļn en el caso de las playas urbanas de C√°diz, cuyo paseo mar√≠timo cuenta con una extensa y variada oferta de hosteler√≠a. Como es evidente, la raz√≥n para solicitar la ampliaci√≥n de superficie es exclusivamente aumentar la cuota de negocio de establecimientos que tienen una alt√≠sima rentabilidad y no, como quieren hacernos creer, conseguir alcanzar la rentabilidad.

Por otro lado, las normas urbanísticas del Plan General de Ordenación Urbanística de Cádiz establecen una superficie máxima de 150 m² para las construcciones en las playas por lo que no es posible una ocupación mayor por estos establecimientos en el término municipal de Cádiz.

Los chiringuitos deben ser desmontados en invierno

La playa necesita tambi√©n descansar. Necesita que se respete su din√°mica estacional, perder arena en invierno para recuperarla en verano. La propia presencia f√≠sica de los chiringuitos sobre la arena en invierno est√° obstaculizando este proceso. Pero adem√°s, y quiz√°s m√°s relevante, la permanencia de los chiringuitos est√° ejerciendo una presi√≥n sobre las administraciones competentes en la gesti√≥n de las playas para que se mantengan en un estado ‚Äúde verano‚ÄĚ todo el a√Īo, engrosadas de arena, sin un escal√≥n en la berma. Y eso implica obras millonarias, gasto p√ļblico y elevados impactos ambientales. Un ejemplo evidente de privatizaci√≥n de beneficios y socializaci√≥n de costes.

El hecho de que el Reglamento de Costas considere a los chiringuitos como instalaciones fijas no significa que esa condici√≥n no deba supeditarse a las propias condiciones din√°micas de cada playa y a la ubicaci√≥n concreta de la instalaci√≥n, pues es obligado velar por la conservaci√≥n y el uso sostenible de la costa y del mar (art.60.3 RC). En zona mar√≠timo terrestre, es decir, inundable por su propia definici√≥n, y m√°s a√ļn en el Golfo de C√°diz, afectado por un amplio rango mareal y temporales de gran envergadura, dejar instalaciones fijas todo el a√Īo va contra toda l√≥gica. Por ello, las concesiones de chiringuitos se otorgaron hasta ahora con la condici√≥n de no permanencia en invierno.

Parece absurdo que, tras la experiencia de los temporales al inicio de la pasada primavera, que arrasaron la playa e inundaron las instalaciones que se encontraban montadas, los empresarios contin√ļen empecinados en que los chiringuitos permanezcan montados durante el invierno. Aunque pasen varios a√Īos sin temporales significativos, vendr√°n otros con grandes temporales que lo arrasar√°n todo, como ha ocurrido este mismo a√Īo. Por el mismo motivo que ocurren a√Īos de sequ√≠a y otros de fuertes lluvias, existe una importante variabilidad interanual en los temporales de oleaje. Esto no es dif√≠cil de entender y los hosteleros de playa deben aceptarlo por encima de su deseo obsesivo de que no sea as√≠.

Otro modelo de concesión y gestión

Los chiringuitos no son restaurantes. Son, tal y como los define la legislaci√≥n de costas, establecimientos expendedores de comidas y bebidas y su objeto es prestar un servicio a los usuarios de la playa. En sentido estricto, ser√≠an el equivalente a una cafeter√≠a de hospital p√ļblico. Sin embargo, su ubicaci√≥n en un espacio privilegiado ‚Äēuna primera l√≠nea de playa altamente cotizada‚Äē, su elevada demanda y su elevad√≠sima rentabilidad est√°n haciendo de estos establecimientos restaurantes de post√≠n, un fin en s√≠ mismos, en los que se come por 50 ‚ā¨ y no se puede comprar un bocadillo. De ah√≠ el inter√©s de los empresarios por permanecer abiertos todo el a√Īo, mucho m√°s all√° de la temporada de playa.

Sin embargo, el dominio p√ļblico mar√≠timo-terrestre no es el lugar para establecer un restaurante propiamente dicho y hacerlo pervierte el esp√≠ritu de la Ley de Costas, que establece que aquel √ļnicamente puede ser ocupado por aquellas actividades o instalaciones que, por su naturaleza, no puedan tener otra ubicaci√≥n (art. 32.1 LC). Y, como es obvio, un restaurante puede estar en cualquier otra y la ciudad de C√°diz est√° llena de ellos y en concreto lo est√° su paseo mar√≠timo. La ley admite que los chiringuitos puedan ubicarse en dominio p√ļblico en la medida que se conciban como instalaciones de servicio p√ļblico o al p√ļblico (art.61.2 RC) y siempre que no sea posible ubicarlos sobre paseo mar√≠timo o terrenos colindantes a la playa (art.33.4 LC, art.65.3 RC).

Las actuales concesiones, con las condiciones establecidas en sus t√≠tulos concesionales, deben mantenerse hasta su finalizaci√≥n. Y, tras ella, ser√° necesario hacer una reflexi√≥n sobre la necesidad y conveniencia de mantener chiringuitos en las playas urbanas de C√°diz y sobre el modelo de establecimiento a instalar. En todo caso, cualquier otorgamiento de nuevas concesiones de chiringuitos a terceros explotadores deber√°, adem√°s de centrar su objetivo en la prestaci√≥n del servicio al p√ļblico de la playa, realizarse con criterios de Contrataci√≥n P√ļblica Socialmente Responsable (CPSR), es decir, incorporando de forma transversal criterios sociales, √©ticos y medioambientales. No es l√≥gico que el √ļnico objetivo de la explotaci√≥n econ√≥mica de un bien p√ļblico sea el beneficio privado, como ocurre en la actualidad con los chiringuitos, sin la menor contraprestaci√≥n social ni ambiental, para la conservaci√≥n del litoral sobre la que se sustenta. La concesi√≥n de chiringuitos, como la de cualquier bien p√ļblico o contrato p√ļblico, debe regirse por criterios muy diferentes a los actuales, favoreciendo a empresas de econom√≠a social y a los sectores desfavorecidos. Y debe adem√°s tener claro que el objetivo de los chiringuitos es prestar un servicio a los usuarios de la playa y no montar restaurantes de lujo en la arena con vistas al mar.