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Antes de que la pandemia nos cogiera la vez, el equipo de ETP estaba
embarcado en un ilusionante proyecto del que estábamos muy orgullosos y
deseando compartir con vosotros. Nos referimos al libro “El dardo en la
viñeta”
de nuestro compañero y viñetista Pedripol. A punto estábamos de
celebrar y compartir el nacimiento de nuestra aventura con vosotros cuando
nos sorprendió el coronavirus y el resto ya lo saben. Es por eso que desde
aquí queremos liberar algunos de los textos y viñetas de este libro para que
podáis disfrutarlos.
Pronto volveremos a la carga y entonces no nos parara nada. Pero de
momento afilemos las palabras, afilemos los pinceles.
Os presentamos “El dardo en la viñeta” pasen, vean y lean.

*****

Libertad expresión 4. tece
Imagen de Pedripol

No hay nada más peligroso que el humor. Uno podría lanzar una pedrada contra el escaparate del poder y provocar que los de dentro perdiesen una mañana entera teniendo que llamar al seguro para reponer el cristal, con el contratiempo que supone tener que buscar uno igual al anterior, misma tonalidad oscura que impida ver lo que sucede tras él. El apedreador sería aplaudido durante un rato por los presentes antes de ser detenido, pero los ecos de la pedrada se irían diluyendo hasta desaparecer en la misma calle en la que todo sucedió.

Si uno hace un chiste sobre el escaparate, la cosa cambia. No hay seguro al que llamar para solucionar los contratiempos que provoca el humor, ni cristalero que arregle el hecho de que la calle haga bromas denunciando a los de dentro. El chiste se extendería más allá de la calle del escaparate, por toda la ciudad tal vez, quién sabe si a lo largo del país entero, llegando a cada casa. No hay defensa posible ante eso. La única, la del gato panza arriba que intenta asustar enseñando sus zarpas: Buscadme al del chiste del escaparate y metedlo en una mazmorra. A quién buscamos, señor, porque el chiste lo cuenta mucha gente. No sé, al que lo inventó. Pero mañana inventarán otro y se volverá a extender. ¡Pues mañana me traéis a otro, así crearemos miedo al chiste!

Nunca hemos escuchado un debate sobre dónde están los límites del drama. El drama de un niño en un pozo nos provoca miedo, tristeza o morbo, nos paraliza. Por eso no tiene límites. En el drama todo vale. El humor es distinto. El humor no paraliza, activa. Provoca reflexión o rebeldía. El humor es una agresión hacia quienes lo controlan todo, lo poseen todo. O casi todo. El humor es propiedad de la calle y eso hace que haya quien quiera ponerle límites. Límites que no tiene. Puedes encarcelar a una persona, pero es imposible encerrar al humor. Aunque lo metieses con diez candados en una mazmorra a tantísimos metros de altura que ni el vuelo de Carrero Blanco pudiese llegar a ella, el chiste escaparía de allí. Y seguiría circulando de casa en casa para molestia de quienes están tras el escaparate.

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