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Natalia robles
Fotografía: Jesús Massó

Mientras yo escribo y tú lees, 720 menores en España son vigiladas por la Policía por alto riesgo de ser maltratadas por sus novios o ex novios, 200 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido mutilación genital femenina y sus terribles consecuencias, 1245 mujeres son víctimas de violación cada año en nuestro país, y, se denuncia una violación cada ocho horas, aunque se estima que sólo lo hace una de cada siete víctimas; 120 millones de niñas de todo el mundo han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas; según la ONU el 71% de víctimas de trata son mujeres y niñas; la OMS señala que 47.000 mujeres mueren al año por abortos inseguros; 225 millones de mujeres de todo el mundo carecen de acceso a una adecuada salud sexual y reproductiva, y a medidas de planificación familiar según la OMS… Sabes que en muchos países la menstruación es un tabú, que se ven aisladas en chozas, en una habitación de la casa, que no tienen acceso a paños higiénicos y usan papel de periódico, hojas o fundas de cojines; te han contado que las vírgenes son cotizadas en algunos países por la falsa creencia de curar el SIDA y eso tiene su precio; que el 35% de las mujeres en el mundo han experimentado violencia física o sexual; y, casi 750 millones de niñas son obligadas a contraer matrimonio antes de los 18 años…

Pues podría seguir proporcionándote datos y más datos, sobre la pornografía, la prostitución, esa forma de explotación con riesgo alto de agresiones, enfermedades y violación que ahora se hace llamar trabajo; de la explotación de las mujeres como vientres de alquiler para satisfacer deseos que no derechos, de la venta de óvulos y las consecuencias de la hormonación previa; y de la nueva moda: la venta de leche materna; de la brecha salarial que roza el 24%;  de la precariedad del trabajo femenino basado en la temporalidad y la parcialidad, y con unas tasas de paro elevadas, del famoso techo de cristal que verás pero no alcanzarás porque tirará de ti el suelo pegajoso en el que nos han instalado; si, una sociedad construida para que cuidemos primero de hermanos, luego de la descendencia y el hogar y posteriormente de nuestros mayores. Te hablaré de la jornada interminable que afrontan la mayoría de mujeres porque hemos ocupado el espacio público, pero vosotros, no habéis entrado de lleno en la esfera privada; y no me digas que ayudas en casa, ni que colaboras, se llama corresponsabilidad y se reparten las tareas.

Me gustaría preguntarte si adivinarías quién sufre más en las guerras siendo víctimas de violaciones y embarazos, y, si conoces los crueles asesinatos de Ciudad Juárez, o la barbaridad de Boko Haram. Seguro que sabes que las niñas y mujeres refugiadas también son violadas y acosadas. Claro que sí. Pero quiero que te informes bien, porque es importante que conozcas la realidad de pertenecer a una etnia, sufrir una enfermedad que te incapacite, ser migrante y además mujer: pues eso tiene un nombre “discriminación múltiple”

La publicidad te habrá llamado la atención, habrás visto a adolescentes hipersexualizadas, habrás asistido a la cosificación de nuestros cuerpos, esos que os atraen y obligados a que lo sepamos nos decís como tenemos los pechos o qué haríais con nosotras y nuestros atributos. Te imaginas que hubieras sido tú con quince años quien recibiera esa sarta de lindezas. Si me apuras te ofrezco datos sobre trastornos alimenticios en adolescentes y mujeres, también puedo contarte lo que la publicidad hace con las mentes de esas jovencitas cuyo modelo a imitar pesa 45 kilos.

Me pregunto si has comprobado en tus carnes que te traten como tonta en el trabajo, que repitan lo mismo que has dicho, pero un hombre lo dice mejor, si has sido víctima de bromas groseras, de chistes fáciles, si sabes lo que es que te miren los pechos mientras hablas. Deberías probar volver a casa de noche solo y que un hombre te llame, y te asustes, o que intenten ligar contigo en cualquier sitio y tras tu negativa venga una respuesta insultante. Y te aseguro que no exagero. Pregunta a tu alrededor

Te confieso que estremece conocer a una mujer maltratada, que se te encoge el alma  por su sufrimiento, por el miedo atroz que la oprime, que se me revuelven las entrañas comprobar que la han anulado con falsas promesas de amor romántico, que la han envuelto en culpabilidad, y, que es sumamente difícil mostrarle el futuro como una página en blanco y no como el inmenso y oscuro pozo en el que se ve sumergida. No me digas que podía ser tu madre, tu hermana o tu hija… es una persona como tú y como yo que una diferencia de cromosomas la condenó desde la concepción a un sistema de opresión donde ella no tiene privilegios, donde nosotras tenemos que demostrar, siempre esforzarnos, que somos buenas madres, parejas, hijas, compañeras, trabajadoras, unas superwomans, y, que por muy fuerte que creas ser, tienes las mismas posibilidades que cualquier mujer de padecer una espiral de maltrato, verbal, físico, sexual, psicológico y te pueden matar en el nombre del amor, del desamor, de la obsesión o simplemente del poder. En 2017, fueron asesinadas 99 mujeres en España según Feminicidio.net  , entre las cuales se incluyen las víctimas oficiales (49), feminicidios familiares, los casos en investigación, los feminicidios no íntimos, los familiares por conexión, los infantiles, los de prostitución …

Y no me digas que estamos mejor que antes, faltaría más, pero queda mucho trabajo por hacer, y, no está entre nuestros objetivos criminalizar al varón ni la supremacía de la mujer, porque si piensas eso, no has entendido nada. Esto no es una provocación ni un brindis al sol.

Necesitamos un lenguaje que nos incluya, unas instituciones públicas donde estemos representadas, queremos mujeres investigando sobre nuestras enfermedades, algunas tienen un alto porcentaje femenino (lupus, fibromialgia…) y otras son exclusivas de nuestro sexo como la endometriosis que podrían haber evitado muchos de sus terribles efectos si no la hubieran confundido con un terrible dolor de regla, porque claro nosotras estamos hechas para soportar el dolor, y, para no protestar, para no quejarnos y convertirnos en histéricas, sí si , nosotras las débiles que no callamos ni bajo el agua, las que ya no somos sumisas, que no toleramos las miradas lascivas, los gestos de desaprobación, las palabras condescendientes, que vestimos como queremos, nos maquillamos si lo elegimos, y no somos testigos, queremos participar de todo, tener las mismas oportunidades.

Y tú, sólo tienes que abrir los ojos y oídos de par en par, despojarte de estereotipos, liberarte del machismo que  nos rodea, caminar juntos y en la misma dirección, y, no preguntar por qué el día 8 de marzo voy a hacer huelga, estoy convocada porque el feminismo es para mí una obligación, y acompañaré a mis hermanas del mundo que en 177 países saldrán a la calle, dejarán de trabajar, de cuidar, de estudiar y de consumir. Tú estarás al lado, colaborarás y contemplarás la enorme marea violeta convertirse en una pleamar de sororidad. Y tú, y ella, él, nosotras, vosotros y todas las personas de este planeta vamos a asistir a un momento histórico, ese que tantos siglos hemos estado esperando.

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