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Natalia robles

Fotografía: Jesús Massó

“…entonces yo creo que la posibilidad está en que la gente sueñe, en que la gente ame, porque la gente sueña y a la gente le gusta la fantasía, a la gente le gusta la imaginación porque la mente humana está hecha de imaginación…”

Silvio Rodríguez

La política, en la vida y en todas sus vertientes que son ilimitadas, nos arrastra y nos determina según multitud de factores, pero imaginar es el principio de la acción. Necesitamos de la imaginación antes de arrancarnos o volcarnos hacia una causa. En todos los ámbitos. Piensen en el amor (sí, el amor también es política y se ejecuta como tal) y en las veces o en las formas que han urdido para conseguir conquistar al ser amado. Primero, encontrar la predisposición. Después, una vez intuida esta primera clave, vamos desde la primera mirada hasta la primera palabra, imaginando entre tanto. Diseñamos un plan encaminado a satisfacer una serie de necesidades o intereses muy concretos. Si ese plan se traza de forma correcta y además la otra persona está dispuesta, se consigue realizar lo imaginado. Se construye a partir del pensamiento y este se fragua observando la realidad. Para lo bueno y para lo malo.

En Cádiz se han imaginado situaciones determinadas que se han realizado muchas veces, dadas las coyunturas concretas. Ha sido determinante, además, en muchas ocasiones, la fundamental situación geoestratégica de la ciudad y de toda la provincia. Por esta localización, que la hace expandirse al mundo, esta ciudad y sus puertos fueron claves para el comercio con continentes lejanos cuyas materias primas recalaban por aquí y con ellas abundancias variopintas. Y todo esto se imaginó porque es una frontera natural donde se puso “non plus ultra”, pero en verdad sí que tenemos “plus ultra” por los cuatro costados. Esa característica es enriquecedora y tiene, por esa misma situación, capacidad de trasladar lo que por aquí se cuela y extenderse más fácilmente a través de esta puerta en todas las direcciones. Alguien imaginó que Cádiz, debido a esa predisposición geográfica, tenida en cuenta en todos los tiempos, era el punto fundamental por el que iniciar un golpe de estado ilegítimo que barriera a base de sangre, mentiras y opresión a una jovencísima democracia que comenzaba a querer olvidarse de siglos de endogámicas monarquías. También alguien pensó que en esta puerta al Mediterráneo cabían bases militares para reposte de aviones y bombas. Todo esto y mucho más se pensó y se concretó en función de esta “capacidad” geográfica, de esta realidad determinante.

En ese sentido del cruce entre la imaginación y la realidad que nos ocupa, pensemos. Vamos a imaginarnos un futuro. Les invito a hacer un ejercicio conjunto y precioso. Yo me pongo y me imagino, en Cádiz, una unidad político-institucional trabajada que se solidifica en base a unos intereses comunes; sin paternalismos ni engrandecimiento de unas personas o siglas frente a otras. Y me imagino esta unidad interesada porque en esta ciudad, hace dos años, se dio un paso muy importante en este sentido; un paso que hay que fraguar de forma audaz. Imagino que comprendemos lo difícil que es ser cargo público de los de verdad honrada (en Cádiz ya existió alguno antes, por lo tanto son posibles) y confiamos de nuevo. Imagino que hay un tejido cultural y social, que siempre hubo aunque nunca tan organizado, que hace que la subjetividad del avance progresista de izquierda de verdad de la buena sea la que trascienda. Imagino que en esta ciudad nostálgica -tantas veces dicha de las dos caras- la carcajada eterna gana a la pena anclada y la esperanza rompe las rejas de los papelillos y las horquillas, aunque los respeta y los eleva. Y me imagino que es posible la política construida entre la mayoría de las personas que viven en Cádiz y que se han de beneficiar de ella y que todo se ejecuta pensando también en aquellas que tuvieron que irse a otros lares. Yo pienso que todo esto pasa y que gracias a ser puerta primera esta ciudad, entran estas ideas ejecutándose en tropel y se extienden estas formas porque las ganas y las necesidades nos sobran y son las que obran. Imagino y proyecto todo esto como principio de todo lo que puede repercutir en la ciudad. Porque, sinceramente, si se ha destruido tanto imaginando, piensen hasta dónde podríamos llegar por hacernos bien.

Imagino todo esto y me veo en el ejercicio, cercano y posible, de ponerme a trabajar para lograr esa imagen como una enamorada. Y advierto predisposición en mi objetivo porque observo claves que me hacen verlo todo alcanzable. Y voy guardando ganas de hacerle el amor mientras diseño y voy ejecutando el trabajo encaminado a satisfacer mi interés de amores. Creo que todo puede pasar, pensándolo, imaginándolo y viendo que hay una ciudad deseosa de ser abordada y desbordada por el amor y por estas ansias. Yo me veo entregada a todo ello acompañada por el deseo, por la imaginación y por todos y todas ustedes. Háganme caso, así se comienza y así todo sucede.

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