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«Las señales que hacemos en los mapas» (Libros de la herida, 2019, 2º edición) de Laura Casielles.

Las señales que hacemos en los mapas es un territorio: la sorpresa de sus ciudades y paisajes, la gloria y la pena de su historia, la viva complejidad de un tiempo y de una gente.

Las señales que hacemos en los mapas es un trayecto: los pasos, los descubrimientos, las preguntas. El camino que se va convirtiendo en parte de la propia vida, del propio cuerpo.

Las señales que hacemos en los mapas es un cuaderno de notas, una carta abierta, una cartografía desplazable.

Las señales que hacemos en los mapas son una forma de saber dónde estuvimos, una forma de saber dónde ir.

Tres poemas las senales que hacemos en los mapas
Fotografía: Jesus Machuca
RABAT (VII)

IDIOMA

Ya sé decir jacaranda,
flor de doble primavera,
venga a nosotros tu color
si algún día no encontramos el camino a casa.

Sé decir naranjo fértil que me das desayunos,
azahar que vi antes en otro sitio,
palmera del amor.

He aprendido los cien nombres de los cactus.

He aprendido eucalipto foráneo,
argán de asombro habitado de animales,
bananero encerrado en jardines,
aloe redentor.
Strelitzia reginae,
ave del paraíso,
flor amarilla azul
que ha inmigrado a esta plaza.

Arrayán de la tumba del poeta.
Dama de noche perfume de adiós.

Escribiré estos nombres en mi diario.
Como sombra.
Como raíz.
MERZOUGA

PRECARIEDADES DEL CARTÓGRAFO.

A la orilla del mar o del desierto,
ahí donde ya no nos sirven los mapas,
el hombre de la norma está sin rumbo.

Se impone entonces confiar:
estrechar una mano,
encomendarse a un dios,
seguir una estrella.
ALHUCEMAS

HOJA PERENNE VERSUS LOS NOMBRES DEL PODER.

No nos llaméis primavera
si con eso queréis decir joven flor de los encarcelados,
hermosura que no va a durar.

Somos el brote verde
pero también
la hostilidad impenetrable del invierno,
la tenaz pesantez del verano,
un otoño que despoja de su peso a las ramas para que renazcan mejor.

Llamadnos todos los nombres del año.
No nos llaméis jardín.
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