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una estrella menos

Anoche me fui a la cama estando en Europa. Esta mañana amanecimos todos en medio de un océano de incertidumbre. Yo no entiendo de economía, de bolsa ni de mercados. Realmente no sé cómo va a afectar todo este tema a los inmigrantes que vivimos en Reino Unido, ni a los que queramos volver a nuestro país en un futuro, si nos valdrá lo cotizado, si la libra se va a desplomar tanto como se espera… Todo eso se me escapa. En parte porque es demasiado pronto para alertarse, aún quedan muchos acuerdos por venir. Un largo camino de idas y venidas que posiblemente acabe beneficiando a los de siempre.

Lo que realmente me preocupa en este momento está relacionado con otros factores donde queda fuera el dinero. Como por ejemplo la insolidaridad que demuestran los que han votado marcharse. Un fuerte argumento de la campaña ha sido el problema de la inmigración, ¡pero ojo! porque también en eso hay niveles. No todos los inmigrantes valen lo mismo al parecer. Ellos van a seguir necesitando personal cualificado porque no disponen de él. Necesitarán médicos, enfermeros, ingenieros… Todos ellos tendrán las puertas abiertas. Pero ¿por qué pertenecer a la misma Europa a la que pertenecen otros países menos afortunados? Mantener a los países del Este no les sale nada rentable a Reino Unido, mucha inversión en Europa para poco beneficio. ‘Tenemos más que ellos y queremos que siga siendo así’. Me parece una postura demasiado egoísta, poco humana, pero desafortunadamente es la que abunda en este mundo donde nos ha tocado vivir.

Por otro lado, me preocupa muchísimo esta victoria de la derecha más conservadora y radical. Esta xenofobia infundada que ha triunfado y que no hace más que incentivar el odio entre pueblos. Todos sabemos lo difícil que es unificar una región tan dispar como Europa porque históricamente ha estado enfrentada y distanciada constantemente. Pero ahora, en pleno siglo XXI, cuando se supone que deberíamos apostar por políticas integradoras, nos topamos con este alto en el camino.

Es dar un paso atrás en todos los sentidos. Personas mayores que deciden por un futuro que no es suyo sino de los jóvenes sin voz. Los de aquí y los que no somos de aquí, que tenemos que luchar cada día contra las trabas que nos han ido dejando todas sus decisiones mal elaboradas, por su falta de conciencia, de coherencia y su conservadurismo. Y lo peor de todo es que parece contagioso, que las mentes cerradas se expanden y triunfan una detrás de otra, que no dejan ni un resquicio por donde se pueda introducir el cambio. Todo eso me asusta, me aterra. Porque el próximo domingo le toca tomar otra decisión a España y espero que esta vez tengamos la cura para la epidemia porque si no el futuro, sin un lugar al que volver ni uno en el que poder quedarse, pinta mal. Muy mal.

Fotografía: Jose Montero

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