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Editorial
Fotografía: Jesús Massó

Se buscan valientes, rezaba una pintada callejera. ¿Qué hacemos para cambiar nuestro entorno? ¿actuamos con la valentía necesaria para provocar pequeñas transformaciones cercanas que produzcan cambios mayores? ¿nos atrevemos a enfrentarnos a los agentes destructores de comunidad que nos rodean aunque estén establecidos y validados socialmente? ¿los cuestionamos?¿los avalamos en cambio? ¿somos capaces de conseguir modificar las tramas sociológicas en las que nos movemos? ¿cambiamos las instituciones y los vicios que provocan? ¿nos adaptamos a ellas? Ni las instituciones ni los referentes  impuestos en nuestro espacio de vida se transforman así por las buenas; necesitan de impulsos externos. Hay que recurrir a lo excéntrico, a lo que está fuera del centro establecido.

Lo que forma parte del sistema -la política viejuna y reumática, el periodismo con intereses empresariales por encima de la información, los blogueros huérfanos de talento buscando espacio con falacias y a codazos- es modificable desde la periferia, desde los márgenes. Aquellos que se habían reservado el poder exclusivo de producir relatos ya no tienen ese monopolio y observan con desagrado cómo aquellos que estaban en los límites osan ponerles en cuestión. Las nuevas políticas ya no tienen que bailarles el agua ni compartir fotos o eventos casposos con ellos. Es la nueva ética.

El Tercer Puente es marginal, periférico y excéntrico. Es por eso que es igualitario en cantidad, en calidad, en posicionamiento, en respeto y no pregunta quién eres o de dónde vienes sino si quieres aportar algo. El Tercer Puente es un espacio para sostenernos en equidad, para ayudarnos a producir sentido y para construir vida. Aquí seguimos. Con valentía.

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