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Marta melendez

Fotografía: Jose Montero

Mi abuelo fue condenado a la pena de reclusión perpetua. Corrió mejor suerte que muchos de sus compañeros. Su delito fue practicar los servicios de su profesión a las órdenes del Comité del Frente Popular. Afortunadamente, la pena fue conmutada por cuatro años de prisión, los que pasó recluido en el Centro Penitenciario de El Dueso. En 1943 aún permanecía cumpliendo condena según consta en el libro Y Jimena se vistió de negro. Pasé toda mi infancia escuchando las “historias de la guerra” que mi abuela me contaba. Pero jamás oí a mi abuelo decir cómo fue su condena y aquellos años de represión. Su silencio, seguramente fue debido al tormento de saber que jamás podría pedir justicia, verdad y reparación.

Víctimas de la barbarie terrorista se cuentan por miles en nuestro país. Lo son las de ETA, GRAPO, Terra Illure o Resistencia Galega, organizaciones todas ellas de carácter terrorista. Lo son también las víctimas de los atentados del 11 M, a las que el terrorismo yihadista sesgó sus vidas de raíz. Y lo son, quienes fueron asesinados y represaliados por el régimen franquista durante cuarenta años bajo la fórmula del terrorismo de Estado.

Todas y cada una de ellas deberían ser tratadas por igual. Y deberían disponer de los medios de nuestro Estado Social y Democrático de Derechos para conocer quién, cómo y por qué. Pero en este camino de verdad y justicia se interpusieron los intereses del PP.

Me repugna la forma en la que la derecha de este país politiza cualquier circunstancia relacionada con ETA, como si el dolor y el sufrimiento de las víctimas de esta banda terrorista les pertenecieran. Ha sido, es y será un insulto para todos los demócratas el comportamiento de los dirigentes del PP, sobretodo porque en los tiempos en los que gobernaron no dieron ni un paso para terminar con la violencia ejercida por los etarras. Al PP siempre le importó más rentabilizar esos asesinatos que conseguir que la banda pusiera fin a su vil actividad. Aún recuerdo el día en el que ETA anunció el “cese definitivo de su actividad armada”. Aquel 20 de octubre de 2011, Rubalcaba ponía voz al gobierno de España anunciando que había ganado la democracia tras el comunicado efectuado por la banda terrorista. Y también recuerdo la cara de Rajoy, que en su calidad de candidato a la Presidencia del Gobierno leyó ante los medios un comunicado en nombre del PP en el que, entre otras cuestiones, se ponían “peros” al anuncio formulado por ETA. No podía ser de otro modo aquel acontecimiento ocurrió a un mes de las elecciones generales y al Partido Popular lo único que le importaba es cómo podría afectar esa nueva situación en el resultado electoral.

Me repugna más aún que los dirigentes del PP vengan a comprometer la estabilidad del Estado con iniciativas como las planteadas en estos días en torno al vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, con una campaña mediática para ¿rentabilizar? políticamente aquel suceso. Y aunque me repugne, no me extraña. No es la primera vez que el PP intenta sacar “provecho” de una víctima de ETA. En Cádiz ya lo hicieron con anterioridad en 2008. Sin pudor alguno modificaron el acuerdo plenario por el que Cádiz decidía dedicar una de las rotondas de la Avenida Juan Carlos I a las víctimas de ETA –a todas sin distinción alguna- y se “colaron” literalmente en la Comisión de Nomenclátor con los nombres de Ascensión García Ortiz y Alberto Jiménez Becerril, las dos víctimas a las que se les dedicaría la citada rotonda. Este hecho no sólo supuso saltarse a la torera el acuerdo unánime del pleno, sino también supuso un ejemplo patente de que para el PP los únicos que merecen el recuerdo y ser homenajeados son los “suyos”, “sus víctimas”. Aunque sean conscientes de que desgraciadamente víctimas de ETA las hay de todas las ideologías.

Y me da verdaderamente asco que en estas semanas el PP de Cádiz, bajo el paraguas de las víctimas de ETA, haya intentado desprestigiar las acciones que en estos últimos años se han llevado a cabo por el gobierno municipal en recuerdo de las víctimas franquistas. Así ha sido en las dos intervenciones públicas que ha hecho la ex alcaldesa. La primera en el pleno del Ayuntamiento en el que el PP reprochó al gobierno municipal la colocación de una placa en la casa consistorial en recuerdo del alcalde y concejales republicanos asesinados en 1936. Con la misma rabia con la que nos ha acostumbrado durante estos años, se atrevió la ex alcaldesa a decir que el gobierno de izquierdas sólo quería destacar a los que ellos quieren, señalando con su dedo acusador hacia el lugar en el que están nominados cada uno de ellos. ¡Vamos! Y la segunda, durante el minuto de silencio al concejal de Ermua llevado a cabo el miércoles 12 de julio en las puertas del Ayuntamiento. Allí Teófila Martínez afirmó que la actitud del alcalde se debía más a la doble moral y la doble manera de enfocar, distinguiendo sólo a quienes se quiere distinguir como ocurre con la memoria histórica. ¡Dios! Querrá decir la ex alcaldesa que se trata de un acto de la misma doble moral que la utilizada por el Partido Popular. ¿O es que acaso las víctimas franquistas no han sido las grandes olvidadas por este partido en sus gobiernos? El PP siempre se acordó de lo que se quiso acordar y tuvo memoria para lo que quiso, todo ello por la sospecha de quienes fueron los verdugos de tantos actos de tortura, represión y asesinatos cometidos durante la dictadura franquista. Los padres y abuelos de quienes hoy dirigen al Partido Popular. ¡Cuánto cinismo! Como el demostrado igualmente por Juanma Moreno, Presidente del PP en Andalucía, durante su intervención hace unas semanas en Cádiz en la que llegó a afirmar que las víctimas de ETA requieren “verdad, justicia y reparación”. Utilizó soezmente la consigna que identifica la lucha de las asociaciones por la recuperación de la memoria democrática de nuestro país. No, las víctimas de ETA, afortunadamente para ellas, nunca perdieron la esperanza en los instrumentos del Estado de Derecho: en la ley, la justicia y las fuerzas de seguridad. Porque el Estado se encargó de ponerlos a su servicio, como debía ser. Sin embargo, las víctimas franquistas llevan decenas de años mendigando la justicia que les corresponde, reclamando el derecho a saber la verdad de lo que ocurrió y pidiendo el reconocimiento de que fueron víctimas del terror impuesto por el propio Estado bajo la forma de la dictadura.

Ciertamente, para nosotros, para los de izquierdas, todas las víctimas son iguales provengan de donde provengan, militen donde militen, mueran como mueran. Sin embargo, para la derecha siempre hubo víctimas de primera, de segunda y de tercera, según su procedencia, religión e ideología. Y en último lugar, las que hay en las fosas comunes, que para el PP cuanto más enterradas estén, mejor.

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